domingo, junio 11, 2006

"La Leona Furiosa: El comienzo", capítulo 10

Bueno, ¡La Leona Furiosa está de vuelta! Siento mucho los retrasos y siento mucho que más de uno haya decidido no seguir con esto y tal... Mea culpa. ^^U

De todos modos, los exámenes están acabándose, así que tendré más tiempo libre para mis cosas... incluido este fic. Así que espero que la cosa se normalice y pueda seguir con la historia de nuestra querida/odiada/ignorada Sekhmet. ^^U

¡Vamos allá!

Capítulo 10: El demonio escarlata

Ya habían pasado dos meses desde el incidente de la misión de infiltración y desde que Sekhmet comenzó su segundo entrenamiento con Phantom. Durante ese tiempo también había podido poner a prueba sus habilidades de infiltración, satisfaciendo las expectativas de Phantom, y siguió ejerciendo como sargento dentro de las Fuerzas de Tierra. Se había convertido en una luchadora aún más temible. No sólo era bastante fuerte, sino también rápida e inteligente, conocedora del terreno en el que se movía y de a quién se enfrentaría… era una auténtica leona al acecho en las misiones que se le encargaban.
Y en todo momento contó con el apoyo de Xenirr, su única amiga de verdad en el mundo utópico y, en cierta manera, hipócrita de Neo Arcadia.

Las dos se encontraban en ese momento en la sala de mandos, mientras el teniente Khano, un Reploid tigre corpulento y de semblante serio, explicaba a los soldados los detalles de la misión que tenían entre manos. Khano era un ser arrogante, pero sabía hacerse respetar entre los soldados. Pero ni Sekhmet ni Xenirr se dejaban intimidar por él. Especialmente Sekhmet: despreciaba en absoluto la forma en que Khano dirigía a sus tropas. Casi parecía que condujera esclavos hacia la muerte en vez de llevar a un grupo de soldados a la batalla, a que den todo lo que tienen por su patria y por la paz. Para Khano, los soldados eran poco más que montones de chatarra; para Sekhmet, eran personas. Ahí radicaba la diferencia.

- Según la información obtenida por el Departamento de Espionaje, conocemos aún más planes de la Resistencia – decía Khano, con tono marcial, mientras aparecía un mapa en el proyector de hologramas. Señaló un punto en concreto del mismo -. La doctora Ciel, una de los líderes de la Resistencia, y varios soldados rebeldes se encuentran en una expedición en estos bosques.
El mapa se fue ampliando hasta presentar una representación a escala bastante próxima a la realidad de una serie de ruinas antiguas. Por el aspecto, debía ser un antiguo laboratorio abandonado. Khano señaló esa sección.
- Hemos de evitar que lleguen a la puerta principal del complejo. Las Fuerzas de Tierra se encargarán de esto. Vosotros, soldados, daréis apoyo a los Pantheons que enviaremos para capturar a la doctora Ciel. Junto a la fuerza principal, enviaremos un pequeño grupo de Golems. Y recordad: aunque los humanos que apoyen a los rebeldes merecen el mismo trato que los Reploids Irregulares, hemos de capturar a la doctora Ciel con vida. ¡¿Habéis entendido?!
- ¡¡SEÑOR, SÍ, SEÑOR!!

Desde una distancia prudencial, Sekhmet y Xenirr habían escuchado toda la arenga, casi sin inmutarse. Aunque las dos estaban molestas por ver a Khano creerse en la cima del mundo, pero si alguien estaba realmente enfadada con Khano ésa era Xenirr.
- ¡¿Departamento de Espionaje?! ¡¿De qué va?! La Unidad Zan’Ei no es un Departamento de Espionaje. Maldito Khano y su ego de mier…
- Ni caso, Xenirr, ni caso. Khano no va a cambiar en la vida – Sekhmet se apoyó sobre la pared -. Bien, otra vez más comandaré la Escuadra Alfa, así que debo reunirme con los demás. Por cierto… no has olvidado lo que te dijo Phantom, ¿verdad?
- Que sí, que sí, que me acuerdo. Ya te lo he dicho tres veces. Ciel no escapará de mí mientras sus compañeros caen ante nuestras fuerzas.
- Pero no puedo creer que alguien tan joven pueda causar tantos problemas… Es sólo una adolescente… ¿Cuántos años tiene? ¿Catorce? ¿Dieciséis? Es una chica demasiado joven como para liderar un grupo como la Resistencia… como para ser enemiga de Neo Arcadia…
- Lo más importante de Ciel no es su edad – le interrumpió Xenirr -. Tú misma lo has dicho: es de la cúpula de la Resistencia y se ha convertido en una poderosa enemiga de Neo Arcadia. Es nuestro deber capturarla, pues… Y no te preocupes, Sek, que esto va a ser pan comido.
- No cantes victoria, Xenirr. No sabemos qué pueden estar tramando los rebeldes. ¿Por qué querrían ir a esos bosques? Algo me dice que esto no saldrá bien…
- ¿Qué pueden hacer esos rebeldes contra Neo Arcadia? Tú diriges la Escuadra Alfa y yo iré a capturar a Ciel… ¡será sencillo!
- Puede que tengas razón… - Sekhmet se incorporó y dio unos pequeños golpes en la espalda a Xenirr -. Ya lo discutiremos después. No podemos retrasarnos.
- ¡Cierto, tenemos que detener a los rebeldes! – mientras los dos se alejaban, cada una hacia su destino, Xenirr miró hacia atrás -. ¡Ah, Sekhmet! ¡Mucha suerte!
- ¡Gracias… e igualmente!

Pero Sekhmet sabía que iban a necesitar más que suerte en esa ocasión… No podía determinar como lo sabía. Simplemente tenía esa sensación… No podía encontrarle lógica alguna.

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Sekhmet llegó al gran transporte, donde los soldados y los Pantheons de la Escuadra Alfa ya estaban esperándola. La Reploid, vestida con su característico traje marrón y portando su garra, observó la escuadra mientras sus integrantes la saludaban. Sekhmet suspiró levemente antes de entrar.
Todavía estaba preocupada. Sabía que había algo raro en todo esto, pero no podía precisarlo. Necesitaba saber qué era lo que le preocupaba. Tal vez fuese la charla que tuvo con el Dr Grant sobre esta misión. El científico le había comentado algo sobre un secreto oculto en aquellas ruinas. Sekhmet le había pedido detalles, pero Sergeus se había negado a contar nada más… sólo le dijo que lo que allí se encontraba podría jugar un papel de gran importancia en esta guerra.
Tal vez la respuesta no se la tuviera que dar Sergeus… tal vez la respuesta fuese aquello que se encontraba en las ruinas.

El transporte despegó, siguiendo al resto de naves que ya se habían puesto en marcha. El destino: las ruinas del bosque que habían sido indicadas en la reunión previa. Según el sistema de navegación de las naves, llegarían al lugar en menos de veinte minutos. Entonces sería cuando la misión realmente iba a comenzar.

“Mejor debería relajarme” se decía para sí Sekhmet. “Esto va a ser complicado…”

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- Será mejor que descansemos un rato antes de proseguir – dijo uno de los soldados de verde a sus compañeros.
El pequeño grupo de la Resistencia se detuvo pues, pero ello no impedía a sus integrantes mantenerse alerta. La Resistencia siempre ha vivido con la amenaza de Neo Arcadia acechando en cualquier rincón, tras cualquier puerta e incluso tras cada árbol de un bosque… como aquel bosque.

El soldado de mayor rango se acercó a la supuesta líder del grupo. Era una muchacha joven de cabellos rubios recogidos en una cola de caballo y vestida con un sencillo traje rosa. Se encontraba mirando en una dirección concreta cuando oyó al soldado Reploid llamarla. Ella se volvió, preocupada.
- No me gusta esta idea, Ciel – dijo el soldado -. No me parece prudente detenerse ahora. No sabemos si los tipos de Neo Arcadia ya estarán pisándonos los talones. Si no nos movemos… Cielo santo… no quiero ni imaginármelo…
- Lo sé, Milan, pero no podemos tampoco cansarnos demasiado. Entiende que…
Ciel no había terminado de hablar cuando la pequeña luz rosa se aproximó a ella. De cerca, se podía adivinar en aquella luz una pequeña figura humanoide, vestida de rosa oscuro y parecida a un hada, volando alrededor de Ciel. El Ciberelfo se puso entre Ciel y Milan. La muchacha sonrió al verlo.
- Eres tú, Passy – Ciel se acercó un poco más al Ciberelfo -. ¿Has descubierto algo más sobre él?
- Estamos cerca, puedo sentirlo – respondió Passy -. Pero he visto varias naves acercándose al bosque. Algunas incluso estaban aterrizando. No hay duda: Neo Arcadia sabe que estamos aquí.
- ¡Te lo dije, Ciel! – exclamó Milan -. Hemos de darnos prisa. Hemos de despertarle, él es nuestra única esperanza. ¡No podemos esperar más!

Milan no esperó a la respuesta de Ciel y ordenó al resto de soldados de la Resistencia que retomaran la marcha. Todos los soldados cogieron sus armas y continuaron andando. Ciel y Passy se miraron unos segundos, asintieron y siguieron a Milan, quedando los tres al frente del grupo.

Milan tenía razón: no había tiempo que perder, debían darse prisa.

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Los transportes habían aterrizado al fin. Las puertas de las aeronaves se abrieron de par en par, dejando que una gran cantidad de Pantheons salieran de ellas y empezaran a tomar posiciones. Tras ellos, bajaron los soldados Reploids, colocándose tras los Pantheons. Los oficiales fueron los últimos en salir, incluyendo a Khano, Xenirr y Sekhmet.
El último transporte, el mayor de todos, había abierto sus puertas, dejando ver lo que se encontraba en su interior. Varios soldados fueron los primeros en observar los veinte enormes robots en una larga fila. Estos impresionantes robots gigantescos, con rostros inexpresivos y casi de piedra, eran los Golems, las unidades de apoyo pesado de Neo Arcadia. Aun estando desactivados, si impresionaban bastante a los propios soldados de Neo Arcadia, nadie podía imaginarse el efecto que provocarían en las tropas rebeldes cuando estuvieran activos. Al menos eso era lo que los soldados de Neo Arcadia se atrevían a pensar.

Sekhmet volvió a suspirar mientras observaba la Escuadra Alfa. Tantas personas yendo tras un pequeño grupo de la Resistencia. Era ridículo: casi dos mil personas entre todas las escuadras, y eso sin incluir los Golems, irían tras poco más que una docena de rebeldes o incluso menos. Un esfuerzo totalmente desperdiciado.
Pero ya estaban allí, no podia dar media vuelta sin más.
- Bien… ¡Escuadra Alfa, en marcha! – ordenó a sus soldados, disimulando su preocupación inicial.
La escuadra comenzó a internarse lentamente en las profundidades del bosque. Los Pantheons, como la carne de cañón que eran, iban en la primera línea, dejando que los soldados Reploids y algunos pequeños robots arácnidos estuvieran tras ellos. Sekhmet se encontraban entre estos grupos bien diferenciados, asegurándose de dirigir los movimientos de ambos.

La Reploid miraba a su alrededor, no perdiendo detalle alguno del bosque en el que se encontraban. Podía ver que algunos de esos árboles eran naturales, pero muchos de ellos resultaban ser artificiales o una mezcla de ambos. Era un bosque extraño, como otros muchos bosques cercanos a Neo Arcadia. Todos ellos eran una curiosa mezcla de naturaleza y tecnología, una mezcla que ahora rodeaba a la escuadra. Ella era la única que se fijaba en ese detalle, pues sus soldados sólo se preocupaban por alcanzar su objetivo. Tal vez estaban acostumbrados a realizar misiones en ambientes así que no prestaban atención a ello, pero para Sekhmet era no novedoso, pues ya había estado en lugares así, pero sí interesante… y raro.
Había algo más que los demás no habían notado. Sekhmet vio los dos ojos dorados que la miraban. La figura a la que pertenecían los ojos asintió y continuó su camino, desapareciendo de la vista de Sekhmet rápidamente. Sabiendo que Xenirr no iba a tener problemas, Sekhmet continuó avanzando junto a su escuadra.

Pasado un cuarto de hora y sin encontrar novedad, Sekhmet comenzó a pensar que tal vez estuviesen yendo por el camino equivocado. O tal vez otras escuadras ya estaban encargándose de los rebeldes. Pero si fuese esa segunda opción, debería haber recibido algún mensaje de los demás oficiales. Y eso no había ocurrido durante, precisamente, el cuarto de hora que llevaban caminando. Eso hacía que Sekhmet se inquietara: no podia soportar la idea de que los rebeldes tomaran ventaja del error que habría cometido la escuadra al perderse por ese bosque.
Pero la sorpresa llegó cuando los Cazadores Pantheon comenzaron a correr más rápido que el resto de androides y soldados. Los Pantheons habían alzado sus armas y no dudaron en disparar. Sekhmet se apresuró a adelantarse al resto de la escuadra y observar qué habían encontrado los Cazadores.
No había duda: era el grupo de la Resistencia que habían estado buscando. Al menos eran varios soldados de la Resistencia, pero Ciel no podía estar lejos. Había pensado en lo peor, pero la Dama Fortuna le había sonreído esta vez.
- Ya los tenemos… - Sekhmet sacó el pequeño comunicador y comenzó a informar -: Teniente Khano, aquí la sargento Sekhmet. Hemos encontrado a los rebeldes. Procedemos a abatirlos y a capturar a la doctora Ciel.
- Recibido, sargento – contestó Khano por el comunicador -. Enviaremos refuerzos a la zona.
- ¡No hacen falta refuerzos, teniente! Podemos ocuparnos nosotros…
- ¡Mandaremos las unidades Golem para apoyar a su escuadra, sargento! – la voz de Khano era autoritaria y no dudaba en interrumpir a Sekhmet -. ¡Envíe sus coordenadas, sargento!
- ¡He dicho que no necesitamos refuerzos, teniente!
- ¡¡Sargento Sekhmet, haga lo que le he dicho AHORA!!
Enfadada consigo misma y con Khano, Sekhmet no tuvo más remedio que enviar las coordenadas mientras su escuadra avanzaba cada vez más rápidamente tras el grupo de la Resistencia. Los árboles les obligaban a aminorar la marcha, lo que suponía una ventaja para los rebeldes, que siendo menos numerosos tenían menos problemas con los obstáculos. Sekhmet trataba de encontrar a la líder rebelde, pero la confusión y los Pantheons no le dejaban ver en qué parte del grupo rebelde se encontraba Ciel.

Minutos después, el sonido de las unidades Golem aproximándose a la zona anunciaba la llegada de más fuerzas de Neo Arcadia. Los soldados rebeldes más rezagados fueron los primeros en tener que enfrentarse al gran número de soldados Pantheon y Reploid. Esto no les sorprendía en absoluto, ya habían luchado con ellos en otras ocasiones… pero no esperaron el apoyo de las unidades Golem.
El miedo que infundían aquellos enormes robots se fue propagando rápidamente y los soldados rebeldes sólo podían observar horrorizados los rostros inexpresivos de aquellos monstruos. De pronto, la boca de uno de los Golems se abrió y de ella surgió un rayo verdoso que apuntó hacia los rebeldes rezagados. Los cuerpos mutilados de los soldados debido al contacto con el letal láser caían al suelo y los Pantheons pasaron sobre ellos, pisoteándolos sin piedad y acelerando el paso.
Los soldados de Neo Arcadia pronto alcanzaron al grupo de Pantheons. Y cuando llegaron tres nuevos Golems, Sekhmet se había quedado detrás de la Escuadra Alfa.

Lo que había detenido a Sekhmet era la masacre de la que había sido testigo.
Pero pronto notó una presencia familiar y dejó de mirar el horror de aquellos cuerpos mutilados. La Reploid lince Xenirr salió de entre los árboles, preocupada por la actitud de su compañera.
- Sek, ¿qué pasa? ¿Por qué te has quedado ahí quieta?
Sekhmet volvió a observar los cuerpos, sin responder. Tras el silencio, por fin habló:
- ¿No lo has visto? El horror… el miedo… aquellos rebeldes tenían miedo. Nos temían… - cerró los ojos y prosiguió -: Son nuestros enemigos, pero ellos son como nosotros… ¿No has…?
- ¡Sekhmet, son Irregulares, son enemigos de Neo Arcadia! Nuestras acciones están justificadas: estamos librando al mundo de esta escoria.
Aquellas palabras no habían conseguido animar a Sekhmet. Es más, parecía que la así llamada Leona Furiosa no se creía lo que su compañera decía. Xenirr volvió a mirar a Sekhmet y comprendiendo que sus razonamientos no servían para que su compañera cambiara de opinión, la Reploid lince volvió a desaparecer entre los árboles. Sekhmet no se sorprendió… de todos modos, Xenirr debía adelantarse y tratar de capturar a Ciel. Era su parte en la misión.

La misión… Recordándolo, Sekhmet se apresuró en seguir el camino, aún con las imágenes de la matanza que había presenciado en su mente. Sekhmet debía estar segura de que todo esto acabaría sin problemas… y, esperaba, sin tener que presenciar otro espectáculo macabro.
A pesar de la gran garra que portaba en el brazo derecho, Sekhmet seguía siendo mucho más rápida que un Reploid de combate normal, y más gracias al segundo entrenamiento con Phantom, y no le costó mucho alcanzar al grupo principal de Neo Arcadia. A su paso, el bosque iba siendo poco a poco reemplazado por otras estructuras, similares a ruinas. No debían tener más de un centenar de años y pronto la figura de un edificio se presentó frente a ella. ¿Era ése el lugar a donde se dirigían los rebeldes?

“Ya les he encontrado”, pensó Sekhmet cuando estaba a sólo un par de metros del soldado más cercano.

Sekhmet se detuvo bruscamente cuando oyó la explosión. Extrañada, se apresuró en ponerse a la cabeza del grupo, cosa que consiguió en pocos segundos. En la primera línea de fuego, formada por Cazadores Pantheon, tenía una visión muy clara de lo que había pasado… Había un gran muro bloqueando el paso y varios cadáveres de rebeldes y Pantheons en el suelo… todos alrededor de un agujero humeante.
- Informe de la situación – dijo Sekhmet a uno de los Pantheons.
- Los rebeldes han abierto una brecha en el muro, sargento – respondió el Pantheon, resaltando lo obvio -. La doctora Ciel está dentro.
- Entonces avanzad… recordad vuestra misión…
“… Pero espero que no haya más muertes”, así terminó la frase Sekhmet en su mente, sin que nadie la escuchara.

Los Pantheons comenzaron a introducirse por el agujero. Entraban en pequeños grupos, pero cada uno pasaba rápidamente por el agujero. Sekhmet estaba cerca de dicho agujero, tratando de ver qué era lo que estaba pasando al otro lado antes de entrar en acción. Pero los Pantheons bloqueaban el paso y apenas sí podía verse algo.

Mirando hacia arriba, sus ojos se cruzaron con los de Xenirr. La Reploid lince se sujetaba como podía a las paredes, mientras sigilosamente se iba acercando al agujero. Xenirr se dejó caer cerca de Xenirr. Sekhmet miró el agujero y luego a su compañera.
- Me temo que llegas tarde, Xenirr – dijo Sekhmet con sorna -. Los Pantheons te están haciendo todo el trabajo.
- Esos muñecos no sabrían atarse ni el cordón de los zapatos… si los tuvieran. Además, no creo que tengan oportunidad alguna si el Reploid escarlata se despierta.
- ¿Reploid escarlata? ¿De qué hablas?
- No tenía que haberte dicho nada, Sek… y no pienso contarte el resto.
- No, amiga mía… Nada de guardar secretos entre nosotras. Creo que me debes una explicación acerca de ese Reploid escarlata…
La discusión se interrumpió cuando ambas oyeron el grito de un hombre, seguido por la voz de una mujer gritando algo. Sekhmet creyó entender “¡Milan!” y apostaba a que la chica que había gritado tras el hombre era Ciel.
Sí: aquello provenía del interior y los Pantheons habían dejado de entrar. Estaba claro que el grupo de Pantheons que ya había dentro era más que suficiente. Pronto todo acabaría… y Xenirr no quería perder más tiempo, así que rápidamente se coló en el interior del edificio, dejando a Sekhmet sola.
Sekhmet se asomó por el agujero, todo lo que podían permitirle los Pantheons. Pero en ese mismo momento, una luz blanca procedente del interior la cegó e hizo que se echara hacia atrás, tapándose la cara con la garra. La luz se desvaneció al cabo de unos segundos y Sekhmet volvió a ver qué ocurría al otro lado…

Una figura solitaria cubierta por una armadura ligera roja se encontraba enfrente del pelotón Pantheon que había conseguido entrar en el edificio y casi inundado por las aguas. Se podía ver que era un hombre, aunque su cabellera rubia recogida en una larga cola había hecho creer a Sekhmet que era una mujer. A un par de metros de la figura se encontraba Ciel, que estaba incorporándose.

“¿Es ése el tipo del que hablaba Xenirr?”

El Reploid escarlata cogió una pistola del cuerpo sin vida de un soldado de la Resistencia que estaba a pocos centímetros de él. Sekhmet pudo ver que Ciel estaba diciéndole algo al Reploid, pero no podía oír qué era aquello. El Reploid rojo parecía confuso, tanto o más que los Pantheons que estaban dentro y no atacaban al nuevo Reploid. De pronto, el Reploid rojo reaccionó y aunque los Pantheons ya estaban apuntando, los que estaban en primer lugar cayeron fulminados por los disparos del Reploid rojo. El inesperado ataque hizo que más Pantheons comenzaran a pasar por el agujero.
Sekhmet no pudo hacer nada contra la marabunta y se quedó a varios metros del agujero, sin saber qué ocurría… y sin saber si Xenirr estaba bien…

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- Zero, por favor… ¡Sálvame! –
gritó Ciel cuando el Reploid escarlata había cogido el arma de Milan… de su amigo, que había caído protegiéndola... pidiendo a aquel extraño al que Passy, a costa de su vida, había despertado de su letargo, que le salvara.

El Reploid rojo estaba confuso. Había cogido el arma por curiosidad, pero esa chica rubia le estaba llamando por un nombre, Zero, y le pedía que le salvara. Alzó su vista hacia los androides que estaban esperándoles. Eso era lo que se interponía entre él, la chica y la salida.

- ¡Sálvame! – gritó de nuevo Ciel.

Zero no tuvo más tiempo para pensarlo, asintió y apuntó con su arma. Los Pantheons vieron al silencioso Reploid dispuesto a luchar, pero no pudieron reaccionar a tiempo. Los Pantheons más cercanos habían caído fulminados por disparos precisos. Ciel se sintió aliviada de que Zero estuviera protegiéndola, aunque no soportaba tener que ver aquella batalla. Había visto demasiados muertos, Milan había caído protegiéndola… y ahora tenía que huir de allí, dejando el cuerpo de Milan y los cadáveres de los demás compañeros allí. No le gustaba la idea, pero seguramente ellos le habrían pedido que se salvara y no se preocupara por ellos.
Decidida entonces, Ciel comenzó a correr tras Zero, que seguía avanzando y disparando a los Pantheons que aparecían.
Zero se detuvo y miró hacia arriba.
- ¡Detrás de mí! – le ordenó a Ciel.
Los nuevos Pantheons seguían disparando, pero eso a Zero no le importaba: había algo mucho peor encima de ellos.
Su pistola disparó repetidamente hacia arriba, hacia una zona en sombras. Cada disparo era respondido por un grito femenino procedente de las sombras. Zero se detuvo y volvió a disparar a los Pantheons. Mientras tanto, algo caía al suelo inundado de agua.
Ciel se sobresaltó al ver el cuerpo de un ser felino caer al agua, pero Zero le agarró del brazo.
- No se levantará – dijo el Reploid escarlata -. ¡Ahora sígueme!

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Sekhmet se encontraba en medio de un caos absoluto. Los soldados Reploid se apresuraban en dirigirse a ayudar a los Cazadores Pantheon, al igual que los Guardianes Pantheon. Sekhmet sólo escuchaba disparos por todas partes y sólo veía Pantheons caer muertos al suelo. Los soldados Reploids disparaban sus armas, pero un relámpago rojizo se lanzaba hacia ellos, hiriendo gravemente a unos, matando al resto. Sekhmet pudo ver al misterioso Reploid escarlata avanzando y aniquilando lo que se encontraba a su paso, con Ciel siguiéndole por detrás.
Sekhmet los vio, pero desde donde ella estaba ni Zero ni Ciel se habían dado cuenta de la presencia de la Reploid vestida de marrón. Además, el llamado Zero estaba más preocupado por avanzar y evitar los ataques de los enemigos más cercanos y Ciel sólo podía permitirse seguir a su salvador y no perderlo de vista.

Pero… ¿Qué pasaba con Sekhmet? ¿Por qué no había salido a detenerles? No estaba tan lejos de ellos, aunque hubiese muchos soldados y Pantheons por delante. Pero en vez de lanzarse a capturar a Ciel o a combatir a ese misterioso Reploid escarlata, ella se quedaba en su sitio. La realidad era que la demostración de fuerza de aquel Reploid rojizo la había dejado estupefacta: jamás había visto semejante poder destructivo, ni siquiera en sus propios ataques de ira Sekhmet había sido tan brutal.
Lo que veía no era un Reploid de combate cualquiera. Aquello era un demonio escarlata… un demonio contra el que, por ahora, no tenía oportunidad alguna de vencerle en combate.

También los Reploids que aún conservaban alguna esperanza de sobrevivir sólo podían observar cómo Zero y Ciel seguían corriendo, sin que nadie pudiera detenerlos. Uno de los soldados se acercó a Sekhmet y le preguntó qué estaba pasando y qué harían ellos.
Ella miró a lo que quedaba de la escuadra. Todo esto le recordaba al incidente del desierto hacía un par de meses. No, aquello era peor: esta vez la masacre de su escuadra había sido obra de un único Reploid, no de un grupo de rebeldes. Y esto era una vergüenza para Neo Arcadia…
- … Ya se encargarán los refuerzos de esto – dijo al fin, queriendo olvidar el tema, y dirigiéndose a la sala de la que aquel demonio había salido.

Sekhmet entró en la sala. Caminó despacio por el suelo inundado, observando los cadáveres de los Pantheons. También vio un único soldado rebelde caído. Se acercó a él para examinarlo con detalle. Había recibido varios impactos de bala, pero parecía haber resistido durante bastante tiempo. Lo que le extrañaba era que no llevara ningún arma. Luego recordó que el Reploid escarlata llevaba una pistola de modelo buster. ¿Tal vez había cogido el arma del soldado caído? Era posible, pero no podía permitirse ponerse a pensar sobre detalles tan tontos.

Lo que realmente le había llevado hasta aquí estaba flotando a pocos metros de ella. No había visto aquel cuerpo antes, tal vez demasiado preocupada viendo los Pantheons y el rebelde caídos. Extrañada, se fue acercando lentamente. Y a medida que iba acercándose, la expresión de su rostro pasaba de la curiosidad al horror.
Se arrodilló, más bien dejó que su cuerpo cayera sobre sus rodillas. Se quitó rápidamente la garra del brazo y dio la vuelta a aquel cuerpo sin vida. Las formas felinas ya la habían delatado, pero Sekhmet se negaba a creerlo, tenía que ver su rostro.
Pero cuando lo vio, ya no podía aferrarse a ninguna esperanza. Ya no podía hacer nada… salvo gritar.

- No… no puede… no puede ser… Xenirr… Xenirr… No… Esto no… ¡¡¡¡¡NOOOOOOOOOOO…!!!!!

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Tres horas más tarde...

Sekhmet mandó el informe de la misión. No podia entender cómo un simple Reploid había destruido un gran número de androides y soldados sin recibir daño alguno. Incluso en los informes preliminares se comprobó que había destruido una unidad Golem. Algo imposible para cualquier otro guerrero. ¡Y además había conseguido huir con Ciel!
Pero lo que más le preocupaba era la muerte de Xenirr. No había esperanza esta vez… no había forma de reparar este cuerpo ni de crear uno nuevo para ella. El daño era realmente devastador, todos los disparos habían sido demasiado precisos. Incluso la base de datos y la memoria de Xenirr resultaron gravemente dañadas… mejor dicho, debido a todo el daño no quedaba nada de aquellos datos. Y el impacto de bala en la frente sólo era una prueba de ello.
Xenirr se había ido para siempre. Y todo por culpa de Zero.

Zero... El nombre de aquel Reploid rojizo vino a la mente de Sekhmet. El teniente Khano lo mencionó varias veces por los comunicadores y al final de aquella desastrosa operación.
¿Y qué había hecho ella, mientras los Pantheons y los soldados caían, mientras Xenirr yacía inerte en el suelo inundado? Ella sólo observaba, ni tan siquiera se lanzó a por Zero. ¿Por qué tanto miedo? ¿No debía servir a Neo Arcadia hasta la muerte? Pero ella misma sabía perfectamente que no tendría oportunidad alguna contra Zero. No creía que debiera morir en vano. Morir en vano no sería la mejor forma de servir a la nación que quería proteger.
- Aprecias tu vida, no es nada extraño – comentaba el Dr Grant, observándola.
El joven científico estaba ayudando a Sekhmet con sus reparaciones. Había escuchado atentamente a Sekhmet mientras ella iba comentándole los pormenores de lo que había sido un total fracaso. El humano se volvió hacia ella y suspiró.
- Siento lo de tu amiga… pero no quiero que te vengas abajo por eso. La vida continúa, unos vienen y otros se van. Así son las cosas… Tú sigues viva, ¿verdad? Eso es lo que debe importarte.
- Hablas como si Xenirr fuese una mascota… o peor… un juguete – Sekhmet se veía claramente molesta por el comentario de su creador -. Era mi amiga… y ese Reploid la mató a sangre fría. Y he fallado a Neo Arcadia…
- ¿Ibas a lanzarte a una muerte segura sólo por detener a ese Reploid? ¿Ibas a tirar tu vida a la basura por pura fe ciega en unos ideales como los de Neo Arcadia? – y añadió casi en un rumor -: Si es que de verdad esta sociedad tiene ideales…
- Pero…
- Sekhmet, no te culpes de esto. Dime, ¿qué habría pasado si hubieses salido al paso del Reploid? Seguramente habrías muerto como Xenirr. Dime… ¡¿habrías querido eso?!

Sekhmet se quedó callada. Su mente volvió al pasado, en concreto a la segunda misión en la que ella y Xenirr participaron, cuando recogieron aquella información sobre las bases de la Resistencia. Sekhmet recordó también qué le decía a su compañera cuando Xenirr estaba gravemente herida, después de haber luchado contra varios soldados de la Resistencia. Aún recordaba lo que iba a decirle a Xenirr antes de que sonaran las alarmas… antes de que la interrumpieran.
- Es cierto que hemos de servir a Neo Arcadia incluso sacrificando nuestras vidas, pero… La mejor forma de servir a Neo Arcadia… es permaneciendo con vida… y luchando por lo que creemos. Eso era lo que intentaba decirle a Xenirr hace bastante tiempo.
- Entonces sabrás aplicártelo a ti misma, ¿verdad? – Sergeus esbozó una leve sonrisa -. Has de seguir con vida. Es lo que yo quiero… lo que tú quieres… lo que todos querrán. Eres un ser vivo… puede que seas una Reploid, pero ¿qué importa ser un animal, un humano o un Reploid? Siempre quieres saber qué vendrá después… siempre querrás vivir… y ver el final...
Sekhmet bajó un poco la cabeza, pensativa. Mostró una pequeña sonrisa, pero pronto se desvaneció de su rostro.
- ¿Crees que volveré a encontrarme con ese demonio rojo?
Sergeus suspiró de nuevo antes de contestar:
- Me temo que sí… Si va a ayudar a la Resistencia, me temo que lo veremos en varias ocasiones. Me gustaría hablarte de él más a fondo, pero para ello debería ir a la base de datos para asegurarme sobre la realidad que esconden los rumores acerca de este Zero.

Sekhmet finalmente se despidió de Grant, esperando encontrarle al día siguiente. Sergeus aún tenía que revisar la garra y ver si podía introducirle alguna mejora.
El joven científico observó a Sekhmet marcharse. Se volvió hacia la garra y se llevó las manos a la cabeza.

“Zero, el Reploid legendario. Creía que había muerto décadas atrás, pero parece que no es así… y que la Resistencia lo necesita. Pero… ¿será capaz de luchar contra X, contra el que había sido su amigo desde hacía casi un siglo? Si lo hace, entonces es que habría alguna razón para apoyar a la Resistencia. Una razón para abandonar este falso paraíso llamado Neo Arcadia…

¿Por qué tengo el presentimiento de que el gobierno oculta algo? No lo sé… Pero si hay algo que no se nos quiere mostrar, estaré dispuesto a encontrarlo. Aunque… si lo descubro… y si quisiera abandonar finalmente Neo Arcadia… ¿qué será de Sekhmet? ¿Cómo la convencería de que abandonara este lugar? ¿Me creería?

… No sé… Ella tiene un sueño… y le prometí que no me entrometería… He de mantener la promesa que le hice… incluso si no es lo correcto.”

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