sábado, agosto 13, 2005

"La Leona Furiosa: El comienzo", capítulo 3

Capítulo 3: General Fefnir

La Reploid de armadura marrón estaba rodeada por aquellos fríos muros grises de metal mientras seis Cazadores Pantheon se encontraban frente a ella. Los miró con detenimiento, estudiándolos con sus ojos rojos.

Aquellos androides estaban quietos, como esperando órdenes. No tenían personalidad alguna, no pasaban de ser simples marionetas humanoides con armadura azul y blanca. No poseían rostro, ni falta que les hacía falta a seres tan apáticos, sólo un gran orbe rojo que debía funcionar como receptor de información, un gran ojo de rubí totalmente siniestro. Recordó que los Pantheons habían sido creados para parecerse a X y así atemorizar a los que se opusieran a las órdenes del máximo mandatario de Neo Arcadia gracias a sus avatares. No le extrañaba que también les llamaran Droides X.
Los que tenía enfrente eran los denominados Cazadores. Ésta era la clase más básica de Pantheon. El brazo derecho había sido sustituido por un cañón de energía, capaz de disparar hasta tres balas a la vez. No eran precisos, pero con un amplio grupo de Cazadores Pantheon disparando se conseguía el efecto de miedo que se esperaría.

Tras mirarles, la Reploid levantó su brazo derecho, cubierto por la gran y oscura garra metálica, y comenzó a caminar hacia los androides. Cuando solo había dado tres pasos, comenzó a correr hacia los Pantheons.
Prácticamente a la vez, los Pantheons apuntaron a la Reploid, disparando contra ella. En una rápida reacción, la Reploid saltó sobre ellos y, nada más tocar suelo, destrozó a dos de los Cazadores Pantheon con un simple golpe de su garra. Los trozos de metal, cables y fluidos cubrieron el suelo y las armaduras de los cuatro Pantheons restantes, que se giraron para continuar su ataque contra su adversaria.
Ella los miró sin interés y se lanzó contra los Pantheons antes de que pudieran disparar, llevándose por delante a uno de ellos, dejándolo incluso más destrozado que a los dos anteriores Pantheons. Los últimos tres Cazadores dispararon toda su munición sobre la Reploid, pero ella conseguía esquivarles. Su velocidad era impresionante y, más aún, apenas sí necesitaba tiempo para reaccionar ante los ataques enemigos. Ni una sola bala de energía incandescente había rozado su cuerpo siquiera, todos aquellos disparos acabaron dejando marcas negras humeantes sobre los resistentes muros metálicos, pero nada más.
Harta de esquivar, se lanzó finalmente sobre los tres Pantheons restantes y acabó con ellos de un único y certero golpe que creó una media luna de muerte metálica. La fuerza del impacto fue tal que varios de los fragmentos de los Pantheons se estrellaron contra los muros, estallando y dejando sólo más trozos de menor tamaño desparramados por el suelo.

No había caído en la cuenta de que la pared de más al fondo tenía dos puertas, separadas una de otra varios metros. Ambas se abrieron, dejando que de cada una de ella salieran tres Pantheons.
Éstos eran idénticos a los Cazadores que había derrotado, pero con una significante diferencia: aquellos Pantheons eran del modelo Guardián, especializados en cuerpo a cuerpo, y su brazo derecho presentaba una pequeña espada de energía, muy útil para derretir metal y que constantemente crepitaba debido a la energía que la recorría.
Sonriendo confiada, la Reploid esperó a que los Guardianes estuviesen más cerca. Los miró, todos con la orden de acuchillarla con sus armas de energía. Ella levantó la garra como si tratara de burlarse de ellos. Claro que sabía que le iban a ignorar, más que nada porque aquello que tenía enfrente no eran más que marionetas, pero le divertía hacer un poco la tonta para despejarse.
Cuando sólo había un par de metros entre ella y los Pantheons, la Reploid corrió hacia ellos, pasando entre los Pantheons y atacando con su garra a tres de ellos. Todo ocurrió casi en un suspiro. Fue tan rápido que los tres Pantheons ni se habían enterado de que habían sido partidos por la mitad.
Ella se acercó a aquellos restos metálicos que una vez fueron Pantheons. Tras darle una ligera patada a una de las cabezas sesgadas, miró hacia el techo, mirando a la cámara que había sobre ella y dedicándole una pequeña sonrisa.

Los otros tres Pantheons se detuvieron y parecían observar a la Reploid. En realidad, habían recibido la orden de detenerse.

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- Sekhmet ha pasado la primera prueba, señor.
El pequeño operador Reploid señaló a la pantalla de su ordenador. Fefnir la miró, fijándose en la Reploid que miraba a la cámara. Sekhmet asentía con decisión a la cámara, sabiendo quién la estaba observando.

“Al menos no está tan apática como hace unos días”, pensó Fefnir mientras dedicaba una sonrisa socarrona a aquella pantalla.
- Bien, que comience la segunda prueba – le dijo Fefnir al operador -. Veamos si esa nena es tan buena como parece.

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Una puerta se abrió tras Sekhmet. La Reploid se preguntó cuántas de esas “puertas ocultas” habría en la habitación. Pero lejos de buscar respuestas, se fue directa a la puerta, pasando a la siguiente sala.
Sekhmet miró al suelo cuando descubrió que el duro metal de la anterior habitación había sido sustituido en esta nueva estancia por arena. La habitación era mucho más grande que la anterior y, excepto por la arena, era también un simple espacio cerrado entre paredes grises de metal.
En el centro de la estancia estaba esperando el segundo desafío de Sekhmet. Observó al Reploid humanoide, con rostro de chacal y apariencia faraónica, que la miraba sin apenas inmutarse. Sekhmet fue andando lentamente hacia él, mientras una extraña y larga vara surgió de entre la arena. El Reploid chacal no cogió la vara, sino que ésta se puso a girar a su alrededor.
- Tú debes ser Sekhmet… Permíteme que me presente: soy Anubis Necromancess III – Anubis cogió la vara y comenzó a levitar a unos centímetros del suelo mientras seguía hablando -: La Muerte nos rodea… y ha venido a por ti.

Anubis soltó la vara y ésta comenzó a girar mientras él se elevaba. De pronto, la vara salió disparada hacia Sekhmet. La Reploid se agacho y se deslizó hacia atrás, aun con la dificultad de la arena que la rodeaba, y consiguió esquivar el arma. La vara volvió a las manos de Anubis y el Reploid se impulsó hacia donde estaba Sekhmet, quedando por encima de ella, para, de nuevo, lanzar la vara contra ella.
Sekhmet volvió a esquivar la vara. Aprovechando que aquella arma volvía a Anubis, saltó con todas sus fuerzas y rozó a Anubis con la garra. El Reploid chacal se limitó a mirar las pequeñas marcas en su espinilla. Eran simples arañazos…

- ¿Es eso todo lo que sabes hacer? – la pregunta de Anubis no recibió respuesta -. Esperaba algo más que unos simples arañazos.
Anubis voló hacia atrás y alzó sus brazos. Las palabras que ahora salían de la boca de Anubis eran totalmente ininteligibles. No sabía que decía aquel chacal, pero Sekhmet intuía que no era nada bueno.
La arena alrededor de Sekhmet comenzó a agitarse. Sekhmet miró hacia abajo y consiguió apartarse al tiempo que dos figuras salían de la arena y trataban de agarrarle. La Reploid se quito de en medio a ambos con un simple golpe, destrozando a ambos atacantes. Sekhmet entonces vio qué eran…
Parecían androides, pero estaban bastante desmejorados, como corroídos por el óxido, presentando también varios destrozos en sus cubiertas que no tenían nada que ver con el golpe que Sekhmet les había asestado.
- ¿Zombis? – murmuró Sekhmet -. Así que no es sólo cosa de aquellas viejas películas del siglo XX…
Anubis se cruzó de brazos, como satisfecho por el descubrimiento de Sekhmet, pensando que eso no ayudaría en nada a la Reploid. Sekhmet volvió a saltar hacia él, con más fuerza si podía ser. No fue una cuchillada, pero sí un golpe seco con el antebrazo lo que sintió Anubis en el pecho.
Nada más sentir el pecho de Anubis contra el antebrazo de la garra, Sekhmet siguió empujando, pero de repente dejó de sentir la presencia de Anubis. Mientras caía al suelo, la Reploid observaba cómo caía arena hacia el suelo. Y Anubis no estaba en ninguna parte.
“Se ha convertido en arena… Por si no podía ser más raro”, concluyó la Reploid.

Sekhmet esperaba a que Anubis mostrara la cara, pero sólo había silencio. El chacal se había desvanecido, así sin más, sin dejar rastro.
Pero pronto Anubis tenía que actuar…

Dos grandes pilares de roca amarillenta, adornados con extraños símbolos rojos y rematados en su parte superior por amenazantes púas, surgieron de la arena, una frente a Sekhmet y la otra, tras la Reploid. Los pilares estaban lejos de ella, pero pronto esto dejó de ser así. Ambos pilares comenzaron a desplazarse por la arena, dejando grandes nubes de polvo tras ellas.
Sekhmet trataba de echarse a un lado y a otro, esperando que los pilares no hiciesen otra que seguir hacia delante y chocar entre ellos… pero se equivocaba. Los pilares la estaban siguiendo: si ella se echaba a la derecha, los pilares también; si lo hacía a la izquierda, más de lo mismo. Esto no podía entenderlo, pero otra cosa sí que estaba clara: si no conseguía evitar ambos pilares, éstos acabarían aplastándola.
La Reploid sólo vio una forma de evitar tan deshonroso final. Corrió hacia uno de los pilares, asegurándose bien de la distancia que quedaba entre ellos. Saltó hacia el pilar y una vez sus pies se posaron sobre él, Sekhmet se dio la vuelta y se impulsó hacia el otro pilar. Repitió varias veces la operación mientras los pilares estaban a escasísimos metros. Casi al límite, Sekhmet consiguió evadir las púas y dejar que los pilares chocaran y se derrumbaran debido al impacto, convirtiéndose en arena… arena que formó el cuerpo de Anubis.
- No te preocupes, chiquilla. Todavía tengo más trucos bajo la manga.
Tres nuevos zombis surgieron de la arena y rodearon a Sekhmet. No pudo hacer nada para evitar que aquellos zombis le agarraran. Podía ver cómo sus desfiguradas caras, con todos aquellos cables expuestos, se iban acercando a ella. Sólo podía pensar que, como los zombis de aquellas películas que recordaban, éstos tratarían de debilitarla y servirles de alimento, por así decirlo. Pero ella no se daba por vencida y alejó a uno de ellos de un empujón, liberándose, para encarar a los dos restantes. En un instante, la garra de Sekhmet había hecho trizas a los zombis. Algo la golpeó y ella se volvió para ver qué había sido.
Anubis cogió la vara, que acababa de golpear a Sekhmet, y rió ante ella.
- Todavía sigues decepcionándome, chiquilla. Voy a acabar con esto de una vez por todas…
Sekhmet no respondió y se lanzó al ataque. Anubis creyó que volvería a atacarle con la garra y trató de flotar hacia atrás, pero, en vez de eso, Sekhmet le agarró de la pierna derecha y le obligó a quedarse en el suelo. En cuanto Anubis tocó tierra, pudo fijarse en los ojos de la Reploid.
Lo que el Reploid chacal tenía enfrente eran dos grandes antorchas que ardían con furia. Anubis no podía entender por qué los ojos de Sekhmet tenían ese brillo infernal.
- ¿Qué clase de…?
Pero Anubis no pudo terminar la frase ya que la Reploid comenzó a atacarle. Anubis no pudo evitar ninguno de los tajos y patadas que le propinaba Sekhmet. La vara de Anubis quedó destrozada y Sekhmet lanzó a Anubis por los aires con un simple puñetazo.

Tras caer al suelo, Anubis se levantó, dispuesto a seguir con la lucha. Una puerta se abrió cerca de él en ese momento. Se volvió para observar al guerrero de piel bronceada y armadura magenta, con un gran pistolón acoplado a su brazo derecho, entrando en la sala.
- Ya te has divertido bastante, Anubis. Ahora me toca a mí… ¡Déjanos solos! – ordenó Fefnir.
Anubis asintió y se teleportó lejos de ellos. Fefnir alzó su pistolón de fuego, Sodoma, miró a Sekhmet y sonrió.
- Bueno, bueno, Sekhmet… Has vencido a Anubis, no está mal. Pero… ¿eres lo suficientemente fuerte y valiente como para poder con uno de los Shitennou, nena?
Fefnir apuntó y disparó su arma. Sekhemt ni tan siquiera trató de esquivar y la bola de fuego que había salido de Sodoma le dio de lleno. Dando un paso hacia atrás debido al impacto, Sekhmet se preparó para la lucha. Fefnir volvió a sonreír y disparó de nuevo.
- Phantom cree que eres buena… ¡pero sólo eres una novata! – exclamó Fefnir, mientras seguía disparando, comprobando que esta vez Sekhmet sí le esquivaba -. Mira, eso está mejor… Pero aún tienes que mostrarme cuánto has aprendido conmigo. ¡Por ahora sólo me muestras lo que un Pantheon sabría hacer mejor!
Sekhmet no respondió, pues estaba más concentrada en el aura que rodeaba a Fefnir. Ella no se movía, pero Fefnir comenzó a correr hacia ella. Agarró a Sekhmet con la mano izquierda y la alzó sobre su cabeza, poniendo a Sodoma bajo el pecho de la Reploid. Era extraño que no forcejeara, pero poco le importó a Fefnir en cuanto apretó el gatillo y se oyó la terrible explosión.
Había enviado a Sekhmet volando varios metros hacia arriba. La Reploid cayó al suelo con un estruendo. Y Fefnir le dio la espalda, totalmente decepcionado.
- ¡No has aprendido nada, estúpida! – gritó -. ¡Y ahora estás muerta! Hmm… ¿Y así es como finaliza el Proyecto S?
Justo en el momento en que se dirigía a la puerta, Fefnir oyó algo. Se dio la vuelta y comprendió lo que era: Sekhmet se estaba levantando…
- ¿Aún estás viva? Nadie sobrevive a ese ataque, así que puedes presumir de ser la primera – Fefnir se rió de su propio chiste y prosiguió -: Bueno, lo achacaré a la suerte… Y si quieres más, ¡yo te daré más!
Fefnir disparó dos veces y ambos ataques dieron en el blanco, pero no parecía que ninguno de ellos afectara a Sekhmet. Ella se limitaba a mirar al suelo, ignorando lo que ocurría a su alrededor y, también, ignorando lo que le ocurriera a ella.
A Fefnir no le gustaba que le ignorara y golpeó el suelo con su puño. Del lugar de impacto surgió una gran ola de energía que se dirigía hacia Sekhmet. La Reploid saltó sobre ella sin esfuerzo alguno y comenzó a moverse tan rápido que Fefnir no podía seguirla… hasta que Sekhmet se detuvo delante de él y ambos se miraron a la cara…

Fefnir no comprendía qué estaba pasando. De un momento a otro, los ojos de Sekhmet ardían con un fulgor rojizo que no había visto jamás. Aunque no le intimidara aquel brillo, Fefnir sabía que algo iba mal. Sekhmet gruñó y golpeó a Fefnir con la garra. Fefnir disparó, pero Sekhmet saltó sobre él, cayendo a espaldas de Fefnir.
Cuando se volvió para encarar a Sekhmet, Fefnir recibió de lleno el dorso de la garra. Se lanzó sobre ella y la agarró, pero Sekhmet se escurrió y le dio una patada a Fefnir en la cara. Al mismo tiempo, Fefnir había conseguido disparar su arma. Sekhmet cayó al suelo, con una nueva quemadura sobre su armadura.
Fefnir miró a Sekhmet unos instantes. Ella trataba de levantarse, pero cada vez que lo intentaba, Fefnir le daba una patada.
- ¡Al suelo! ¡No eres más que una novata!
- La has estado entrenando sólo durante una semana… ¿qué esperabas, imbécil?
De repente, toda la sala se oscureció. Fefnir buscaba el origen de aquella voz masculina, una voz que reconoció al instante. Pero seguía viendo sólo oscuridad, mientras Sekhmet permanecía quieta y atenta.
- Vale, Phantom, ¿y a ti qué mosca te ha picado? – preguntaba Fefnir a la profunda oscuridad -. ¿Es que quieres pelear conmigo? Esta vez, te machacaré.
- Bakayoarou… Estúpido, no pelearemos hoy – la voz de Phantom volvió a surgir de la oscuridad -. Quieres que ella sea como tú en una sola semana. Aún no conoces la paciencia.
La luz volvió y Phantom se mostró delante de Fefnir y Sekhmet. La Reploid miró con respesto al ninja y se levantó, aunque al final sólo consiguió quedarse arrodillada. Se quitó la garra del brazo derecho y la dejó frente a Phantom.
- Maestro Phantom, he fallado – dijo Sekhmet, inclinándose.
Phantom miró a Fefnir. Los dos estuvieron mirándose en silencio durante cerca de dos minutos. Sekhmet, aún arrodillada frente a Phantom, no dijo nada, respetando el silencio de ambos Guardianes.
Finalmente, Fefnir se volvió hacia Sekhmet y suspiró.
- Mira… No has fallado, chica – dijo finalmente Fefnir -. ¡Pero necesitas entrenar aún más! Ahora necesitas que te reparen. Y cuando estés en condiciones, ¡¡de vuelta a la sala de entrenamiento!! ¡¡Entrenaras duramente, debilucha, y luego tendrás más Pantheons tratando de patearte el culo!! ¡¡Y no quiero oír quejas o te derrito con Sodoma!!
Sekhmet no parecía intimidada ante estas palabras. Simplemente se levanto, cogiendo la garra, se inclinó y dejó solos a Phantom y Fefnir. El Reploid ninja aún miraba fijamente a Fefnir.
- ¡Eh, ninja, deja de mirarme así!
- A este ritmo vas a matarla – dijo Phantom -. ¿Acaso te puedes imaginar el enfado del Maestro X si la perdemos? Él confía en ella, así que ten cuidado, ¿entiendes?
- Eh, si ella es una debilucha, no es mi problema, ¿vale? Mira, ¡escucha! Puedo hacer de ella una buena guerrera en tres semanas, pero si quieres la máquina de matar más perfecta, voy a necesitar al menos tres meses para…
- Tienes sólo tres semanas. Y eso es todo.
Tras interrumpir a Fefnir, Phantom se fue de la habitación. Cuando estaba completamente solo, Fefnir se arrodilló y golpeó con la mano izquierda el suelo. El puñetazo había sido tan fuerte que creó un pequeño temblor alrededor de Fefnir.
- ¡Estúpido Phantom! Te crees que puedes decirme lo que debo hacer… Y esa estúpida niñata sólo traerá problemas. ¿Por qué confía en ella el Maestro X?
Fefnir alzó un poco la vista y empezó a recordar la batalla contra Sekhmet. Y, en concreto, recordó un momento de la misma…
- Había algo raro en ella. Sus ojos… ese brillo… ¿qué era?

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Minutos después…

- Precisamente te estaba buscando, Phantom – dijo Leviathan con una sonrisa, mientras se acercaba a Phantom -. ¿Qué estabas haciendo?
- Estaba observando la batalla de Sekhmet contra Fefnir. Ese idiota cree que ella va a estar a su altura en una semana.
- Bueno, ya sabes que Fefnir quiere luchar contra los más fuertes, ésa es su naturaleza – comentó Harpuia, acercándose a los dos.
- ¡Hola, Harpuia! – le saludó Leviathan. Phantom sólo asintió.
- El Maestro X vio la batalla – proseguía Harpuia – y está muy impresionado con Sekhmet, aun sabiendo que necesita entrenar.
- ¡No puedo esperar al momento en que se ponga bajo nuestras órdenes! – dijo Leviathan, totalmente emocionada -. Espero que no le tengáis miedo, chicos.
- Oh, por favor, Leviathan, deja de comportarte así – se quejó Harpuia -. Sólo es nueva, y ya está. ¿O no lo crees tú también, Phantom?
- Hai… - respondió Phantom.
Harpuia había notado algo en la voz de Phantom. Parecía que algo le estaba preocupando al ninja. Esto no dejó de sorprenderle a Harpuia y Leviathan sentía lo mismo.
- ¿Te pasa algo, Phantom?
- No es nada – contestó Phantom tranquilmanete -. Sólo es que tengo que ver cómo les va a los últimos reclutas de mi unidad.
- Bien… er… bueno, nosotros también nos vamos – Leviathan se acercó a Harpuia y le tiró suavemente del brazo -. ¿Verdad, Harpuia?
- ¿Huh? – fue todo lo que pudo decir el Guardián esmeralda.
Phantom se inclinó como despedida y dejó a Harpuia y Leviathan solos. La Reploid azulada soltó a Harpuia y se cruzó de brazos, viendo cómo Phantom se iba.
- Nos oculta algo – le dijo a Harpuia -. Nunca le he visto tan preocupado.
- Sí, pero no nos va a decir nada. Me temo que lo que le preocupa deberemos averiguarlo por nuestra cuenta.
- ¿Crees que tenga que ver con Sekhmet?
- Tal vez… - murmuró Harpuia.