miércoles, septiembre 05, 2018

Relatos de la Ascendencia - Ungooma

El Universo siempre había estado lleno de grandes mentes. Cabezas pensantes de gran prestigio que habían liderado grandes empresas o habían sido ignoradas hasta que fue demasiado tarde para rectificar.  
Los Ungooma tenían otro concepto de «gran mente»: aquella formada por millones y millones de cabezas, un enjambre propiamente dicho, zumbando con cada nuevo pensamiento. Diminutos como eran los Ungooma, en realidad por separado no tenían capacidad alguna para mantener una idea; cuando tantos y tantos se juntaban, acababan formando una inteligencia más allá de lo conocido.  
Porque pensaban, mucho y de continuo, pero nadie más en su mundo de origen creía que los Ungooma fuesen seres pensantes. Claro que a los Ungooma les convenía que algunos los tomaran por colmenas de seres sin conciencia, eso les evitaba muchos problemas. Además, habían sido ellos mismos los que implantaron ese sentimiento en los demás seres de su planeta.  
En tiempos antiguos, un grupo de pequeños Ungooma podía suplantar a un anfitrión, y no eran pocas las veces que extraños acontecimientos ocurrían, relacionados con un comportamiento atípico de aquellos seres dominados por los parásitos diminutos. Pero la evolución y el descubrimiento de esta especie por parte de los afectados hicieron imposible que pudieran volver a utilizar aquel truco mental…  
Aun así, los Ungooma no se rindieron. Los grupos pequeños cambiaron la estrategia de control mental absoluto por un control más breve, pero efectivo y discreto, para alejar a sus posibles enemigos de sus territorios, asegurando su superviviencia. Con el paso del tiempo, los Ungooma se reunían en mentes mayores, en supermentes, muy parecidas a las actuales. Aquellas podían alterar recuerdos, un poder perfeccionado con las generaciones. Era muy conveniente, desde luego: aquellos que una vez se mostraron hostiles ahora ni recordaban que los Ungooma fuesen peligrosos, o que siquiera existiesen, y los dejaban tranquilos. Solo las grandes mentes-enjambre lo recordaban todo.  
Este nuevo poder había surgido por una simple razón: el miedo a su entorno y el cuidado que debían tener, visto que ya habían sido descubiertos una vez, y habían tenido suerte enmendando aquel error… a su manera. Eran excesivamente precavidos, rozando la paranoia, y lo que antes era un proceso muy selectivo acabó convirtiéndose en un arma de uso rápido. Alteraban cualquier recuerdo, cualquier sentimiento, con tal de evitar el conflicto y la segura aniquilación. Aunque tuvo un efecto secundario: cuanto más hurgaban en las mentes ajenas, más descubrían los Ungooma cosas que, de otra forma, no hubieran sabido.  
A medida que los territorios Ungooma se extendía por su mundo natal, sus enemigos iban perdiendo más y más recuerdos, los cuales los Ungooma almacenaban e inspeccionaban. Encontraban allí toda clase de descubrimientos y verdades que podían llegar a ser muy útiles en el futuro. De hecho, algunas de estas criaturas habían estado jugando con la posibilidad de abandonar su mundo natal, viajar a esos puntos del cielo que llamaban estrellas.  
El planeta iba a quedarse pequeño, pensaban las grandes mentes Ungooma. Y con sus enemigos perdiendo la memoria, acabarían por sabotear no solo sus vidas, sino también la de la propia especie Ungooma. El miedo a la extinción volvió a inundar las colmenas, no obstante, los recuerdos y pensamientos de las grandes barcazas capaces de desafiar la gravedad de su planeta y adentrarse en el Cosmos recorrían las cabezas diminutas que actuaban como neuronas de las supermentes. No podían seguir teniendo miedo, así que los Ungooma hicieron estos recuerdos suyos, y la curiosidad planetaria fue sustituida por una curiosidad galáctica.  
Pero otro miedo surgió al plantear las posibilidades del viaje sideral. ¿Qué encontrarían en sus incursiones interplanetarias, de llevarlas a cabo? ¿Encontrarían fuerzas hostiles? Las personalidades más cobardes tomaban el control en ciertos intervalos, haciendo que el miedo se volviese demasiado real… pero cuando las más audaces volvían, dejaban claro a todas las mentes del colectivo que no había nada que pudiera enfrentarse a su habilidad especial. Las personalidades menos decididas seguían cuestionando la eficacia de sus poderes con criaturas alienígenas.  
Hubo silencio durante un momento. Las mentes-enjambre de los Ungooma estaban constantemente zumbando y rugiendo con pensamientos, que estuvieran calladas resultaba de lo más extraño. Se planteaban dudas que no habían tenido en cuenta, y que podía afectarles. Aún tenían cosas en las que pensar. Pero siendo tantos y tantos Ungooma, alguno tendría la idea perfecta. A fin de cuentas, con tantas mentes pensando, alguna daría con la solución.  

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