lunes, abril 16, 2007

Cobardía (L5A)

Bueno, dentro de poco volveré con "La Leona Furiosa" y, esta vez, espero no tardar meses para poner un capítulo nuevo. xD

Mientras tanto, os dejo el relato que envié para el 5º concurso de relatos cortos de La Voz Akasha. Sí, ahí tenéis otro relato ambientado en "La Leyenda de los Cinco Anillos", pero en vez de centrarme en las Tierras Sombrías o el futuro Clan Araña me he decidido a hacer un relato con samurais del Clan León, por eso de que el tema del concurso era el honor.

Este relato tuvo el honor hasta ayer de ser el único que no recibió ni un voto. xD Si tenéis interés por leer el resto de relatos, visitad esta sección del foro de La Voz Akasha.

---

Cobardía

Akodo Masao confiaba en que nadie le encontraría, pero en cuanto había visto a aquellas dos figuras seguirle por el camino, sabía que su suerte se había acabado. Rápidamente se desvió del camino principal, yendo por entre los árboles en el lado izquierdo del mismo. Tras apenas un par de minutos avanzando rápidamente entre los árboles, se detuvo en un pequeño claro, volviéndose para ver dónde se encontraban sus perseguidores. Esperaba haberlos perdido, pero no era así.

En pocos segundos, apareció una mujer vestida con sencillas ropas de viaje de tonos marrones, tanto el kimono como la hakama, y un obi de color crudo. El mon Matsu se encontraba en la manga derecha del kimono de la samurai-ko y el del clan León era claramente visible sobre el lado izquierdo del pecho. Masao se llevó la mano al mismo lugar y apretó sus ropas con fuerza.

La recién llegada se llevó la mano izquierda al daisho y su mano derecha se acercaba lentamente a la empuñadura de la katana. Masao la miraba nervioso, pero trataba de ocultarlo a ojos de la Matsu. Sus ojos se desviaron de nuevo hacia los árboles cuando la segunda mujer, también una Matsu, llegó y se quedó a unos pocos metros de la primera. Masao volvió a mirar a la primera Matsu.

“Así que traes una testigo, Kaori-san,” dijo Masao, visiblemente más tranquilo, apartando la mano de su mon.

“Si no hubiese testigo alguno, tu afrenta quedaría impune, Masao,” Kaori asió con fuerza la empuñadura de su katana. “Cada segundo que pasa, la vergüenza que ha caído sobre tu familia y sobre todo el clan no hace más que aumentar…”

“¿Consideras salvar la vida una vergüenza?” Masao también llevó la mano a su katana. “Las fuerzas del Khan nos superaban, la muerte me rodeaba. En aquel momento no sabía qué hacer, pero valoraba mi vida, y…”

“Un León lucha hasta la muerte,” interrumpió Kaori, sacando finalmente la espada de la vaina. “Un León nunca duda, y menos cuando hay que luchar por defender el trono…”

“Un trono vacío,” apuntó Masao. “¿Piensas defender un trono vacío? Pero dime, Kaori-san… Si un León lucha hasta la muerte, tú que estuviste en la misma batalla, en el mismo campo de muerte, ¿cómo es que sigues con vida?”

Kaori había entendido perfectamente aquellas palabras y sus rasgos se endurecieron.

“Ésa es una acusación muy grave por tu parte.” Kaori se había puesto en posición mientras hablaba. “Mientras tú huías como el cobarde que eres, fui herida en batalla, pero seguí luchando hasta el final. Sobreviví, sí, porque los Kami querían darme la oportunidad de limpiar la mancha que has dejado en el clan. Y esa oportunidad ha llegado.”

Masao no dijo nada, desenvainó su espada y se preparó para lo que estaba por venir. Ella le acusaba de ser un cobarde que no era capaz de luchar dando su vida. Él pensaba dejarle claro que se equivocaba.

Ambos se miraron a los ojos directamente, sin vacilar. Sólo habían pasado unos segundos, pero parecían minutos antes de que se lanzaran el uno contra el otro. Y en pocos segundos ambos filos quedaron bañados en sangre. Pero sólo uno de los contendientes seguía respirando después de aquello.

La punzada de dolor hizo que Matsu Kaori soltara la katana llena de sangre. Se llevó la mano derecha al costado, cayendo de rodillas. Su compañera se acercó rápidamente y se inclinó a su lado. Kaori hizo un gesto para que no se preocupara por su herida e inclinó un poco la cabeza hacia atrás. Akodo Masao yacía en el suelo bocabajo, en un creciente charco de su propia sangre. Kaori suspiró aliviada al comprobar que había cumplido su cometido.

No hay comentarios: