lunes, abril 16, 2007

Cobardía (L5A)

Bueno, dentro de poco volveré con "La Leona Furiosa" y, esta vez, espero no tardar meses para poner un capítulo nuevo. xD

Mientras tanto, os dejo el relato que envié para el 5º concurso de relatos cortos de La Voz Akasha. Sí, ahí tenéis otro relato ambientado en "La Leyenda de los Cinco Anillos", pero en vez de centrarme en las Tierras Sombrías o el futuro Clan Araña me he decidido a hacer un relato con samurais del Clan León, por eso de que el tema del concurso era el honor.

Este relato tuvo el honor hasta ayer de ser el único que no recibió ni un voto. xD Si tenéis interés por leer el resto de relatos, visitad esta sección del foro de La Voz Akasha.

---

Cobardía

Akodo Masao confiaba en que nadie le encontraría, pero en cuanto había visto a aquellas dos figuras seguirle por el camino, sabía que su suerte se había acabado. Rápidamente se desvió del camino principal, yendo por entre los árboles en el lado izquierdo del mismo. Tras apenas un par de minutos avanzando rápidamente entre los árboles, se detuvo en un pequeño claro, volviéndose para ver dónde se encontraban sus perseguidores. Esperaba haberlos perdido, pero no era así.

En pocos segundos, apareció una mujer vestida con sencillas ropas de viaje de tonos marrones, tanto el kimono como la hakama, y un obi de color crudo. El mon Matsu se encontraba en la manga derecha del kimono de la samurai-ko y el del clan León era claramente visible sobre el lado izquierdo del pecho. Masao se llevó la mano al mismo lugar y apretó sus ropas con fuerza.

La recién llegada se llevó la mano izquierda al daisho y su mano derecha se acercaba lentamente a la empuñadura de la katana. Masao la miraba nervioso, pero trataba de ocultarlo a ojos de la Matsu. Sus ojos se desviaron de nuevo hacia los árboles cuando la segunda mujer, también una Matsu, llegó y se quedó a unos pocos metros de la primera. Masao volvió a mirar a la primera Matsu.

“Así que traes una testigo, Kaori-san,” dijo Masao, visiblemente más tranquilo, apartando la mano de su mon.

“Si no hubiese testigo alguno, tu afrenta quedaría impune, Masao,” Kaori asió con fuerza la empuñadura de su katana. “Cada segundo que pasa, la vergüenza que ha caído sobre tu familia y sobre todo el clan no hace más que aumentar…”

“¿Consideras salvar la vida una vergüenza?” Masao también llevó la mano a su katana. “Las fuerzas del Khan nos superaban, la muerte me rodeaba. En aquel momento no sabía qué hacer, pero valoraba mi vida, y…”

“Un León lucha hasta la muerte,” interrumpió Kaori, sacando finalmente la espada de la vaina. “Un León nunca duda, y menos cuando hay que luchar por defender el trono…”

“Un trono vacío,” apuntó Masao. “¿Piensas defender un trono vacío? Pero dime, Kaori-san… Si un León lucha hasta la muerte, tú que estuviste en la misma batalla, en el mismo campo de muerte, ¿cómo es que sigues con vida?”

Kaori había entendido perfectamente aquellas palabras y sus rasgos se endurecieron.

“Ésa es una acusación muy grave por tu parte.” Kaori se había puesto en posición mientras hablaba. “Mientras tú huías como el cobarde que eres, fui herida en batalla, pero seguí luchando hasta el final. Sobreviví, sí, porque los Kami querían darme la oportunidad de limpiar la mancha que has dejado en el clan. Y esa oportunidad ha llegado.”

Masao no dijo nada, desenvainó su espada y se preparó para lo que estaba por venir. Ella le acusaba de ser un cobarde que no era capaz de luchar dando su vida. Él pensaba dejarle claro que se equivocaba.

Ambos se miraron a los ojos directamente, sin vacilar. Sólo habían pasado unos segundos, pero parecían minutos antes de que se lanzaran el uno contra el otro. Y en pocos segundos ambos filos quedaron bañados en sangre. Pero sólo uno de los contendientes seguía respirando después de aquello.

La punzada de dolor hizo que Matsu Kaori soltara la katana llena de sangre. Se llevó la mano derecha al costado, cayendo de rodillas. Su compañera se acercó rápidamente y se inclinó a su lado. Kaori hizo un gesto para que no se preocupara por su herida e inclinó un poco la cabeza hacia atrás. Akodo Masao yacía en el suelo bocabajo, en un creciente charco de su propia sangre. Kaori suspiró aliviada al comprobar que había cumplido su cometido.

viernes, diciembre 29, 2006

"La Leona Furiosa: El comienzo", capítulo 11

Aunque parezca increíble... ¡Esto ha vuelto a la vida! xD Espero que esto tire p'alante finalmente... y tengo el gusto de decir que ya tengo mi primer troll. Lástima que sea un simple anónimo. :P

En fin, a lo que vamos...

Capítulo 11: La derrota del sabio elefante


- Esto es cosa mía ahora, chiquilla. Tú mejor vete.

El gran cuerpo redondo del Reploid elefante caminó hacia lo que quedaba de aquel ordenador. Conectó su larga trompa mecánica a la terminal de la computadora. Sekhmet sólo observaba cómo Maha Ganeshariff hacía su trabajo.
Ganeshariff, o simplemente Ganesh, era enorme. Sólo su torso era el doble de la altura de Sekhmet. Y ella prefería no hacer preguntas sobre lo que podría pesar aquel Reploid.
Con un cuerpo tan grande, de todos modos, Ganeshariff tenía ciertas ventajas sobre sus enemigos. Su cuerpo era tan grueso que incluso los sables de energía no le harían ni el más mínimo rasguño. Era una fortaleza con trompa que hacía temblar el suelo a cada paso que daba y que no dudaría en aplastar a sus enemigos.

Sekhmet miraba a su alrededor. Aún recordaba aquel lugar… el lugar de donde surgió aquel Reploid, Zero. Aún estaban los cuerpos de los Pantheons flotando en las aguas verdosas que inundaban la sala. Incluso estaba el Reploid rebelde que había caído en combate tras aguantar tantos impactos de bala, tal vez protegiendo a Ciel hasta que de pronto surgió Zero…

Zero…

Recordando aquel nombre, Sekhmet se quedó observando el lugar donde había estado flotando el cuerpo de Xenirr durante aquel incidente. Aquél era el único cuerpo que no permanecía en aquel lugar, puesto que Sekhmet trató de llevarlo a Neo Arcadia en un vano intento de devolver a su amiga a la vida. No había tenido éxito…

La ronca voz de Ganeshariff sacó a Sekhmet de sus pensamientos y de vuelta al presente.
- ¡Te dije que te marcharas, niña! ¿Por qué sigues aquí?
- Hay algo que no me gusta, Ganesh… - Sekhmet se quedó mirando la entrada -. Zero… vendrá…
- ¿Zero? – Ganeshariff miró con sorpresa a Sekhmet y de repente empezó a reír -. Si ese tipo viene, lo aplastaré. Ahora no me interrumpas, ¿entendido? Tengo que procesar estos datos y lo menos que necesito ahora es que me vengas con tus estúpidas preocupaciones.
- Sí… pero ¿qué pasaría si estuvieses equivocado y és el quien acaba contigo? Eres un estúpido si crees que…
- ¡Calla! – Ganesh interrumpió a Sekhmet, molesto por su comentario -. ¡Vete de una vez, no te necesito para nada!
Sekhmet no respondió, pero tenía claro qué por mucho que dijeran de Ganeshariff que fuese un “sabio”, no sabía nada sobre la paciencia. Se dio la vuelta y miró al agua, pero no se movía de su lugar.
Aunque Ganeshariff no considerara a Zero una amenaza, Sekhmet sabía que los pocos Pantheons que se encontraban guardando la entrada a la sala no serían suficientes ni tan siquiera para detener un grupo de la Resistencia. Así que no podía imaginarse lo poco que durarían esos androides frente a un monstruo como Zero. Sekhmet sólo esperaba que su presentimiento de que Zero llegar a las ruinas no llegara a convertirse en una realidad.

Sin embargo, Maha Ganeshariff tenía demasiada confianza en sí mismo. Era un guerrero fuerte, pero también muy inteligente. No sólo su cuerpo era robusto y grueso, sino que también poseía una mente privilegiada, un cerebro electrónico lleno de ingentes cantidades de información en general y de tácticas de combate en particular. Su cerebro era rápido a la hora de observar las técnicas de sus rivales. Incluso si sólo veía combates en vídeo, era capaz de memorizar aquellas rutinas de combate, creando un contraataque para cada una en cuestión de milisegundos.
Tras lo que se conocía como “el despertar de Zero”, Ganeshariff había estado viendo los vídeos de las últimas intervenciones de Zero, como aquel combate en la ahora destruida planta de retiro entre el Reploid escarlata y Aztec Falcon.
Ganeshariff había estudiado todos los movimientos y las rutinas de Zero que aparecían en aquellos vídeos. El Reploid elefante estaba seguro de que Zero no le sorprendería en lo más absoluto… y que sabría como contrarrestar al Reploid escarlata sin problemas.

---

- Bien, ya he terminado. Tengo todo los datos que necesitábamos.
Ganeshariff desconectó la trompa del terminal y se dio la vuelta. Miró en la dirección donde se suponía que estaba Sekhmet, pero no había nadie.
- Mira, al fin se ha marchado. Ya pensaba que esa boba no se iría nunca… Bien, ahora debo volver al cuartel general con los datos y…

Pero en ese momento, una figura solitaria se abrió paso entre las ruinas. Ganeshariff observó a este misterioso personaje. Pronto lo reconoció: pelo largo y rubio, armadura roja… también observó que un líquido parecido a la sangre cubría partes de su armadura. El Reploid llevaba una pistola buster en su mano y se quedó mirando a Ganeshariff.
- Así que eres el infame Zero – Ganeshariff hablaba tranquilamente -. Yo soy Maha Ganeshariff. Estoy al cargo del procesamiento de datos y manejo de información.
- No me interesa tu trabajo – respondió tajantemente Zero mientras apuntaba a Ganeshariff -. Sólo busco ciertos datos y seguramente tú los tienes. Dámelos y márchate.
- ¡Qué lástima, pequeño! Tus preciados datos están almacenados en mi memoria – Ganeshariff se dio pequeños golpes en la sien con su grueso dedo -. Así que si los quieres, tendrás que derrotarme y extraer la información de mi cerebro… eso si no me destruyes, claro. ¿Eres lo suficientemente valiente?
- Ya lo estaba esperando – y con estas palabras, Zero disparó su arma.

Ganeshariff no se movió un ápice y dejó que le impactara el proyectil. El Reploid elefante miró el pequeño punto humeante de su gran barriga. Luego miró a Zero, quien se preparaba para disparar de nuevo.
- ¿Crees que esa pistolita me va a hacer daño? – se burlaba Ganeshariff y alzó su brazo derecho -. Pequeño idiota… ¡ahora te mostraré el auténtico dolor!
La mano de Ganeshariff se empezó a mover a gran velocidad mientras el enorme Reploid elefante se acercaba lentamente a Zero. El Reploid escarlata volvió a disparar, pero la bala fue detenida por la mano de Ganeshariff antes de que abofeteara a Zero. El Reploid escarlata cayó a unos cinco metros de Ganeshariff. Zero rápidamente se levantó y sacó otra arma.
Por su apariencia, era la empuñadura de alguna espada… una espada de energía que apareció nada más ser activada. Con su Sable Z listo, Zero se dispuso a buscar los puntos débiles de su rival. Pero contra un Reploid como Ganeshariff, uan auténtica fortaleza ambulante, eso era muy difícil. Además, la mano de Ganeshariff seguía moviéndose velozmente, con lo que atacar era casi imposible… si se hacía desde el frente.
Zero se deslizó a su izquierda, evitando por poco la gran mano del Reploid elefante. Ganeshariff podía ser lento, pero sus brazos eran una clarísima excepción.
Ya que su estrategia principal tenía que ser desechada, Zero desactivó el Sable Z y sacó otra arma, algo parecido a una pequeña lanza de energía. Zero aprovechó que Ganeshariff se volvía hacia él para atacar. El Reploid rubio saltó y atacó con la lanza, que comenzó a alargarse tres veces su tamaño original. Zero consiguió alcanzar a Ganeshariff, justo debajo de su brazo derecho, pero para el enorme Reploid no era más que una herida superficial. Pero al menos Zero sabía que era posible herirle…
El Reploid elefante apartó a Zero de un empujón. Estaba realmente enfadado, más incluso de lo que Zero podría imaginar. Ganeshariff movió el brazo derecho. Aparte de la pequeña herida, estaba bien.
- ¡No dejaré que vuelvas a utilizar esos trucos tan rastreros! – gritó Ganeshariff al tiempo que sus brazos, piernas y cabeza se introdujeron en su gran cuerpo, convirtiéndose en una gigantesca bola de metal.
- ¡Mierda! – maldijo Zero en voz baja.

La trompa de Ganeshariff salió disparada desde la gigantesca bola metálica, estirándose hasta que su extremo quedó enganchado firmemente al techo. La trompa levantó el cuerpo de Ganeshariff y éste comenzó a actuar como un péndulo, moviéndose rápidamente de un lado a otro de la sala. Zero estaba preparado para lo que pudiera ocurrir.
Finalmente, la trompa de Ganeshariff volvió a meterse dentro del cuerpo, haciendo que la enorme bola descendiera sobre Zero. Pero el Reploid escarlata se lanzó hacia delante, dejando atrás la gran bola que golpeaba el suelo con un gran estallido. Zero se dio la vuelta, esperando que el Reploid elefante recuperara su forma original… pero no lo hizo.
En vez de eso, aún en su forma esférica, Ganeshariff se lanzó rodando hacia Zero. Apoyándose en una piedra, Zero consiguió saltar hacia otra más alta y después sobre el propio Ganeshariff, saltando rápidamente lejos de su alcance. El enorme Reploid golpeó una pared, dejando así de rodar, pero a la vez lanzó dos bombas. Una impactó en el suelo, pero la otra iba directamente hacia Zero.
Rápidamente, Zero sacó su última arma. Una pequeña vara blanca apareció sobre el antebrazo izquierdo, teniendo a ambos extremos unas pequeñas puntas de energía verde. La vara giró rápidamente sobre sí misma, mientras las puntas de energía aumentaban de tamaño y creaban un escudo frente a Zero. El escudo de energía pudo contener la explosión de la bomba que acababa de colisionar con él, pero rápidamente se desvaneció tras la explosión.
- Ese escudo te ha salvado la vida… ¡pero sólo esta vez! – gritó Ganeshariff.
El Reploid elefante miró fijamente a Zero. Sin que se lo esperara, Zero observó cómo los dos colmillos de Ganeshariff salieron disparados, como dos grandes misiles que iban directos hacia él. Aunque fue una maniobra inesperada, a Zero no le costó esquivar los colmillos… al menos, eso creía. Ambos colmillos volvieron rápidamente, aunque esto no escapó a la vista de Zero. El Reploid rubio se fijó que ninguno de los colmillos volvía a la misma altura que antes. Tras descubrir el truco, Zero volvió a esquivar los colmillos, aunque esta vez le costó algo más. Pero el hecho de que esquivara el ataque dejó sorprendido a Ganeshariff.
- ¡¿QUÉ?! ¡Esto no puede estar pasando! Según mis cálculos, ¡esos colmillos-boomerang deberían haber acabado contigo!
- Pues lo siento si tus predicciones no han ido del todo bien – Zero se volvió hacia Ganeshariff -. Dame los datos y te dejaré vivir.
- ¡NUNCA! ¡Te mataré! Los enemigos de Neo Arcadia… Los enemigos de la Humanidad… ¡DEBEN MORIR!
- Ya que no aprecias tu propia vida, no me dejas otra elección… - Zero volvió a coger su Sable Z -. Activando chip Trueno…
Con estas palabras, la hoja del sable volvió a aparecer, pero esta vez con chispas amarillas rodeándola. El propio sable cambió gradualmente su color verde a un intenso brillo Amarillo. Ganeshariff, visiblemente desesperado, se lanzó a la carga, de nuevo tratando de abofetear a gran velocidad al Reploid escarlata y evitar cualquier ataque de su enemigo. Pero fue inútil.

Zero esquivó la mano de Ganeshariff y de nuevo se encontraba en el lado derecho de Ganeshariff. Zero volvió a atacar al gran Reploid elefante justo en el lugar donde le había herido con su lanza, pero esta vez con el Sable Z. La hoja del arma se introducía cada vez más en el interior del cuerpo de Ganeshariff, haciendo que las descargas del sable dañaran seriamente los circuitos del enorme Reploid. El Sable Z liberó toda la electricidad almacenada. Ganeshariff cayó de rodillas, con el cuerpo parcialmente destrozado debido a las descargas, y pronto sintió que no podía moverse. Zero retiró el sable mientras Ganeshariff, inmóvil, seguía sin creer lo que había ocurrido.
- ¡¿POR QUÉ?! – gritó Ganeshariff -. ¡Se suponía… que yo… era… invencible! ¡¿Cómo has… podido… atacarme… dos veces… en el mismo lugar… y yo no he podido… dete… dete… detenerte?!
Zero ni se molestó en escuchar las palabras de Ganeshariff y conectó un pequeño dispositivo a la trompa del Reploid elefante. La transferencia de datos desde el cerebro electrónico de Ganeshariff hacia el dispositivo comenzó casi de inmediato.
El Reploid moribundo, sin poder hacer nada para evitar que Zero consiguiese la información, miró a Zero por última vez.
- Aunque… me hayas… ganado… es… tarde… Vas a… morir… Zero… Estas ruinas… serán… tu… ¡¡tumba!!
Tras esto, una gran roca cayó sobre Ganeshariff, destrozándolo por completo. La trompa quedó totalmente separada del cuerpo, con lo que la transferencia de datos quedó interrumpida antes de que terminara.
- ¡Maldición! – exclamó Zero mientras más rocas caían – Espero que los datos que he conseguido descargar sean útiles. Tengo que volver a la base y darle a Ciel lo que he conseguido…

---

La cámara había sido destruida, junto con el cuerpo de Ganeshariff y gran parte de la sala, antes de que pudiera grabar a Zero abandonando el lugar con los datos que había conseguido. Sekhmet ya se imaginaba que el Reploid escarlata había escapado con vida. Apagó el monitor y suspiró.
- Ya le dije que no tendría posibilidad alguna frente a ese demonio – murmuraba -. En fin, al menos la cámara que puse antes de salir ha servido para algo; ya he visto que Zero es un gran guerrero, y está lleno de sorpresas. Será un honor luchar contra él… cuando estuviese lista.

La Reploid envió el informe de la misión a Phantom, describiendo la batalla que había visto a través de la cámara y cómo Zero había conseguido parte de la información que estaba en el laboratorio y en la cabeza de Ganeshariff. Esto no alegraría a Phantom, pero la descripción detallada del informe que había redactado Sekhmet cargaba toda la responsabilidad de la misión en Ganeshariff. Lo cual era cierto.
Además, se le había ordenado que ella no luchara contra Zero hasta que estuviese lista, así que aunque hubiese ayudado a Ganeshariff, el resultado de la lucha habría sido el mismo.

Tras mandar el informe, Sekhmet volvió a casa. Era una noche tranquila e incluso el centro de la ciudad principal de Neo Arcadia estaba silencioso. Sólo unas pocas personas paseaban por sus calles.
Sekhmet tomó el transporte que la llevaría a la zona residencial donde vivía con su creador y ‘padre’, Sergeus Grant. El tiempo en el que volvía a casa era el mejor de toda su jornada. Siempre tenía muchas cosas que contra al doctor y Grant también tenía cosas de las que hablar con Sekhmet, excepto los días en que el científico estaba muy ocupado y o bien estaba muy cansado o tenía que trabajar en el laboratorio hasta muy tarde.
Aquel día, antes de que Sekhmet fuese a aquella misión con Ganeshariff, Sergeus le comentó que podrían visitar a su padre, Albert Grant, después de que acabara con su misión. Sekhmet no sabía si sería muy tarde para hacerle una visita y no estaba segura de tener el día siguiente libre, pero la verdad es que Sergeus le había insistido mucho. No había visto al padre del Dr Grant, pero Sergeus ya le había comentado lo interesado que estaba Albert en conocer a Sekhmet. Podía entenderlo: había sido creada hacía solamente seis meses y todavía no había visto al señor Albert en todo este tiempo.

El transporte llegó a la zona cuando aún estaba pensando en ello. Sekhmet sólo tuvo que andar un poco hasta llegar al bloque de pisos y entrar en el apartamento. La puerta estaba abierta.
No esperaba encontrarse aquella situación. Los muebles estaban tirados por los suelos, destrozada por complete. No se lo pensó dos veces y corrió hacia la habitación de Sergeus.
El pequeño perro-robot, Gary, estaba allí y se quedó mirando a Sekhmet cuando ella llegó. La habitación estaba hecha un desastre, como si el científico hubiese estado luchando contra alguien. ¿Con quién? Sólo esperaba estar equivocada y que el desorden no fuese fruto de una lucha que, lo más probable, Sergeus no ganaría jamás.
El pequeño Gary saltaba cerca de la cama y parecía señalar algo con su hocico. Sekhmet miró el objeto redondo que había en la cama. Era un disco de datos. Lo cogió y leyó lo que decía en su superficie:

“Para Sekhmet”.

martes, junio 13, 2006

"La Leona Furiosa: El comienzo", interludio

Interludio: El Proyecto S

Phantom se encontraba de pie en medio de la gran sala circular. Los muros brillaban a su alrededor, recorridos por extrañas luces, al igual que el suelo. El líder de la Unidad Zan’Ei no tenía ojos para aquellas luces, sino para el trono casi en la sombra que se encontraba justo frente a él. Sentado en aquel trono se encontraba un Reploid de apariencia joven, aunque fuese un adulto en sí, vestido con una armadura azul. Se encontraba con las manos entrecruzadas, observando a Phantom con sus ojos rojizos.
El líder de la Unidad Shinobi se inclinó como muestra de cortesía.

- Zero… así que lo han devuelto a la vida… - decía el Reploid azul con una voz suave y algo infantil.
- Hai, X-sama. Es un gran luchador, sin lugar a dudas, pero una grave amenaza para Neo Arcadia. Sólo ha pasado una semana desde su resurección y ya se ha convertido en un serio problema. Este Zero ha destruido el centro de retiro de Irregulares y atacó uno de nuestros trenes de suministros. También extrajo del mismo un Ciberelfo de gran importancia.
- Lo sé, lo sé… Se discutió en la última reunión sobre la Crisis Energética – respondió X con aparente tranquilidad, cruzando los brazos y mirando hacia arriba -. Las investigaciones sobre energía alternativa se han paralizado debido a este incidente. Y eso me molesta demasiado… - miró de nuevo a Phantom -. Hacemos lo mejor para Neo Arcadia, encontrar una forma de acabar con la crisis de energía… Pero la Resistencia sigue golpeándonos, retrasando los intentos de terminar con su rebeldía y con la crisis. Y ahora Zero les está ayudando en esto.
- Cierto, X-sama… Pero tras todos estos incidentes, no podemos permitirnos ningún descuido. Hemos de estar preparados.
- ¿Qué quieres decir con ‘preparados’, Phantom?
- El mecaniloide Orochi ya ha sido enviado a una de nuestras centrales de energía. Está abandonada, pero aún es operativa. Y nuestros informes la califican como uno de los objetivos prioritarios de los rebeldes.
- Excelente. Como siempre, tu labor es impresionante, Phantom – X sonrió ampliamente y Phantom asintió, aún con expresión seria -. ¿Qué hay de los demás miembros de los Shitennou?
- Tras el fracaso de Aztec Falcon y el incidente del tren, Harpuia está aún más preocupado por las fuerzas aéreas y de seguridad. Algunos de sus agentes están haciendo lo que pueden en los muros exteriores de la ciudad.
- Harpuia siempre está tratando de enmendar sus fallos. Un buen chico, he de admitirlo… tal vez demasiado bueno, pero no debo culparlo de ello. ¿Y qué hay de Fefnir y Leviathan?
- Como sabrá, Fefnir y Anubis se están encargando del desierto cerca de las ruinas de la zona exterior de Neo Arcadia. Hay movimientos sospechosos desde hace varios días en aquella zona y se están encargando de su investigación.
- El desierto esconde muchos secretos… como aquel soldado de la Repliforce que encontraron hace algo más de dos meses…
- Hai, X-sama… Y finalmente, Leviathan ha dejado a Blizzack Staggroff al cargo de la base subterránea mientras ella trata de neutralizar el nuevo servidor informático de la Resistencia.
- Bien… ¿Y qué puedes decirme de nuestra pequeña leona?

Phantom no respondió tan rápidamente como antes. Dudó un poco, algo extraño en él, antes de poder contestar finalmente:
- La verdad es que Sekhmet está cumpliendo las expectativas, X-sama. Ella y Maha Ganeshariff han ido a recopilar la información que había en el antiguo laboratorio donde Zero había estado hibernando.

X no escuchaba con especial interés lo que decía Phantom. El Reploid ninja podía sentir que su maestro estaba cansado de escuchar cómo Sekhmet se desenvolvía en las misiones mejor como estratega, líder y espía que como guerrera. El hecho de que apenas hubiese ejercido como guerrera se debía a que, desde el comienzo de su segundo entrenamiento con Phantom hasta el despertar de Zero, Sekhmet había estado realizando varias misiones para la Unidad Zan’Ei, especialmente las relacionadas con extracción de datos.

Para el líder de la Unidad Shinobi, Sekhmet era una guerrera formidable. Tal vez no estuviera al nivel de los Shitennou, incluso tal vez estuviese por debajo del tal Zero, pero era de las mejores de Neo Arcadia. Y Phantom consideraba que era mejor que desarrollara otras habilidades aparte de las relacionadas con el combate, para conseguir así una agente equilibrada. Y éste había sido el verdadero propósito de ese segundo entrenamiento.
Pero a X todo eso de “mejorar otras habilidades” no le interesaba lo más mínimo. Desde el principio, el Proyecto S había sido destinado a crear un soldado de gran poder, una máquina de matar que acabara con los rebeldes sin apenas esfuerzo. Pero al final, el resultado fue una Reploid común con bastante poder, no una fuerza destructora que pudiera barrer la Resistencia de la faz de la Tierra. A pesar de la decepción inicial, lo que realmente interesaba a X era la misteriosa furia de la Reploid.
Aún interesado en sus habilidades de guerrera, X esperaba que Sekhmet se cansara de todas aquellas misiones y por fin luchara con auténtica furia frente a los soldados de la Resistencia… pero parecía que ocurriera todo lo contrario.

- Tengo cierta información sobre ella que podría interesarle, X-sama...

X abrió los ojos de pronto, sin ocultar la sorpresa ante las inesperadas palabras de Phantom. El Reploid ninja enseñó un pequeño disco. X pulsó un botón del trono cuando vio a Phantom con el disco y un proyector de hologramas salió del suelo, justo frente a Phantom. Insertó el disco en el proyector y procedió a encenderlo.
Un fino rayo de luz surgió del proyector, para luego ensancharse y comenzar a mostrar una imagen rotando sobre su eje. El holograma mostraba una imagen tridimensional de Sekhmet en diversos niveles: superficial, circuitería interna, especificaciones varias… para luego pasar a un holograma similar de su garra. Tras ello, las imágenes tridimensionales desaparecieron y fueron sustituidas por lo que parecían los planos de construcción de un Reploid. X leía con calma los nombres, números y códigos que aparecían.
Una sonrisa confiada apareció en su rostro cuando terminó de leerlo.
- Así que éste es el secreto tras el Proyecto S… - X se levantó del trono y rió -. Es aún más interesante de lo que creía. Lo que Grant ocultaba… era aquel viejo proyecto de los antiguos Irregulares confiscado hace décadas… el Proyecto Definitivo.

X caminó hacia el proyector de hologramas y miró a Phantom. Phantom parecía necesitar alguna explicación sobre lo que decía su maestro. Estaba claro que X sabía más de lo que él incluso, el maestro de los secretos en Neo Arcadia, sabía.
- El Dr Grant, como sabes, era el verdadero responsable del Proyecto S. Y nunca reveló nada sobre sus datos más importantes. Sí… de hecho, yo fui quien lo asignó a este proyecto. Incluso él fue quien le dio nombre. Proyecto S… Sekhmet… Sigma…
- El Proyecto Definitivo… Creía que tanto la versión obtenida por los Maverick Hunters como su segunda versión eran simples leyendas.
- Hay gente que incluso cree que yo soy una leyenda, Phantom… Y ahora ves que esto también es real. Un Proyecto Irregular... El Proyecto Definitivo fue desarrollado por Grigori Wisecloak para encontrar el guerrero Maverick perfecto - X volvió a mirar el proyector -. Esta información fue obtenida por los Maverick Hunters, pero nunca creí que podría ser utilizada. Es una información peligrosa… pero bien visto, provechosa. Sé cómo encargarme de esto, y el Dr Grant ha hecho un trabajo formidable, aunque nunca creería que partiría de esta base…

X sacó el disco del proyector y apagó el aparato. Se quedó mirando unos segundos el disco antes de volverse a Phantom.
- Ya que tengo la información necesaria, el científico nos es inútil.

Phantom sólo asintió, pero no entendía muy bien por qué debían deshacerse de aquel científico. Era cierto que el proyecto era de origen Maverick y eso suponía cierto riesgo, pero si Grant había hecho un gran trabajo para Neo Arcadia y Sekhmet no parecía ser una amenaza en sí, aparte de su ira (algo que Phantom pensaba que podría desaparecer con el tiempo), ¿qué sentido tenía entonces que X dijera aquello? El ninja lo encontraba raro, al igual que las órdenes más recientes de X… al igual de la actitud del líder de Neo Arcadia durante los últimos años, que de ser un pacifista convencido había pasado a dominar la ciudad-estado con mano dura.
Pero la lealtad de Phantom hacia X importaba más que sus propios pensamientos. No tenía más remedio que aceptar la decisión de X, le gustara o no.

De todos modos, había una pregunta a la que Phantom no encontraba respuesta:
- ¿Qué pasará con Sekhmet? Si supiera de esto, se rebelaría contra nosotros…
- Es leal a Neo Arcadia, ¡tendrá que aceptarlo! – en el tono de X se veía cierta rabia contenida ante las posibles dudas de Phantom hacia sus palabras -. Tú mismo le enseñaste a ser leal a esta sociedad, que la traición será castigada, ¿cierto? Grant, en cierta manera, es un traidor… Y sabe demasiado. No me gusta que ande suelto alguien que sabe demasiado… Nunca se sabe hacia dónde puede inclinarse su lealtad… Y ella debe comprenderlo. Debe comprender que da igual quien sea, un traidor es un traidor. Y por eso merece ser castigado.
Phantom se arrodilló frente a su maestro.
- No era mi intención dudar de su palabra, X-sama.
X sonrió de nuevo.
- Muy bien… Por cierto, nadie debe saber la relación entre los orígenes de Sekhmet y la “traición” de Grant. El Proyecto S… El Proyecto Definitivo… es un secreto que tú y yo guardaremos.

Phantom se levantó y volvió a inclinarse antes de abandonar la habitación. X volvió a su trono para seguir contemplando el disco. Dejó finalmente el disco en uno de los brazos del trono, y se sentó, con los brazos cruzados y aún sonriendo.
- Zero ha regresado, los secretos del Proyecto S han sido revelados… Las cosas están poniéndose más interesantes de lo que suponía. Me pregunto qué sera lo siguiente.
El Segundo Proyecto Definitivo… Sacmis… El X original luchó contra ella, pero parece que sobrevivió. ¿Volverá después de todo este tiempo?

domingo, junio 11, 2006

"La Leona Furiosa: El comienzo", capítulo 10

Bueno, ¡La Leona Furiosa está de vuelta! Siento mucho los retrasos y siento mucho que más de uno haya decidido no seguir con esto y tal... Mea culpa. ^^U

De todos modos, los exámenes están acabándose, así que tendré más tiempo libre para mis cosas... incluido este fic. Así que espero que la cosa se normalice y pueda seguir con la historia de nuestra querida/odiada/ignorada Sekhmet. ^^U

¡Vamos allá!

Capítulo 10: El demonio escarlata

Ya habían pasado dos meses desde el incidente de la misión de infiltración y desde que Sekhmet comenzó su segundo entrenamiento con Phantom. Durante ese tiempo también había podido poner a prueba sus habilidades de infiltración, satisfaciendo las expectativas de Phantom, y siguió ejerciendo como sargento dentro de las Fuerzas de Tierra. Se había convertido en una luchadora aún más temible. No sólo era bastante fuerte, sino también rápida e inteligente, conocedora del terreno en el que se movía y de a quién se enfrentaría… era una auténtica leona al acecho en las misiones que se le encargaban.
Y en todo momento contó con el apoyo de Xenirr, su única amiga de verdad en el mundo utópico y, en cierta manera, hipócrita de Neo Arcadia.

Las dos se encontraban en ese momento en la sala de mandos, mientras el teniente Khano, un Reploid tigre corpulento y de semblante serio, explicaba a los soldados los detalles de la misión que tenían entre manos. Khano era un ser arrogante, pero sabía hacerse respetar entre los soldados. Pero ni Sekhmet ni Xenirr se dejaban intimidar por él. Especialmente Sekhmet: despreciaba en absoluto la forma en que Khano dirigía a sus tropas. Casi parecía que condujera esclavos hacia la muerte en vez de llevar a un grupo de soldados a la batalla, a que den todo lo que tienen por su patria y por la paz. Para Khano, los soldados eran poco más que montones de chatarra; para Sekhmet, eran personas. Ahí radicaba la diferencia.

- Según la información obtenida por el Departamento de Espionaje, conocemos aún más planes de la Resistencia – decía Khano, con tono marcial, mientras aparecía un mapa en el proyector de hologramas. Señaló un punto en concreto del mismo -. La doctora Ciel, una de los líderes de la Resistencia, y varios soldados rebeldes se encuentran en una expedición en estos bosques.
El mapa se fue ampliando hasta presentar una representación a escala bastante próxima a la realidad de una serie de ruinas antiguas. Por el aspecto, debía ser un antiguo laboratorio abandonado. Khano señaló esa sección.
- Hemos de evitar que lleguen a la puerta principal del complejo. Las Fuerzas de Tierra se encargarán de esto. Vosotros, soldados, daréis apoyo a los Pantheons que enviaremos para capturar a la doctora Ciel. Junto a la fuerza principal, enviaremos un pequeño grupo de Golems. Y recordad: aunque los humanos que apoyen a los rebeldes merecen el mismo trato que los Reploids Irregulares, hemos de capturar a la doctora Ciel con vida. ¡¿Habéis entendido?!
- ¡¡SEÑOR, SÍ, SEÑOR!!

Desde una distancia prudencial, Sekhmet y Xenirr habían escuchado toda la arenga, casi sin inmutarse. Aunque las dos estaban molestas por ver a Khano creerse en la cima del mundo, pero si alguien estaba realmente enfadada con Khano ésa era Xenirr.
- ¡¿Departamento de Espionaje?! ¡¿De qué va?! La Unidad Zan’Ei no es un Departamento de Espionaje. Maldito Khano y su ego de mier…
- Ni caso, Xenirr, ni caso. Khano no va a cambiar en la vida – Sekhmet se apoyó sobre la pared -. Bien, otra vez más comandaré la Escuadra Alfa, así que debo reunirme con los demás. Por cierto… no has olvidado lo que te dijo Phantom, ¿verdad?
- Que sí, que sí, que me acuerdo. Ya te lo he dicho tres veces. Ciel no escapará de mí mientras sus compañeros caen ante nuestras fuerzas.
- Pero no puedo creer que alguien tan joven pueda causar tantos problemas… Es sólo una adolescente… ¿Cuántos años tiene? ¿Catorce? ¿Dieciséis? Es una chica demasiado joven como para liderar un grupo como la Resistencia… como para ser enemiga de Neo Arcadia…
- Lo más importante de Ciel no es su edad – le interrumpió Xenirr -. Tú misma lo has dicho: es de la cúpula de la Resistencia y se ha convertido en una poderosa enemiga de Neo Arcadia. Es nuestro deber capturarla, pues… Y no te preocupes, Sek, que esto va a ser pan comido.
- No cantes victoria, Xenirr. No sabemos qué pueden estar tramando los rebeldes. ¿Por qué querrían ir a esos bosques? Algo me dice que esto no saldrá bien…
- ¿Qué pueden hacer esos rebeldes contra Neo Arcadia? Tú diriges la Escuadra Alfa y yo iré a capturar a Ciel… ¡será sencillo!
- Puede que tengas razón… - Sekhmet se incorporó y dio unos pequeños golpes en la espalda a Xenirr -. Ya lo discutiremos después. No podemos retrasarnos.
- ¡Cierto, tenemos que detener a los rebeldes! – mientras los dos se alejaban, cada una hacia su destino, Xenirr miró hacia atrás -. ¡Ah, Sekhmet! ¡Mucha suerte!
- ¡Gracias… e igualmente!

Pero Sekhmet sabía que iban a necesitar más que suerte en esa ocasión… No podía determinar como lo sabía. Simplemente tenía esa sensación… No podía encontrarle lógica alguna.

---

Sekhmet llegó al gran transporte, donde los soldados y los Pantheons de la Escuadra Alfa ya estaban esperándola. La Reploid, vestida con su característico traje marrón y portando su garra, observó la escuadra mientras sus integrantes la saludaban. Sekhmet suspiró levemente antes de entrar.
Todavía estaba preocupada. Sabía que había algo raro en todo esto, pero no podía precisarlo. Necesitaba saber qué era lo que le preocupaba. Tal vez fuese la charla que tuvo con el Dr Grant sobre esta misión. El científico le había comentado algo sobre un secreto oculto en aquellas ruinas. Sekhmet le había pedido detalles, pero Sergeus se había negado a contar nada más… sólo le dijo que lo que allí se encontraba podría jugar un papel de gran importancia en esta guerra.
Tal vez la respuesta no se la tuviera que dar Sergeus… tal vez la respuesta fuese aquello que se encontraba en las ruinas.

El transporte despegó, siguiendo al resto de naves que ya se habían puesto en marcha. El destino: las ruinas del bosque que habían sido indicadas en la reunión previa. Según el sistema de navegación de las naves, llegarían al lugar en menos de veinte minutos. Entonces sería cuando la misión realmente iba a comenzar.

“Mejor debería relajarme” se decía para sí Sekhmet. “Esto va a ser complicado…”

---

- Será mejor que descansemos un rato antes de proseguir – dijo uno de los soldados de verde a sus compañeros.
El pequeño grupo de la Resistencia se detuvo pues, pero ello no impedía a sus integrantes mantenerse alerta. La Resistencia siempre ha vivido con la amenaza de Neo Arcadia acechando en cualquier rincón, tras cualquier puerta e incluso tras cada árbol de un bosque… como aquel bosque.

El soldado de mayor rango se acercó a la supuesta líder del grupo. Era una muchacha joven de cabellos rubios recogidos en una cola de caballo y vestida con un sencillo traje rosa. Se encontraba mirando en una dirección concreta cuando oyó al soldado Reploid llamarla. Ella se volvió, preocupada.
- No me gusta esta idea, Ciel – dijo el soldado -. No me parece prudente detenerse ahora. No sabemos si los tipos de Neo Arcadia ya estarán pisándonos los talones. Si no nos movemos… Cielo santo… no quiero ni imaginármelo…
- Lo sé, Milan, pero no podemos tampoco cansarnos demasiado. Entiende que…
Ciel no había terminado de hablar cuando la pequeña luz rosa se aproximó a ella. De cerca, se podía adivinar en aquella luz una pequeña figura humanoide, vestida de rosa oscuro y parecida a un hada, volando alrededor de Ciel. El Ciberelfo se puso entre Ciel y Milan. La muchacha sonrió al verlo.
- Eres tú, Passy – Ciel se acercó un poco más al Ciberelfo -. ¿Has descubierto algo más sobre él?
- Estamos cerca, puedo sentirlo – respondió Passy -. Pero he visto varias naves acercándose al bosque. Algunas incluso estaban aterrizando. No hay duda: Neo Arcadia sabe que estamos aquí.
- ¡Te lo dije, Ciel! – exclamó Milan -. Hemos de darnos prisa. Hemos de despertarle, él es nuestra única esperanza. ¡No podemos esperar más!

Milan no esperó a la respuesta de Ciel y ordenó al resto de soldados de la Resistencia que retomaran la marcha. Todos los soldados cogieron sus armas y continuaron andando. Ciel y Passy se miraron unos segundos, asintieron y siguieron a Milan, quedando los tres al frente del grupo.

Milan tenía razón: no había tiempo que perder, debían darse prisa.

---

Los transportes habían aterrizado al fin. Las puertas de las aeronaves se abrieron de par en par, dejando que una gran cantidad de Pantheons salieran de ellas y empezaran a tomar posiciones. Tras ellos, bajaron los soldados Reploids, colocándose tras los Pantheons. Los oficiales fueron los últimos en salir, incluyendo a Khano, Xenirr y Sekhmet.
El último transporte, el mayor de todos, había abierto sus puertas, dejando ver lo que se encontraba en su interior. Varios soldados fueron los primeros en observar los veinte enormes robots en una larga fila. Estos impresionantes robots gigantescos, con rostros inexpresivos y casi de piedra, eran los Golems, las unidades de apoyo pesado de Neo Arcadia. Aun estando desactivados, si impresionaban bastante a los propios soldados de Neo Arcadia, nadie podía imaginarse el efecto que provocarían en las tropas rebeldes cuando estuvieran activos. Al menos eso era lo que los soldados de Neo Arcadia se atrevían a pensar.

Sekhmet volvió a suspirar mientras observaba la Escuadra Alfa. Tantas personas yendo tras un pequeño grupo de la Resistencia. Era ridículo: casi dos mil personas entre todas las escuadras, y eso sin incluir los Golems, irían tras poco más que una docena de rebeldes o incluso menos. Un esfuerzo totalmente desperdiciado.
Pero ya estaban allí, no podia dar media vuelta sin más.
- Bien… ¡Escuadra Alfa, en marcha! – ordenó a sus soldados, disimulando su preocupación inicial.
La escuadra comenzó a internarse lentamente en las profundidades del bosque. Los Pantheons, como la carne de cañón que eran, iban en la primera línea, dejando que los soldados Reploids y algunos pequeños robots arácnidos estuvieran tras ellos. Sekhmet se encontraban entre estos grupos bien diferenciados, asegurándose de dirigir los movimientos de ambos.

La Reploid miraba a su alrededor, no perdiendo detalle alguno del bosque en el que se encontraban. Podía ver que algunos de esos árboles eran naturales, pero muchos de ellos resultaban ser artificiales o una mezcla de ambos. Era un bosque extraño, como otros muchos bosques cercanos a Neo Arcadia. Todos ellos eran una curiosa mezcla de naturaleza y tecnología, una mezcla que ahora rodeaba a la escuadra. Ella era la única que se fijaba en ese detalle, pues sus soldados sólo se preocupaban por alcanzar su objetivo. Tal vez estaban acostumbrados a realizar misiones en ambientes así que no prestaban atención a ello, pero para Sekhmet era no novedoso, pues ya había estado en lugares así, pero sí interesante… y raro.
Había algo más que los demás no habían notado. Sekhmet vio los dos ojos dorados que la miraban. La figura a la que pertenecían los ojos asintió y continuó su camino, desapareciendo de la vista de Sekhmet rápidamente. Sabiendo que Xenirr no iba a tener problemas, Sekhmet continuó avanzando junto a su escuadra.

Pasado un cuarto de hora y sin encontrar novedad, Sekhmet comenzó a pensar que tal vez estuviesen yendo por el camino equivocado. O tal vez otras escuadras ya estaban encargándose de los rebeldes. Pero si fuese esa segunda opción, debería haber recibido algún mensaje de los demás oficiales. Y eso no había ocurrido durante, precisamente, el cuarto de hora que llevaban caminando. Eso hacía que Sekhmet se inquietara: no podia soportar la idea de que los rebeldes tomaran ventaja del error que habría cometido la escuadra al perderse por ese bosque.
Pero la sorpresa llegó cuando los Cazadores Pantheon comenzaron a correr más rápido que el resto de androides y soldados. Los Pantheons habían alzado sus armas y no dudaron en disparar. Sekhmet se apresuró a adelantarse al resto de la escuadra y observar qué habían encontrado los Cazadores.
No había duda: era el grupo de la Resistencia que habían estado buscando. Al menos eran varios soldados de la Resistencia, pero Ciel no podía estar lejos. Había pensado en lo peor, pero la Dama Fortuna le había sonreído esta vez.
- Ya los tenemos… - Sekhmet sacó el pequeño comunicador y comenzó a informar -: Teniente Khano, aquí la sargento Sekhmet. Hemos encontrado a los rebeldes. Procedemos a abatirlos y a capturar a la doctora Ciel.
- Recibido, sargento – contestó Khano por el comunicador -. Enviaremos refuerzos a la zona.
- ¡No hacen falta refuerzos, teniente! Podemos ocuparnos nosotros…
- ¡Mandaremos las unidades Golem para apoyar a su escuadra, sargento! – la voz de Khano era autoritaria y no dudaba en interrumpir a Sekhmet -. ¡Envíe sus coordenadas, sargento!
- ¡He dicho que no necesitamos refuerzos, teniente!
- ¡¡Sargento Sekhmet, haga lo que le he dicho AHORA!!
Enfadada consigo misma y con Khano, Sekhmet no tuvo más remedio que enviar las coordenadas mientras su escuadra avanzaba cada vez más rápidamente tras el grupo de la Resistencia. Los árboles les obligaban a aminorar la marcha, lo que suponía una ventaja para los rebeldes, que siendo menos numerosos tenían menos problemas con los obstáculos. Sekhmet trataba de encontrar a la líder rebelde, pero la confusión y los Pantheons no le dejaban ver en qué parte del grupo rebelde se encontraba Ciel.

Minutos después, el sonido de las unidades Golem aproximándose a la zona anunciaba la llegada de más fuerzas de Neo Arcadia. Los soldados rebeldes más rezagados fueron los primeros en tener que enfrentarse al gran número de soldados Pantheon y Reploid. Esto no les sorprendía en absoluto, ya habían luchado con ellos en otras ocasiones… pero no esperaron el apoyo de las unidades Golem.
El miedo que infundían aquellos enormes robots se fue propagando rápidamente y los soldados rebeldes sólo podían observar horrorizados los rostros inexpresivos de aquellos monstruos. De pronto, la boca de uno de los Golems se abrió y de ella surgió un rayo verdoso que apuntó hacia los rebeldes rezagados. Los cuerpos mutilados de los soldados debido al contacto con el letal láser caían al suelo y los Pantheons pasaron sobre ellos, pisoteándolos sin piedad y acelerando el paso.
Los soldados de Neo Arcadia pronto alcanzaron al grupo de Pantheons. Y cuando llegaron tres nuevos Golems, Sekhmet se había quedado detrás de la Escuadra Alfa.

Lo que había detenido a Sekhmet era la masacre de la que había sido testigo.
Pero pronto notó una presencia familiar y dejó de mirar el horror de aquellos cuerpos mutilados. La Reploid lince Xenirr salió de entre los árboles, preocupada por la actitud de su compañera.
- Sek, ¿qué pasa? ¿Por qué te has quedado ahí quieta?
Sekhmet volvió a observar los cuerpos, sin responder. Tras el silencio, por fin habló:
- ¿No lo has visto? El horror… el miedo… aquellos rebeldes tenían miedo. Nos temían… - cerró los ojos y prosiguió -: Son nuestros enemigos, pero ellos son como nosotros… ¿No has…?
- ¡Sekhmet, son Irregulares, son enemigos de Neo Arcadia! Nuestras acciones están justificadas: estamos librando al mundo de esta escoria.
Aquellas palabras no habían conseguido animar a Sekhmet. Es más, parecía que la así llamada Leona Furiosa no se creía lo que su compañera decía. Xenirr volvió a mirar a Sekhmet y comprendiendo que sus razonamientos no servían para que su compañera cambiara de opinión, la Reploid lince volvió a desaparecer entre los árboles. Sekhmet no se sorprendió… de todos modos, Xenirr debía adelantarse y tratar de capturar a Ciel. Era su parte en la misión.

La misión… Recordándolo, Sekhmet se apresuró en seguir el camino, aún con las imágenes de la matanza que había presenciado en su mente. Sekhmet debía estar segura de que todo esto acabaría sin problemas… y, esperaba, sin tener que presenciar otro espectáculo macabro.
A pesar de la gran garra que portaba en el brazo derecho, Sekhmet seguía siendo mucho más rápida que un Reploid de combate normal, y más gracias al segundo entrenamiento con Phantom, y no le costó mucho alcanzar al grupo principal de Neo Arcadia. A su paso, el bosque iba siendo poco a poco reemplazado por otras estructuras, similares a ruinas. No debían tener más de un centenar de años y pronto la figura de un edificio se presentó frente a ella. ¿Era ése el lugar a donde se dirigían los rebeldes?

“Ya les he encontrado”, pensó Sekhmet cuando estaba a sólo un par de metros del soldado más cercano.

Sekhmet se detuvo bruscamente cuando oyó la explosión. Extrañada, se apresuró en ponerse a la cabeza del grupo, cosa que consiguió en pocos segundos. En la primera línea de fuego, formada por Cazadores Pantheon, tenía una visión muy clara de lo que había pasado… Había un gran muro bloqueando el paso y varios cadáveres de rebeldes y Pantheons en el suelo… todos alrededor de un agujero humeante.
- Informe de la situación – dijo Sekhmet a uno de los Pantheons.
- Los rebeldes han abierto una brecha en el muro, sargento – respondió el Pantheon, resaltando lo obvio -. La doctora Ciel está dentro.
- Entonces avanzad… recordad vuestra misión…
“… Pero espero que no haya más muertes”, así terminó la frase Sekhmet en su mente, sin que nadie la escuchara.

Los Pantheons comenzaron a introducirse por el agujero. Entraban en pequeños grupos, pero cada uno pasaba rápidamente por el agujero. Sekhmet estaba cerca de dicho agujero, tratando de ver qué era lo que estaba pasando al otro lado antes de entrar en acción. Pero los Pantheons bloqueaban el paso y apenas sí podía verse algo.

Mirando hacia arriba, sus ojos se cruzaron con los de Xenirr. La Reploid lince se sujetaba como podía a las paredes, mientras sigilosamente se iba acercando al agujero. Xenirr se dejó caer cerca de Xenirr. Sekhmet miró el agujero y luego a su compañera.
- Me temo que llegas tarde, Xenirr – dijo Sekhmet con sorna -. Los Pantheons te están haciendo todo el trabajo.
- Esos muñecos no sabrían atarse ni el cordón de los zapatos… si los tuvieran. Además, no creo que tengan oportunidad alguna si el Reploid escarlata se despierta.
- ¿Reploid escarlata? ¿De qué hablas?
- No tenía que haberte dicho nada, Sek… y no pienso contarte el resto.
- No, amiga mía… Nada de guardar secretos entre nosotras. Creo que me debes una explicación acerca de ese Reploid escarlata…
La discusión se interrumpió cuando ambas oyeron el grito de un hombre, seguido por la voz de una mujer gritando algo. Sekhmet creyó entender “¡Milan!” y apostaba a que la chica que había gritado tras el hombre era Ciel.
Sí: aquello provenía del interior y los Pantheons habían dejado de entrar. Estaba claro que el grupo de Pantheons que ya había dentro era más que suficiente. Pronto todo acabaría… y Xenirr no quería perder más tiempo, así que rápidamente se coló en el interior del edificio, dejando a Sekhmet sola.
Sekhmet se asomó por el agujero, todo lo que podían permitirle los Pantheons. Pero en ese mismo momento, una luz blanca procedente del interior la cegó e hizo que se echara hacia atrás, tapándose la cara con la garra. La luz se desvaneció al cabo de unos segundos y Sekhmet volvió a ver qué ocurría al otro lado…

Una figura solitaria cubierta por una armadura ligera roja se encontraba enfrente del pelotón Pantheon que había conseguido entrar en el edificio y casi inundado por las aguas. Se podía ver que era un hombre, aunque su cabellera rubia recogida en una larga cola había hecho creer a Sekhmet que era una mujer. A un par de metros de la figura se encontraba Ciel, que estaba incorporándose.

“¿Es ése el tipo del que hablaba Xenirr?”

El Reploid escarlata cogió una pistola del cuerpo sin vida de un soldado de la Resistencia que estaba a pocos centímetros de él. Sekhmet pudo ver que Ciel estaba diciéndole algo al Reploid, pero no podía oír qué era aquello. El Reploid rojo parecía confuso, tanto o más que los Pantheons que estaban dentro y no atacaban al nuevo Reploid. De pronto, el Reploid rojo reaccionó y aunque los Pantheons ya estaban apuntando, los que estaban en primer lugar cayeron fulminados por los disparos del Reploid rojo. El inesperado ataque hizo que más Pantheons comenzaran a pasar por el agujero.
Sekhmet no pudo hacer nada contra la marabunta y se quedó a varios metros del agujero, sin saber qué ocurría… y sin saber si Xenirr estaba bien…

---

- Zero, por favor… ¡Sálvame! –
gritó Ciel cuando el Reploid escarlata había cogido el arma de Milan… de su amigo, que había caído protegiéndola... pidiendo a aquel extraño al que Passy, a costa de su vida, había despertado de su letargo, que le salvara.

El Reploid rojo estaba confuso. Había cogido el arma por curiosidad, pero esa chica rubia le estaba llamando por un nombre, Zero, y le pedía que le salvara. Alzó su vista hacia los androides que estaban esperándoles. Eso era lo que se interponía entre él, la chica y la salida.

- ¡Sálvame! – gritó de nuevo Ciel.

Zero no tuvo más tiempo para pensarlo, asintió y apuntó con su arma. Los Pantheons vieron al silencioso Reploid dispuesto a luchar, pero no pudieron reaccionar a tiempo. Los Pantheons más cercanos habían caído fulminados por disparos precisos. Ciel se sintió aliviada de que Zero estuviera protegiéndola, aunque no soportaba tener que ver aquella batalla. Había visto demasiados muertos, Milan había caído protegiéndola… y ahora tenía que huir de allí, dejando el cuerpo de Milan y los cadáveres de los demás compañeros allí. No le gustaba la idea, pero seguramente ellos le habrían pedido que se salvara y no se preocupara por ellos.
Decidida entonces, Ciel comenzó a correr tras Zero, que seguía avanzando y disparando a los Pantheons que aparecían.
Zero se detuvo y miró hacia arriba.
- ¡Detrás de mí! – le ordenó a Ciel.
Los nuevos Pantheons seguían disparando, pero eso a Zero no le importaba: había algo mucho peor encima de ellos.
Su pistola disparó repetidamente hacia arriba, hacia una zona en sombras. Cada disparo era respondido por un grito femenino procedente de las sombras. Zero se detuvo y volvió a disparar a los Pantheons. Mientras tanto, algo caía al suelo inundado de agua.
Ciel se sobresaltó al ver el cuerpo de un ser felino caer al agua, pero Zero le agarró del brazo.
- No se levantará – dijo el Reploid escarlata -. ¡Ahora sígueme!

---

Sekhmet se encontraba en medio de un caos absoluto. Los soldados Reploid se apresuraban en dirigirse a ayudar a los Cazadores Pantheon, al igual que los Guardianes Pantheon. Sekhmet sólo escuchaba disparos por todas partes y sólo veía Pantheons caer muertos al suelo. Los soldados Reploids disparaban sus armas, pero un relámpago rojizo se lanzaba hacia ellos, hiriendo gravemente a unos, matando al resto. Sekhmet pudo ver al misterioso Reploid escarlata avanzando y aniquilando lo que se encontraba a su paso, con Ciel siguiéndole por detrás.
Sekhmet los vio, pero desde donde ella estaba ni Zero ni Ciel se habían dado cuenta de la presencia de la Reploid vestida de marrón. Además, el llamado Zero estaba más preocupado por avanzar y evitar los ataques de los enemigos más cercanos y Ciel sólo podía permitirse seguir a su salvador y no perderlo de vista.

Pero… ¿Qué pasaba con Sekhmet? ¿Por qué no había salido a detenerles? No estaba tan lejos de ellos, aunque hubiese muchos soldados y Pantheons por delante. Pero en vez de lanzarse a capturar a Ciel o a combatir a ese misterioso Reploid escarlata, ella se quedaba en su sitio. La realidad era que la demostración de fuerza de aquel Reploid rojizo la había dejado estupefacta: jamás había visto semejante poder destructivo, ni siquiera en sus propios ataques de ira Sekhmet había sido tan brutal.
Lo que veía no era un Reploid de combate cualquiera. Aquello era un demonio escarlata… un demonio contra el que, por ahora, no tenía oportunidad alguna de vencerle en combate.

También los Reploids que aún conservaban alguna esperanza de sobrevivir sólo podían observar cómo Zero y Ciel seguían corriendo, sin que nadie pudiera detenerlos. Uno de los soldados se acercó a Sekhmet y le preguntó qué estaba pasando y qué harían ellos.
Ella miró a lo que quedaba de la escuadra. Todo esto le recordaba al incidente del desierto hacía un par de meses. No, aquello era peor: esta vez la masacre de su escuadra había sido obra de un único Reploid, no de un grupo de rebeldes. Y esto era una vergüenza para Neo Arcadia…
- … Ya se encargarán los refuerzos de esto – dijo al fin, queriendo olvidar el tema, y dirigiéndose a la sala de la que aquel demonio había salido.

Sekhmet entró en la sala. Caminó despacio por el suelo inundado, observando los cadáveres de los Pantheons. También vio un único soldado rebelde caído. Se acercó a él para examinarlo con detalle. Había recibido varios impactos de bala, pero parecía haber resistido durante bastante tiempo. Lo que le extrañaba era que no llevara ningún arma. Luego recordó que el Reploid escarlata llevaba una pistola de modelo buster. ¿Tal vez había cogido el arma del soldado caído? Era posible, pero no podía permitirse ponerse a pensar sobre detalles tan tontos.

Lo que realmente le había llevado hasta aquí estaba flotando a pocos metros de ella. No había visto aquel cuerpo antes, tal vez demasiado preocupada viendo los Pantheons y el rebelde caídos. Extrañada, se fue acercando lentamente. Y a medida que iba acercándose, la expresión de su rostro pasaba de la curiosidad al horror.
Se arrodilló, más bien dejó que su cuerpo cayera sobre sus rodillas. Se quitó rápidamente la garra del brazo y dio la vuelta a aquel cuerpo sin vida. Las formas felinas ya la habían delatado, pero Sekhmet se negaba a creerlo, tenía que ver su rostro.
Pero cuando lo vio, ya no podía aferrarse a ninguna esperanza. Ya no podía hacer nada… salvo gritar.

- No… no puede… no puede ser… Xenirr… Xenirr… No… Esto no… ¡¡¡¡¡NOOOOOOOOOOO…!!!!!

---

Tres horas más tarde...

Sekhmet mandó el informe de la misión. No podia entender cómo un simple Reploid había destruido un gran número de androides y soldados sin recibir daño alguno. Incluso en los informes preliminares se comprobó que había destruido una unidad Golem. Algo imposible para cualquier otro guerrero. ¡Y además había conseguido huir con Ciel!
Pero lo que más le preocupaba era la muerte de Xenirr. No había esperanza esta vez… no había forma de reparar este cuerpo ni de crear uno nuevo para ella. El daño era realmente devastador, todos los disparos habían sido demasiado precisos. Incluso la base de datos y la memoria de Xenirr resultaron gravemente dañadas… mejor dicho, debido a todo el daño no quedaba nada de aquellos datos. Y el impacto de bala en la frente sólo era una prueba de ello.
Xenirr se había ido para siempre. Y todo por culpa de Zero.

Zero... El nombre de aquel Reploid rojizo vino a la mente de Sekhmet. El teniente Khano lo mencionó varias veces por los comunicadores y al final de aquella desastrosa operación.
¿Y qué había hecho ella, mientras los Pantheons y los soldados caían, mientras Xenirr yacía inerte en el suelo inundado? Ella sólo observaba, ni tan siquiera se lanzó a por Zero. ¿Por qué tanto miedo? ¿No debía servir a Neo Arcadia hasta la muerte? Pero ella misma sabía perfectamente que no tendría oportunidad alguna contra Zero. No creía que debiera morir en vano. Morir en vano no sería la mejor forma de servir a la nación que quería proteger.
- Aprecias tu vida, no es nada extraño – comentaba el Dr Grant, observándola.
El joven científico estaba ayudando a Sekhmet con sus reparaciones. Había escuchado atentamente a Sekhmet mientras ella iba comentándole los pormenores de lo que había sido un total fracaso. El humano se volvió hacia ella y suspiró.
- Siento lo de tu amiga… pero no quiero que te vengas abajo por eso. La vida continúa, unos vienen y otros se van. Así son las cosas… Tú sigues viva, ¿verdad? Eso es lo que debe importarte.
- Hablas como si Xenirr fuese una mascota… o peor… un juguete – Sekhmet se veía claramente molesta por el comentario de su creador -. Era mi amiga… y ese Reploid la mató a sangre fría. Y he fallado a Neo Arcadia…
- ¿Ibas a lanzarte a una muerte segura sólo por detener a ese Reploid? ¿Ibas a tirar tu vida a la basura por pura fe ciega en unos ideales como los de Neo Arcadia? – y añadió casi en un rumor -: Si es que de verdad esta sociedad tiene ideales…
- Pero…
- Sekhmet, no te culpes de esto. Dime, ¿qué habría pasado si hubieses salido al paso del Reploid? Seguramente habrías muerto como Xenirr. Dime… ¡¿habrías querido eso?!

Sekhmet se quedó callada. Su mente volvió al pasado, en concreto a la segunda misión en la que ella y Xenirr participaron, cuando recogieron aquella información sobre las bases de la Resistencia. Sekhmet recordó también qué le decía a su compañera cuando Xenirr estaba gravemente herida, después de haber luchado contra varios soldados de la Resistencia. Aún recordaba lo que iba a decirle a Xenirr antes de que sonaran las alarmas… antes de que la interrumpieran.
- Es cierto que hemos de servir a Neo Arcadia incluso sacrificando nuestras vidas, pero… La mejor forma de servir a Neo Arcadia… es permaneciendo con vida… y luchando por lo que creemos. Eso era lo que intentaba decirle a Xenirr hace bastante tiempo.
- Entonces sabrás aplicártelo a ti misma, ¿verdad? – Sergeus esbozó una leve sonrisa -. Has de seguir con vida. Es lo que yo quiero… lo que tú quieres… lo que todos querrán. Eres un ser vivo… puede que seas una Reploid, pero ¿qué importa ser un animal, un humano o un Reploid? Siempre quieres saber qué vendrá después… siempre querrás vivir… y ver el final...
Sekhmet bajó un poco la cabeza, pensativa. Mostró una pequeña sonrisa, pero pronto se desvaneció de su rostro.
- ¿Crees que volveré a encontrarme con ese demonio rojo?
Sergeus suspiró de nuevo antes de contestar:
- Me temo que sí… Si va a ayudar a la Resistencia, me temo que lo veremos en varias ocasiones. Me gustaría hablarte de él más a fondo, pero para ello debería ir a la base de datos para asegurarme sobre la realidad que esconden los rumores acerca de este Zero.

Sekhmet finalmente se despidió de Grant, esperando encontrarle al día siguiente. Sergeus aún tenía que revisar la garra y ver si podía introducirle alguna mejora.
El joven científico observó a Sekhmet marcharse. Se volvió hacia la garra y se llevó las manos a la cabeza.

“Zero, el Reploid legendario. Creía que había muerto décadas atrás, pero parece que no es así… y que la Resistencia lo necesita. Pero… ¿será capaz de luchar contra X, contra el que había sido su amigo desde hacía casi un siglo? Si lo hace, entonces es que habría alguna razón para apoyar a la Resistencia. Una razón para abandonar este falso paraíso llamado Neo Arcadia…

¿Por qué tengo el presentimiento de que el gobierno oculta algo? No lo sé… Pero si hay algo que no se nos quiere mostrar, estaré dispuesto a encontrarlo. Aunque… si lo descubro… y si quisiera abandonar finalmente Neo Arcadia… ¿qué será de Sekhmet? ¿Cómo la convencería de que abandonara este lugar? ¿Me creería?

… No sé… Ella tiene un sueño… y le prometí que no me entrometería… He de mantener la promesa que le hice… incluso si no es lo correcto.”

lunes, abril 03, 2006

"La Leona Furiosa: El comienzo", capítulo 9

Capítulo 9: El lobo, la leona y el lince

El Reploid chacal observaba el gran Reploid licántropo encerrado en la vaina transparente de tonalidades verdosas. Anubis se mostró bastante impresionado cuando Sekhmet y aquella soldado, Xenirr, le enseñaron aquel soldado de la Repliforce. Y ahora se encontraba sin palabras. No sabía que la Repliforce había alcanzado un nivel de tecnología realmente impresionante para aquella época. El siglo XXII quedaba bastante atrás en el tiempo, especialmente comparándolo con los avances hasta la época actual. Pero este soldado de la Repliforce era una muestra de las sorpresas que aquel “lejano siglo” podía aún ofrecer… a pesar de tener delante un modelo de Reploid tan obsoleto.

Anubis miró la pantalla que tenía enfrente, justo debajo de la cápsula del licántropo. Mostraba el número de serie del Reploid, el LUP-640. Lo único que sabía es que las unidades LUP habían sido exclusivas de la Repliforce durante toda su existencia, aunque nunca imaginó que llegaran a un número de serie tan alto.
Se fijó en otra pantalla, que mostraba la condición del Reploid. Anubis se volvió de nuevo a la cápsula. El cuerpo del Reploid licántropo estaba seriamente dañado e incluso, tal y como afirmaba la pantalla, había sufrido bastantes daños en los bancos de memoria. Era posible reparar a este Reploid, pero llevaría bastante tiempo. Además, Anubis no sabía qué utilidad se le podría sacar.

Una figura vestida con una armadura magenta entró en la sala y caminó hasta situarse al lado de Anubis. El hombre de tez morena miró la cápsula también y sonrió confiado.
- Así que éste es el Reploid que se encontraron tus chicos en el desierto, ¿eh? – dijo Fefnir, aún sonriendo.
- Es un modelo bastante antiguo, aunque he de admitir que es bastante impresionante – respondió Anubis a su superior -. Sekhmet dijo algo sobre el virus Sigma… Pero no hay rastro de ese virus en este Reploid. Sólo es parte de esa leyenda urbana sobre la Repliforce… De todas maneras, este Reploid...
- Sé que si se repara podría entrar en activo – Fefnir interrumpió a Anubis, completando lo que iba a decir -. Será un buen añadido para nuestras fuerzas – Anubis no pudo evitar sorprenderse ante las palabras de Fefnir -. Sí, así es, Anubis: tenemos permiso para reparar este lobo. Las antiguallas de la Repliforce nos son bastante útiles en estos días, y este tipo también lo será. Sus reparaciones comenzarán de inmediato. Hemos de dejar boquiabiertos a Harpuia y su estúpido ejército. Y por supuesto, hay que enseñarle a Leviathan quién manda.
- Me temo que sería muy prejudicial que esto se convirtiera en un asunto personal, mi general.
- Anubis… ¿Cuándo aprenderás que esos tipos de las Fuerzas Aéreas y Marítimas deben saber quiénes son los que mandan? Y si te preguntas por la Unidad Zan’Ei, son una panda de perdedores. Por cierto… ¿y nuestra cachorrilla?
- ¿Se refiere a Sekhmet? Pues hace poco que salió en una misión para Phantom.
- Phantom, ¿eh? Ese idiota… - murmuró Fefnir -. Por cierto, miré los datos de combate de Sekhmet en su primera misión. Interesante, aunque podría mejorar. Sekhmet sobrevivió a cerca de cien disparos, algo imposible para otros Reploids… Y parece ser que su ira aumentaba a medida que recibía más impactos… Hmm… Una auténtica guerrera berserker.

Fefnir se quedó mirando la cápsula y luego las pantallas. No creía que el Reploid licántropo estuviera tan dañado como los datos de las pantallas confirmaban. Aunque no le importaba la gravedad de los daños ni el tiempo que tardarían en repararlos siempre y cuando el Reploid estuviera totalmente arreglado.
- Y casi lo olvido, señor – dijo de pronto Anubis -. He estado buscando información sobre la nueva recluta, Xenirr. Parece que trabaja para la Unidad Shinobi.
- ¡¿De qué hablas?! ¿Me estás diciendo que Phantom ha enviado a su peculiar niñera para cuidar de Sekhmet? ¿Para observar sus progresos? ¡¿Y que se ha colado en nuestro ejército?!
- Phantom también está interesado en el potencial de Sekhmet, es lógico que enviara a una de sus agentes a la Escuadra Alfa. Es una infiltrada de la Unidad Zan’Ei y no nos dimos cuenta. Sé que es una vergüenza, pero en aquel momento no pudimos hacer nada. Y no creo que ahora tampoco podamos…
- ¡Es culpa tuya, Anubis! ¡Eras el responsable de esa misión! Phantom pagará por esto… Y tú, Anubis, ¡más cuidado la próxima vez! Te salvé la vida en el pasado, y tú lo compensaste jurándome lealtad. Pero no perdono a los idiotas por sus errores…

---

- ¿Cuánto te llevará, sargento? – preguntó Xenirr mientras Sekhmet aún seguía observando la pantalla.
- ¿Cuántas veces te he dicho que no me llames “sargento”? – dijo Sekhmet en voz baja, aunque ésta reflejaba su molestia sin problemas -. Sólo llámame Sekhmet, por favor. Eres de la Unidad Zan’Ei, yo soy sargento en las Fuerzas de Tierra, aunque pueda trabajar para cualquier otra sección. Y además, dudo que merezca ese rango.
- Como quie…
Pero justo cuando Xenirr estaba hablando, Sekhmet había alzado su mano derecha, con intención de interrumpirla. Ahora Sekhmet se encontraba concentrada en la pantalla, observando los números a la izquierda. Era un porcentaje que iba incrementándose lentamente. Esta lentitud hacía que Sekhmet mirara hacia arriba y hacia abajo con bastante nerviosismo. Xenirr podía sentir la impaciencia de Sekhmet. Sólo podía ir a la puerta cerrada que habían dejado atrás y coger su pistola buster.
- Bueno, esos tipos todavía no nos han descubierto – murmuró Xenirr -. Deben ser sordos o ciegos… o estúpidos…

85... 86...

- Venga, vamos… vamos… - decía Sekhmet en voz baja.

87... 88...

Xenirr comenzó a oír entonces varios pasos que procedían de detrás de la puerta. Miró su pistola y luego a Sekhmet. Se echó hacia atrás, acercándose a su compañera de mission, sin quitar ojo a la puerta.
- Me temo que pronto tendremos… compañía. Necesitas tiempo, ¿no, Sekhmet? Pues yo te daré un par de minutos…
Sekhmet no respondió. Seguía mirando con detenimiento la pantalla, centrándose sobre todo en el porcentaje. Sólo apartó un momento la vista para mirar la consola que había bajo la pantalla y luego vio que el número 90 se encontraba en la pantalla.
Alguien trataba de abrir la puerta. Xenirr se colocó justo delante de ésta, con lo que Sekhmet quedaba justo detrás de ella. Apuntó con la pistola buster a la puerta y comenzó a oír voces del exterior. Al mismo tiempo, el número mostrado en la pantalla era el 92.
La puerta se abrió y un soldado de la Resistencia entró en la habitación. Lo primero y ultimo que vio nada más entrar fue a Xenirr disparando a matar. El cuerpo sin vida del Reploid cayó al suelo, pero eso no impidió que una decena de Reploids de la Resistencia entraran en la habitación. Muchos para Xenirr, pero ella no iba a dejarse intimidar mientras se intercambiaban disparos.
Sekhmet estaba concentrada aún, pero sabía que ya no quedaba tiempo. Varios disparos habían impactado cerca de los monitores y ella pronto podría recibir uno de esos disparos. El porcentaje por fin parecía aumentar con mayor velocidad.

98... 99... 100% COMPLETO

La unidad de disco de la consola se abrió. Sekhmet cogió rápidamente el disco, lo guardó en uno de los bolsillos del traje y se volvió, lista para huir.
Xenirr estaba tirada en el suelo, herida por los impactos de bala. Aunque ‘sangraba’, Xenirr aún seguía teniendo fuerzas para mantenerse en pie y disparar a los soldados. Pero Xenirr se quedó de rodillas finalmente… momento que aprovechó Sekhmet para saltar sobre ella y hacia los soldados.
Los Reploids de la Resistencia cambiaron rápidamente de objetivo. Sekhmet cruzó los brazos delante de su cara, como si con eso pudiera protegerse de los disparos, y dio una patada a uno de los soldados. Efectivamente, sus brazos, aun sintiendo el impacto de las balas, habían resistido y el Reploid de la Resistencia había visto cómo su torso era atravesado por el pie de Sekhmet.
Sekhmet cogió la pistola del soldado y disparó al resto de los Reploids. Horrorizados ante aquella mujer de larga cabellera castaña que había resistido las balas y que había derribado a uno de los suyos de una simple patada, trataron de huir, pero Sekhmet demostró que no sólo era buena con las armas de cuerpo a cuerpo. Sus tiros fueron certeros y uno a uno los soldados caían inertes.
Se llevó la mano al bolsillo donde había guardado el disco. Temía que se hubiera estropeado o, peor aún, roto durante la pequeña batalla. Pudo comprobar que estaba en perfectas condiciones. Suspiró aliviada, pero el alivio desapareció cuando se fijó en los rostros de algunos de los caídos. Horror. Un único sentimiento expresado casi con unanimidad por aquellos cadáveres. Viendo aquellos rostros, Sekhmet se podía hacer a la idea de la cara que tenía ella cuando comenzó a enfrentarse a los soldados… y hasta ella misma sintió el miedo de aquella visión.

Pero ahora no podía preocuparse de ello. Su compañera, Xenirr, estaba en el suelo, moribunda, mientras aquel líquido parecido a la sangre humana seguía escapándose de su cuerpo. Sekhmet se apresuró a ayudar a Xenirr a levantarse.
- Debemos darnos prisa… ¡Aguanta, Xenirr! Ahora no estás en condiciones de luchar y hemos de salir de aquí lo más rápido posible. Pronto vendrán más soldados.
- No… No te preocupes, Sekhmet – respondió Xenirr, escupiendo un poco de ‘sangre’ -. No te preocupes por mí… Si muero… quiero que sepas… que fue un honor luchar a tu lado y ayudarte a que esta misión…
- ¿De qué hablas? ¡No vas a morir! Es cierto que hemos de servir a Neo Arcadia incluso sacrificando nuestras vidas, pero…
Sekhmet no pudo terminar la frase. Había oído algo fuera de la habitación. Aún ayudando a Xenirr a mantenerse en pie, las dos Reploids salieron al pasillo. No había nadie, pero el sonido de las alarmas resonaba por todo el complejo. Ya no tenían tiempo: debían abandonar el lugar inmediatamente.
Fue entonces cuando cayó una pequeña bola desde el techo. Sekhmet miró hacia arriba y descubrió la figura humanoide y oscura. Aunque sujeto al techo, se dejó caer de pie justo entre las mujeres y la esfera. Las dos reconocieron la figura al instante, especialmente por la peculiar máscara que cubría su rostro. Ambas pudieron observar el destello rojizo de sus ojos cuando las miró.
- Phantom-sama... – había pronunciado Xenirr con una voz casi imperceptible.
La pequeña bola estalló, dejando escapar una grande y espesa humareda que ocultó a los tres Reploids. Cuando los soldados de la Resistencia llegaron, se encontraron con el humo. Y cuando éste se dispersó, las intrusas y su salvador habían desaparecido.

---

Sekhmet entregó el disco de datos a Phantom. El Reploid ninja lo observó sin mucho interés y lo dejó en una mesa cercana. Hanumachine se encontraba cerca de su maestro. El Reploid mono se acercó a la mesa y cogió con cuidado el disco.
- ¡Uke! ¡Aquí está toda la información de las bases de la Resistencia! – exclamó Hanumachine -. Parece que realmente has hecho un buen trabajo, Sekhmet.
- Gracias, Hanumachine – la Reploid se inclinó, recalcando su agradecimiento -. Pero Xenirr también me ayudó… y lamento no haberla ayudado yo antes…
- ¡Eh! Al menos sigue viva. Vale, sí, necesita unas pocas reparaciones, pero no deberías preocuparte por ella – Hanumachine se acercó a Sekhmet mientras jugueteaba con el disco -. Los miembros de la Unidad Zan’Ei son duros, y…
- Os dije que no debíais dejar que os descubrieran – Phantom interrumpió a Hanumachine -. Teníais los datos, pero si no llega a ser por mí, las dos habríais muerto.
- Lo… Lo siento, Maestro Phantom. Y sé que Xenirr se sentirá igual que yo – Sekhmet volvió a inclinarse -. Los sistemas de seguridad de la Resistencia eran más complicados de evadir y sabotear de lo previsto. Hicimos lo que pudimos.

Phantom miró a Hanumachine. El Reploid mono dejó de juguetear con el disco, volviéndolo a coger con delicadeza, y se marchó de la habitación. Phantom y Sekhmet se habían quedado solos. Y Phantom se mostraba bastante decepcionado con la actitud de Sekhmet.
¿Qué era lo que pasaba realmente? Los dos se miraban fijamente, sin que ninguno dijera nada. Sekhmet se sentía incómoda ante los ojos de Phantom, unos ojos que concentraban la rabia y la decepción del shinobi.
- ¿Esperaba más de mí, verdad, Maestro Phantom? – finalmente Sekhmet había roto el silencio. Phantom sólo asintió -. Y ahora Xenirr…
- Sobrevivirá… Pero no debes preocuparte por ella, sino por ti – Phantom se cruzó de brazos mientras seguía hablando -: Cuando Xenirr me enseñó el informe de tu primera misión, pensé que lo estabas haciendo bien, que al igual que dirigiendo tropas y luchando contra el enemigo habías demostrado tu valía, también podrías demostrarla con la infiltración y el espionaje. Pero estaba equivocado…
- Los sistemas de seguridad de la Resistencia…
- Tal vez fuese una mala idea entrenarte con cada sección de las fuerzas de Neo Arcadia. Necesitas una mayor especialización en según qué áreas… Dominas el combate y el liderazgo sin problemas, así que debes mejorar la infiltración. A partir de mañana entrenarás como parte de la Unidad Zan’Ei.
- ¡¿Qué?! Pero… no puede hacer eso.
- Lo sé… Sirves a todos y a nadie. Pero has de mejorar en algunos aspectos. Volveré a entrenarte, así también tendrás tiempo para practicar tus habilidades de combate. Y me mostrarás resultados satisfactorios en cuanto finalicemos este nuevo entrenamiento. Esta vez… No quiero que falles.
- Sí, Maestro Phantom… Esta vez… No fallaré.

---

Una semana después…

Tras terminar otra sesión de entrenamiento, Sekhmet se dirigió a su aerodeslizador para volver a casa. Antes de que pudiera subirse, vio a una Reploid acercarse a ella. Sekhmet se quedó extrañada ante la Reploid, cuya forma recordaba a la de un lince con brillantes ojos dorados, y pequeñas y afiladas garras. La Reploid lince llevaba un traje ajustado negro y una chaqueta azul. Sekhmet se quedó mirándola con curiosidad mientras la Reploid lince seguía caminando hacia ella con total tranquilidad.

- ¡Eh, Sekhmet! ¿Te gusta mi nuevo aspecto?
Sekhmet abrió mucho los ojos en cuanto reconoció la voz de la Reploid. La verdad es que su cuerpo podría tener otra forma, pero era ella, sin lugar a dudas. Esa voz no era difícil de olvidar…
- ¿Xenirr? ¿Pero cómo…?
- Una historia bastante larga, en serio. Como sabes, mi cuerpo quedó muy dañado. Podría sobrevivir, sí, pero ahí terminaría mi carrera. Y yo no quería eso: si iba a seguir viviendo, sería sirviendo a Neo Arcadia, no postrada en una silla o a saber dónde. Soy miembro de la Unidad Zan’Ei.
Sekhmet escuchaba atentamente a Xenirr. La Reploid lince se apoyó en el aerodeslizador, teniendo cuidado con las pequeñas garras, mientras seguía hablando:
- Tomé la decisión de que, si mi viejo cuerpo no iba a servir al propósito que yo perseguía, necesitaba otro nuevo. Transferir los pensamientos, el alma por así decirlo, de un Reploid de un cuerpo a otro es un proceso complicado que puede suponer incluso la muerte para el paciente. Pero fue mi decisión, no me iba a echar atrás: si no podía ser, si no podía tener en nuevo cuerpo, prefería morir honorablemente a vivir sin poder seguir con el grupo que me ha visto nacer y crecer – se incorporó de nuevo y giró sobre si misma -. Y fíjate: ahora estoy vivita y coleando.
- Ya lo veo, pero…
- ¿Te preocupa todo lo que he tenido que pasar? Este nuevo cuerpo es mejor que el antiguo, aunque lo echo de menos, en serio. ¡Vale, antes era más guapa, pero lo importante es que estoy de vuelta a la acción!
Lo único que pudo hacer Sekhmet fue sonreír tímidamente y bajar un poco la cabeza. Xenirr se acercó a ella, visiblemente preocupada.
- Oye… Hanumachine me contó lo que pasó con Phantom-sama. Siento mucho todo lo que estás teniendo que pasar ahora, Sekhmet.
- No debes disculparte – la sonrisa de Sekhmet era un poco más amplia y sincera -. No ha sido tu culpa. Phantom tiene razón, debería especializarme no sólo en combate y liderzgo… También debo hacerlo en infiltración... Infiltración… Infiltración… No debo fallar a Phantom...
- Mira, piensas en positivo… ¡eso es bueno!
- Lo es. Pero, a pesar de que haya cosas en las que mejore… hay otras… otras que no entiendo… Algo que no puedo controlar…
- ¿Es que hay algo más que me quieras contar? – había preguntado Xenirr, pero Sekhmet no dijo nada. Xenirr miró el reloj que llevaba en su muñeca -.¡Argh, vaya! Será mejor que me largue. Se suponía que debería estar en una misión ahora mismo. ¡Ya nos veremos y podremos seguir charlando otro día!
- Sí... Ya nos vemos, Xenirr.
Xenir se fue por la puerta que Sekhmet había dejado atrás hacía varios minutos. Sekhmet se volvió hacia el aerodeslizador, subió y lo puso en marcha.

“Puedo mejorar mis habilidades… Puedo sobrevivir lo que para otros Reploids significaría la muerte… Pero hay algo que no puedo hacer… No puedo detener mi ira. Y tengo miedo de ello.”

Sekhmet detuvo el aerodeslizador y miró hacia arriba.

“Mientras hablaba con Xenirr, no pude evitar recordar nuestra misión… ni tampoco olvidé las imágenes de esos soldados… sus rostros, llenos de terror… vinieron a mi mente. Esas imágenes de rebeldes huyendo, aterrados ante mi presencia, siguen en mi mente… No sé hasta qué punto podré soportarlo. ¿Cómo puedo ser tan cruel? Puede que sean Irregulares… Y que mi misión sea detener a los Irregulares… Pero… ¿es éste el camino?”

Aún preocupada, volvió a poner en marcha el aerodeslizador, dirigiéndose a la zona residencial.

“Ahora sí que estoy confusa…”

jueves, marzo 23, 2006

"La Leona Furiosa: El comienzo", capítulo 8

Tras una ausencia bastante larga, volvemos con La Leona Furiosa. La versión en inglés ha quedado paralizada en el capítulo 13, ya que estoy dispuesto a continuar la historia de la trilogía en español.

Además, aquí se introduce el concepto del Energen. El nombre Energen es utilizado para los cristales de energía necesarios para el funcionamiento de los Reploids, un bien bastante escaso en la saga Zero.

Y sin más dilación...

Capítulo 8: La primera misión de Sekhmet

- Así que eres una agente especial…
Sekhmet asintió a Sergeus.
- Sí, yo tampoco me lo creía en un principio, pero fue lo que me dijo Lord Harpuia: soy una agente especial. Y desde hoy, estoy al servicio de Neo Arcadia.
- Bueno… al menos estarás en casa cuando no tengas nada que hacer. Algo es algo.
- Mala cosa que hoy no esté libre. Lo siento mucho, pero tengo que reunirme a mediodía con mi primer… er… jefe.
Dr Grant sonrió y le dio a Sekhmet su garra. Ella la cogió y miró a Sergeus. Quería estar con su creador, con su “padre”, pero ahora era definitivamente una agente leal al orden de Neo Arcadia. Suspiró ante este pensamiento.
- Espero terminar pronto… padre.
Tras estas palabras, Sekhmet se marchó del apartamento, en camino a lo que sería su primera misión.

---

Su transporte se detuvo en la zona central de la gran ciudad de Neo Arcadia. Sekhmet observó la gran cantidad de gente que caminaba hacia un lado y hacia otro, como si no supieran realmente a dónde ir. Humanos y Reploids, muy escasos estos últimos, entraban y salían de los edificios, especialmente tiendas, todos con prisa. Sólo unos pocos parecían haberse percatado de la mujer Reploid portando la gran garra en su brazo derecho. Y los humanos que la veían lo hacían con desdén, algo que Sekhmet notó casi al instante.

“No puedo culpar a los humanos de no confiar en muchos de nosotros… Si no hubiese rebeldes, tal vez las cosas fuesen diferentes, fuesen mejores para nosotros los Reploids”, pensaba.

Algo que pudo comprobar Sekhmet es que había bastantes Pantheons. Sekhmet notó que eran algo diferentes a los que se había enfrentado en sus entrenamientos. No era su diseño externo, sino la forma de moverse, más humana. Incluso algunos de ellos se detenían y hablaban entre ellos, como si tal cosa. Tal vez los Pantheons auténticos, los símbolos de la autoridad del Maestro X, no fuesen tan distintos a los Reploids de toda la vida, en contraposición a esos Droides X peleles que había destruido en sus sesiones de entrenamiento. A pesar de ello, seguían siendo unos simples títeres bajo las órdenes de X, sirviéndole ciegamente sin más elección que ésa.
Los Pantheons no dejaban de mirar a cada Reploid que caminaba por las calles. Puede que hubiese Reploids “puros”, pero todos eran sospechosos de poder ser Irregulares, o Mavericks, como algunos los llamaban. Y a nadie le gustaba que esas marionetas tuvieran sus grandes orbes rojos mirándoles. Hasta los humanos sentían incómoda la presencia de los androides.

Sekhmet se fijó entonces en el gran edificio que tenía enfrente, una torre moderna de metal y cristal, desafiando la vista. No era tan grande como la gran torre de Neo Arcadia, núcleo de operaciones de la ciudad-estado y, según muchos, hogar del Maestro X, pero aquel gran edificio era realmente imponente.
Se acercó al edificio, en dirección a la puerta de cristal tras la cual se podía ver lo que había en el gran recibidor. Fue entonces cuando oyó un grito tras ella.
Curiosa y nerviosa, Sekhmet se dio la vuelta sólo para ver cómo dos Cazadores Pantheon seguían a una Reploid de corto pelo oscuro y vistiendo una túnica blanca. Aquella Reploid pedía ayuda desesperadamente, pero sus gritos cesaron en cuanto los dos Pantheons abrieron fuego. El cuerpo agujereado por las balas de los Pantheons cayó sin vida al suelo, desplomándose y cayendo piezas mecánicas por todos lados. De lo que quedaba del cuerpo manaba un líquido rojizo similar a la sangre humana. Uno de los Pantheons se acercó para comprobar que no había trampa y realmente habían abatido a la Reploid.

Las personas alrededor de los Pantheons y el cadáver estaban asustados en un principio, pero la mirada de uno de los Cazadores les obligó a seguir con sus aburridas vidas, actuando como si nada hubiera pasado.

El horror de aquella escena había paralizado a Sekhmet. Ella, una guerrera, había observado la crueldad de aquellos androides que ahora levantaban el maltrecho cuerpo de la Reploid. Ahora tenía oportunidad de decirles algo, pero lo repentino de la escena le había dejado también sin palabras. Varios Pantheons más se estaban reuniendo en el mismo lugar y seguían instando a los viandantes a que siguieran su camino.
Sekhmet sabía por qué todos los ciudadanos preferían seguir su camino: si se metían con los Pantheons, ellos serían sus siguientes objetivos. Y en esta época, ser humano no te libraba de convertirte en la diana de un Cazador Pantheon, si bien en caso de los humanos nunca disparaban a matar. Nadie, ni humano ni Reploid, quería ser tachado de Irregular. Sekhmet cerró su puño izquierdo, sintiéndose impotente en ese momento. Ella, una luchadora, no podía hacer nada ante la violencia de aquel momento.
Sin saber qué hacer y viendo la hora que era, no tuvo más remedio que seguir su camino, como hacían todos los demás.

“Pero… ¿era una Irregular?”

Aún absorta en sus pensamientos, Sekhmet entró en el edificio. Caminó casi automáticamente hacia la gran mesa de recepción. Pero antes de llegar, tres Pantheons se acercaron a ella. Uno de ellos se le adelantó.
- No se puede entrar con armas, así que déme la suya, señorita – dijo el androide con una voz mecánica y molesta -. No queremos problemas.
Tras la escena que había visto, Sekhmet no estaba para sermones de un Pantheon. Pero no era plan de partirlos en dos, y menos cuando su primera misión empezaba en este mismo lugar, encontrándose con su primer jefe. Así que recurrió a la vía más segura y sensata: la de las palabras.
- Lo siento, pero tengo una reunión con mi jefe. Y necesito mi arma. No veo razón para entregárosla.
El Panteón volvió a repetir palabra por palabra su orden, pero Sekhmet se volvió a negar. Daba igual si se iba a buscar problemas con los androides: no les iba a dar su garra. Ella estaba ahí por una serie de razones y la garra iba con ella a su misión. Pero los Pantheons no lo entendían.
Los tres Pantheons alzaron sus brazos y prepararon sus cañones. De nuevo el Pantheon que estaba más cerca de ella le pidió que entregara la garra, añadiendo además que oponerse a la autoridad podría costarle caro. Sekhmet miró a su alrededor, viendo a todas las personas del recibidor alejándose lentamente de donde estaban ellos.
La Leona Furiosa comprendía la gravedad de su error, pero no sabía cómo salir de esto sin tener que recurrir a la violencia. Fue entonces cuando una figura familiar apareció.

El Reploid chacal flotaba a escasos centímetros del suelo y fue acercándose a los Pantheons. Su vara giraba a su alrededor, acompañándole. Con una voz clara, ordenó a los Pantheons retirarse. Los androides no vacilaron y cumplieron con lo ordenado. Anubis se acercó a Sekhmet y le mostró una amplia sonrisa, lo más amplia que su rígido rostro le permitía.
- Oh… Estos Pantheons no tienen modales… éstas no son formas de tratar a una dama.
- ¿Anubis? Así que tú… eres mi primer jefe – dijo Sekhmet, a lo que Anubis asintió. La Reploid miró la vara que giraba alrededor de Anubis -. Vara nueva, ¿eh? Me gusta mucho - esto lo había dicho sin que ella misma se diera cuenta de que estaba hablando con tanta familiaridad con su primer jefe.
- Gracias. Claro que no la tendría si no me hubieses roto la otra. Así que te lo agradezco doblemente. La verdad es que me gusta más ésta que la antigua.
Sekhmet arqueó una ceja mientras escuchaba a Anubis hablar.
- Vaya, he de decir que no te pareces al arrogante señor de la muerte de mis sesiones de entrenamiento. Eres hasta simpático y todo - de nuevo, Sekhmet no se daba cuenta de con qué naturalidad estaba hablando a Anubis.
- Jeje… ¿Arrogante? Oh, jovencita, puedo ser duro, y me gusta actuar como el señor de la muerte ante mis rivales, pero tanto como arrogante… Bueno, también es cierto que por aquel entonces sólo eras una cría. Ahora estás hecha toda una mujer.
- Una mujer de cuatro meses de edad, pero… bueno, sí, el resto de la gente me considera adulta, no solamente tú.
- Claro, claro… Ejem… De acuerdo, hemos de tomar nuestro transporte. Te iré explicando los pormenores de la misión en cuanto lleguemos a la base.

Anubis y Sekhmet abandonaron el edificio y se dirigieron al aerodeslizador que les esperaba a la salida. Una vez en el transporte, abandonaron la ajetreada ciudad. Sekhmet miró por las lunas del vehículo, aún recordando la escena que había visto. ¿Era ésta la crueldad que Neo Arcadia mostraba hacia quienes se opusieran a su autoridad? ¿Tendría que actuar ella también de esta forma?

Estos pensamientos se desvanecieron en cuanto llegaron a un lugar que debía ser una antigua base militar. Podían verse varias naves y helicópteros mientras grandes cantidades de Pantheons caminaban cerca de ellos.
Anubis y Sekhmet salieron del aerodeslizador y se apresuraron en llegar a uno de los helicópteros. A diferencia de lo que eran los helicópteros de épocas pasadas, éste tenía un aspecto mucho más sofisiticado y sus hélices se encontraban debajo de cada una de las alas del aparato. Pero, básicamente, era como los helicópteros de entonces.
Sekhmet miró a Anubis. Señaló a los soldados Reploids y a los Pantheons que poco a poco se iban reuniendo.
- Bien… ¿y qué vamos a hacer?
- Nuestro satélite ha encontrado una mina de Energen a doscientos kilómetros al este de aquí – comenzó a explicarle Anubis -. Hay que llegar a ella antes de que lo hagan los rebeldes. Te pondré al mando de una pequeña escuadra de Pantheons y Reploids, la Escuadra Alfa. Tu grupo tomará posiciones y esperará al resto de soldados. Algunos Pantheons se dedicarán a la protección de la mina hasta que comiencen los trabajos de extracción de los cristales, así que no tendrás mucho que hacer en esta misión.
- Entendido…
- Por cierto, si os encontráis con soldados de la Resistencia, eliminadlos. El satélite ha detectado la presencia de un pequeño grupo rebelde bastante cerca.
- ¿Eliminarlos? Podríamos capturarlos, ¿no? Podrían darnos información sobre…
- Preferirán la muerte a la traición – interrumpió Anubis -. Además, nuestros satélites nos darán toda la información que queramos saber.
- Tú y tus satélites… Bien, lo entiendo, Anubis. La filosofía es sencilla entonces: hay que acabar con los Irregulares.
- Pues sí, has captado el concepto.

Las naves y los helicópteros partieron una vez finalizados los preparativos. Tan sólo les tomó veinte minutos en llegar a una zona desértica y comenzar el despliegue. Anubis explicó a Sekhmet que la mina estaba a diez kilómetros de su posición, siguiendo su camino hacia el este. Si los miembros de la Resistencia conseguían obtener información sobre su posición, tendrían que estar listos.
- Pero tenemos más soldados, no debería ser un problema para nosotros – replicó Sekhmet ante las advertencias de Anubis -. Además, seguro que ya saben que estamos aquí si han visto las naves y los helicópteros aterrizando. Seguro que si hay soldados de la Resistencia por aquí, ya deben estar esperando… pensándolo bien, en una emboscada que seamos más numerosos no implica que podamos vencer… El factor sorpresa jugaría a su favor y podrían…
- Oh, no sobreestimes al enemigo, muchacha – dijo Anubis, molesto por el comentario de Sekhmet -. Bien, la Escuadra Alfa te está esperando. Llévalos a la mina. Y buena suerte.

Sekhmet se inclinó y bajó del helicóptero. Caminó durante unos metros, observando a los Pantheons organizándose. Mientras caminaba, también vio que una Reploid con el uniforme de soldado de Neo Arcadia, de largo cabello dorado y ojos amarillos, se le acercaba.
- Se presenta Xenirr, de la Escuadra Alfa. ¿Es usted la sargento Sekhmet?
- ¿Sargento?
Sekhmet no podía ocultar su sorpresa. ¿Era su primera misión y ya le habían dado el rango de sargento? De todas formas, ya le extrañaba que estuviese al mando de una escuadra en vez de ser una simple soldado dentro de ésta.
Pero no sonaba nada lógico ser sargento así porque sí. ¿Tal vez los Shitennou y tal vez el propio Maestro X confiaban en ella? Tal vez confiaban demasiado en ella. Pero no se podía detener ante estos pensamientos.
- … Sí, soy yo. Así que tú eres de la Escuadra Alfa… Llévame junto a los demás.

Xenirr llevó a Sekhmet ante el resto de la Escuadra Alfa, formada por Pantheons y Reploids que ya habían terminado de comprobar sus armas. La primera línea estaba formada por Cazadores Pantheon, tras los cuales se encontraba otro model Pantheon, los Guardianes. Los soldados Reploids, cada uno con una pistola modelo buster, munción y un sable de energía, eran los últimos. La auténtica línea de ataque era la de los Pantheons, que seguían siendo de todas formas carne de cañón; los soldados Reploids sólo servirían como apoyo.
Sekhmet no confiaba mucho en la versatilidad de los Pantheons. Había muchos de ellos en su escuadra, aunque dudaba si realmente podrían ser lo suficientemente listos como para evitar o encarar una posible emboscada.

---

La Escuadra Alfa, tal y como se suponía, se dirigió hacia el este. Los soldados marchaban mientras Sekhmet les conducía en dirección a la mina. Les llevó poco menos de quince minutos hasta que llegaron a su destino. Sekhmet se encontró con un lugar muy tranquilo, tal vez demasiado. La Reploid habría esperado algunos soldados de la Resistencia esperándoles o incluso sentir la presencia de alguien que pudiera preparar una emboscada. La idea de Sekhmet sobre los soldados de la Resistencia era la de tipos duros armados hasta los dientes, con sus armas listas para matar a cualquier enemigo que se les pusiera por delante. Pero allí no había nada parecido a eso.
Sekhmet se acercó a la mina y examinó la entrada de la misma. Seguía extrañada, así que llamó a uno de los Cazadores Pantheon para que se acercara. El Pantheon llegó hasta donde estaba ella y Sekhmet le pidió que se introdujera en la mina. El Pantheon asintió y cumplió la orden. Cuando el Pantheon solo llevaba cinco metros andados, se oyó el estallido de una bomba desde el interior de la mina y la entrada se colapsó. Si el Pantheon había sobrevivido a la explosión, no podría salir de allí. Sekhmet maldijo por lo bajo y luego se volvió hacia el resto de la escuadra… para ver que ya estaban ocupados con los recién aparecidos soldados de la Resistencia.

Los soldados de la Resistencia llevaban ropas similares a las de los soldados de Neo Arcadia, pero eran de color verde, aparte de que el visor y las boinas de los rebeldes eran bastante diferentes. Si no fuera por esos detalles, a Sekhmet le costaría muchísimo distinguir a sus soldados de los enemigos.
- ¡Ya sabía que nos tenderían una emboscada! – les gritó a los soldados -. ¡Escuadra Alfa, máxima potencia! ¡¡Hemos de acabar esto rápidamente!!
Sekhmet corrió hacia la escuadra y los soldados de la Resistencia. Frente al enemigo, la garra de Sekhmet era imparable. Sus largas cuchillas se clavaban en los cuerpos de los soldados rebeldes y arrancaba sus miembros sin dificultad. Aquel líquido parecido a la sangre humana caía sobre la arena, tiñéndola de rojo, rodeando los cuerpos de los soldados Pantheon, neoarcadianos y rebeldes caídos en la liza. La escuadra de Sekhmet era más numerosa, pero los soldados de la Resistencia suplían su inferioridad numérica con su valor y su decisión de luchar hasta el final.

A medida que se abría paso, Sekhmet pudo ver las caras de los soldados de la Resistencia. Todos esos Reploids estaban horrorizados cuando veían a Sekhmet acercarse con ellos y mientras su garra se iba moviendo violentamente entre ellos. Sekhmet, viendo aquel horror en sus rostros, trató de detenerse, pero ellos no se detenían ni tampoco sus soldados. Caían soldados de ambos bandos sin parar, aquello no parecía posible que se terminara sin luchar. Sekhmet no tenía otra opción: debía vencerles, debía aniquilarles… Por Neo Arcadia.
Y ya que suponía la mayor amenaza para ellos, varios soldados de la Resistencia comenzaron a concentrar su fuego sobre Sekhmet. Usando su garra como escudo, la Reploid trataba de avanzar hacia ellos.
- ¡Parad…! – gritaba a los rebeldes -. ¡¡Parad…!! ¡¡¡PARAD!!!
Pero los rebeldes, viéndose aún amenazados, no se detenían e incluso más se unieron a los demás para tratar de abatirla. Por cada bala que impactaba en Sekhmet o en su garra, su desesperación y su ira aumentaban por momentos, al tiempo que su paso se aceleraba. Podía sentir cómo una extraña pero familiar fuerza recorría su cuerpo y pronto lo sintió aún más cuando su garra destrozaba todo lo que se encontraba con una velocidad y una brutalidad terribles. También sentía cómo perdía el control de su cuerpo y se convertía en espectadora de la matanza que estaba protagonizando.
Los soldados de la Resistencia dejaron de disparar y, aún más asustados, trataron de huir de aquella máquina de destrucción. Pero era tarde y los ojos rojos como la sangre de la Leona Furiosa se convirtieron en lo último que aquellos soldados verían.

---

Cuando cayó el último de los soldados rebeldes, Sekhmet miró a su alrededor. Observó la masacre que había organizado, los cuerpos destrozados a su alrededor. Lo miraba todo con desesperación y se llevó la mano izquierda a la cara. Negaba con la cabeza y trataba de olvidar lo ocurrido, pero cuando apartó la mano enguantada manchada del líquido rojizo, de la “sangre” de los Reploids asesinados, la escena dantesca seguía ahí…
- Sargento…
Entonces también se fijó que no sólo había Reploids de la Resistencia muertos cerca de ella. Pantheons y Reploids neoarcadianos también se encontraban tumbados, masacrados…
- Sargento…
Siguió mirando a su alrededor otra vez, ahora ampliando su campo de visión y viendo que había muchos heridos. Todos ellos Pantheons y neoarcadianos. Ni un rebelde seguía vivo, como ya había comprobado. Habían acabado con todos ellos y ella había visto todo teñido de rojo… rojo de ira y rojo de sangre…
- ¡Sargento!
Sekhmet supo entonces que la voz no venía sólo del comunicador, sino que también la oía a su lado. Se volvió y allí vio a Xenirr, que se iba acercando a ella. Cuando estaba a su lado, le entregó un pequeño comunicador.
- Sargento Sekhmet… ¿Está bien? – preguntó la soldado y señaló las marcas de bala que había sobre la armadura de Sekhmet y las pequeñas abolladuras de la garra -. Oh Dios…
- No es nada, Xenirr, estoy bien… ¿Y qué pasa con el comunicador?
- El señor Anubis quiere hablar con usted, sargento.
- Bien, ahora ve a ayudar a tus compañeros – le ordenó Sekhmet.
Cuando Xenirr ya se había alejado lo suficiente, Sekhmet, sin poder olvidar las imágenes de la destrucción que había causado, habló por el comunicador.
- Anubis, te dije que nos podrían haber visto aterrizando… Y eso ha ocurrido. Nos han tendido una emboscada, casi nos hemos quedado sin Pantheons y muchos soldados Reploids están heridos.
- Un poco de mala suerte, nada más… - respondió la voz de Anubis. Sekhmet hizo un gesto de desaprobación ante la pasividad del chacal -. Pero al menos la mina está asegurada, ¿no?
- ¡Ésa es otra! ¡No lo está! – Sekhmet miró la entrada derrumbada de la mina -. Había unas cargas dentro… la Resistencia ha destruido la entrada principal.
- ¡Eh, no pasa nada! Los rebeldes también necesitan los cristales Energen, así que no destruirían la mina entera simplemente. Seguramente sólo hubiera cargas para bloquear la entrada, no serían tan idiotas como para destruir toda la mina. Ya cavaremos una nueva entrada. Vale… Ahora sólo esperadnos a la segunda escuadra que dirigiré. Aseguraos de que no haya más rebeldes.
Sekhmet se quedó callada unos segundos. Volvió a ver los cuerpos descuartizados y volvió la cara. Cerró los ojos y con un simple “Recibido” cortó la comunicación con Anubis.

Sekhmet se fijó en lo que quedaba de la escuadra. Se acercó a donde estaba Xenirr, quien estaba ayudando a un soldado malherido a levantarse. Cuando vio a Sekhmet y una vez se aseguró que el soldado se podia mantener en pie por su cuenta, saludó a su superior.
- Los heridos necesitan reparaciones de inmediato, sargento – dijo Xenirr mientras aún seguía con su saludo militar -. ¿Cuándo vendrán los refuerzos, sargento Sekhmet?
- Están de camino. Y escucha: quiero que exploréis esta zona, hemos de asegurarnos de que no hay enemigos cerca. ¿Crees que podréis hacerlo, soldado Xenirr?
- ¡Afirmativo, sargento!
Varios soldados fueron llamados a acompañar a Xenirr. Todos presentaron el mismo saludo a Sekhmet antes de ponerse a explorar los alrededores. Sekhmet, mientras tanto, ayudaba a varios de los heridos. Aún seguía en su mente todo lo que había ocurrido en la batalla y las caras de algunos de los heridos, que cuando veían a Sekhmet acercarse mostraban un pánico que ella había visto en los rostros de los rebeldes antes de sucumbir a su furia, no hacían más que avivar aquellos recuerdos tan recientes. Negó con la cabeza y volvió a llevarse la mano a la cara. No había forma de deshacerse de aquellas imágenes… No podía volver atrás, no podía detener la masacre. Lo hecho, hecho estaba y tenía que vivir sabiendo que había entre sus filas personas que le tenían miedo.

Sólo habían pasado diez minutos cuando Xenirr volvió. Parecía excitada cuando por fin consiguió encontrar a Sekhmet.
- ¡Hemos encontrado algo increíble, sargento Sekhmet! ¡Tiene que verlo!
- ¿Acaso son los rebeldes? ¿Había más por los alrededores?
- Negativo, mi sargento, no hay rebeldes en los alrededores… ¡Pero tiene que ver lo que hemos encontrado, por favor!
Aún sin entender qué quería decir Xenirr con tanta emoción, Sekhmet la acompañó hasta donde se encontraban los demás soldados, esperando a ambas mujeres. Uno de los soldados se apartó de los demás y señaló a lo que parecía ser un Reploid medio enterrado en la arena. La cabeza del Reploid se asemejaba a la de un gran lobo oscuro. Se podían observar daños muy graves en su armadura, especialmente en el torso, donde destacaba sobremanera un símbolo: una R amarilla.
- ¿Un soldado de la Repliforce? – preguntó Sekhmet.
- Así es, mi sargento – respondió Xenirr -. Uno de los reclutas comenzó a cavar cuando descubrió un objeto puntiagudo en la arena – Xenirr tocó ligeramente la oreja derecha del Reploid licántropo -. Parece que lleva enterrado mucho tiempo.
- Al menos cien años – Sekhmet volvió a mirar al Reploid semienterrado -. No sé cómo algo tan antiguo puede ser útil… Además, si es de la época de las Guerras Maverick, puede incluso que esté infectado por el virus Sigma. Hubo rumores de que los soldados de Repliforce eran Irregulares víricos. Y no me gustaría llevarme desagradables sorpresas.
Se agachó para observarlo con más detalle. A pesar de haber pasado tanto tiempo enterrado y a pesar de los daños, podía decirse que se había conservado muy bien para no estar en una cámara de hibernación.
- Podría ser reparado… pero seguiría siendo obsoleto…
- ¿Y por qué no le pregunta al señor Anubis? – Xenirr miró hacia atrás -. Debe estar al caer…
Sekhmet miró en la dirección de Xenirr, como si esperara a que, en cualquier momento, Anubis y la segunda escuadra llegaran a su posición.

Caminó lentamente de vuelta a donde se encontraba. Trastabilló y quedó de rodillas en el suelo. Se levantó lentamente y pasó su mano por el pecho, notando los impactos de bala que habían hecho mella en su armadura. Era un milagro que estuviera viva. ¿Cuántos disparos había recibido? ¿Decenas? ¿Centenas? Y ahí seguía ella, en pie, plenamente operativa. Pero sentía que estaba al límite de sus fuerzas.
Pero las heridas no le importaban. Sólo había dos cosas en su cabeza ahora: el soldado de la Repliforce que habían descubierto… y su ira, su furia destructora.
La Reploid volvió a caer de rodillas. La batalla había sido dura, ella sola había sacado a su numeroso grupo de una emboscada perpetrada por pocos rebeldes. Sekhmet miró hacia delante y pudo observar cómo un enorme grupo de Pantheons comenzaba a desplegarse en la zona. Tras ellos, Anubis Necromancess III, acompañado de soldados de Neo Arcadia, hacía acto de presencia.
Sekhmet sonrió con amargura. Había cumplido con su primera misión, después de todo…