jueves, febrero 23, 2006

La luz de las tinieblas (L5A)

Bueno... tras una larguísima ausencia, dentro de un tiempo (espero que lo más pronto posible) volverá "La Leona Furiosa". Mientras tanto, os dejo este mini-relato de La Leyenda de los Cinco Anillos que he presentado para el concurso que organiza La Voz Akasha. Como es de L5A, sólo los que están metidos en el tema lo entenderán.

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La luz de las tinieblas

Daigotsu Yaiba continuó andando por los pasillos, oscuros como la obsidiana, del Templo del Veneno, hasta que finalmente llegó a una puerta. Algunos de los Chuda que se encontraban allí miraban con extrañeza al bushi. Él los ignoraba mientras los shugenja murmuraban. Llevaba días viniendo al Templo del Veneno y ellos no sabían exactamente qué llevaba a un Daigotsu a hacer tan frecuentes visitas al hogar de los Chuda.

Tras abrir la puerta, Yaiba se quitó la jingasa mientras entraba en la estancia, revelando así su largo cabello del color de la ceniza y las marcas que la Mancha de las Tierras Sombrías había dejado en él. Sus ojos carmesí, reflejo de su oscura alma sedienta de sangre, rodeados por grandes ojeras, examinaban la pequeña habitación a la que acababa de llegar. Se pasó la mano por la frente, notando los pequeños cuernos que habían surgido en su frente y que solía ocultar con su jingasa, como si todavía no terminara de aceptar su nueva naturaleza.
Volvió a mirar la estancia. Aquí había residido su propio mentor, Chuda Kaarosu, éste fue su rincón de meditación durante años, antes de caer durante el último gran golpe que los Portavoces de la Sangre asestaron contra Rokugan. Y ahora era él, Daigotsu Yaiba, quien ocuparía aquella habitación como última voluntad de aquel hombre que enseñó al bushi un limitado control del maho.
Dejó la jingasa a un lado mientras se arrodillaba. Puso sus manos sobre sus rodillas y respiró profundamente. Cerró los ojos. Volvió a respirar y se quedó todo en silencio…


Finalmente, tras un largo tiempo de meditación, se levantó. No había avanzado nada en absoluto, pero Yaiba no se sintió en absoluto defraudado. Sabía que aquel camino, el camino de la “iluminación” del que oyó hablar cuando era un simple yojimbo llamado Shiba Yaiba, era muy duro, pero no pararía hasta obtener resultados, no importaba el tiempo que invirtiera. Aunque, en el fondo, sabía que no tenía todo el tiempo que deseaba.

- Demasiado tiempo pasas meditando, Yaiba-san – dijo una voz joven y femenina mientras el bushi salía de la estancia.
Yaiba se volvió y observó a la Chuda de piel blanquecina y corto cabello oscuro que se acercaba. Su insinuante cuerpo estaba cubierto por una túnica negra con motivos de serpientes en blanco. Los ojos oscuros de la Chuda miraron con complicidad a los ojos rojos de Yaiba. El bushi bajó la cabeza y sonrió confiado.
- Sólo quería estar tranquilo, Ryoko-sama – respondió finalmente Yaiba -. Quiero tener la mente despejada.
- Por supuesto – Ryoko acarició lentamente la cara de Yaiba -. Pero dime: ¿qué quieres conseguir tratando de buscar el camino de la iluminación?

Yaiba apartó con cuidado la mano de Ryoko de su rostro y la sujetó mientras contestaba:

- Ryoko-sama, eres la única que sabe por qué he venido a este lugar durante estos días y por qué seguirá siendo así durante un tiempo… Creo que, de alguna manera, el camino que pienso encontrar y recorrer pueda ayudarnos. Que pueda darnos la victoria sobre Kyoso y la Fauce… ¡y también sobre Rokugan!
- Lo dices como si conocieses el secreto de la iluminación - Ryoko sonrió burlonamente -, cuando no comprendes ni tan siquiera el significado de esa palabra.

Ryoko se apartó lentamente y se alejó de Yaiba, sin dejar de mirarle. Una sonrisa burlona se mostraba en el rostro de la Chuda.
- De todos modos, has de saber que el camino de la iluminación es un camino solitario, Daigotsu Yaiba. Si estás dispuesto a seguirlo, ya sabes a qué atenerte…

Yaiba se quedó mirando a Ryoko mientras ella se alejaba, hasta que la Chuda entró en una de las habitaciones. “El camino de la iluminación es un camino solitario”. ¿Realmente iba a seguir una senda que sólo él caminaría? ¿Qué decisión debía tomar? Aún pensando en ello, avanzó lentamente hacia la entrada del Templo del Veneno. Se puso la jingasa y comenzó a bajar las escaleras. Daigotsu Yaiba no se dio cuenta de que los curiosos y preocupados ojos de Chuda Ryoko aún le seguían observando...