lunes, abril 03, 2006

"La Leona Furiosa: El comienzo", capítulo 9

Capítulo 9: El lobo, la leona y el lince

El Reploid chacal observaba el gran Reploid licántropo encerrado en la vaina transparente de tonalidades verdosas. Anubis se mostró bastante impresionado cuando Sekhmet y aquella soldado, Xenirr, le enseñaron aquel soldado de la Repliforce. Y ahora se encontraba sin palabras. No sabía que la Repliforce había alcanzado un nivel de tecnología realmente impresionante para aquella época. El siglo XXII quedaba bastante atrás en el tiempo, especialmente comparándolo con los avances hasta la época actual. Pero este soldado de la Repliforce era una muestra de las sorpresas que aquel “lejano siglo” podía aún ofrecer… a pesar de tener delante un modelo de Reploid tan obsoleto.

Anubis miró la pantalla que tenía enfrente, justo debajo de la cápsula del licántropo. Mostraba el número de serie del Reploid, el LUP-640. Lo único que sabía es que las unidades LUP habían sido exclusivas de la Repliforce durante toda su existencia, aunque nunca imaginó que llegaran a un número de serie tan alto.
Se fijó en otra pantalla, que mostraba la condición del Reploid. Anubis se volvió de nuevo a la cápsula. El cuerpo del Reploid licántropo estaba seriamente dañado e incluso, tal y como afirmaba la pantalla, había sufrido bastantes daños en los bancos de memoria. Era posible reparar a este Reploid, pero llevaría bastante tiempo. Además, Anubis no sabía qué utilidad se le podría sacar.

Una figura vestida con una armadura magenta entró en la sala y caminó hasta situarse al lado de Anubis. El hombre de tez morena miró la cápsula también y sonrió confiado.
- Así que éste es el Reploid que se encontraron tus chicos en el desierto, ¿eh? – dijo Fefnir, aún sonriendo.
- Es un modelo bastante antiguo, aunque he de admitir que es bastante impresionante – respondió Anubis a su superior -. Sekhmet dijo algo sobre el virus Sigma… Pero no hay rastro de ese virus en este Reploid. Sólo es parte de esa leyenda urbana sobre la Repliforce… De todas maneras, este Reploid...
- Sé que si se repara podría entrar en activo – Fefnir interrumpió a Anubis, completando lo que iba a decir -. Será un buen añadido para nuestras fuerzas – Anubis no pudo evitar sorprenderse ante las palabras de Fefnir -. Sí, así es, Anubis: tenemos permiso para reparar este lobo. Las antiguallas de la Repliforce nos son bastante útiles en estos días, y este tipo también lo será. Sus reparaciones comenzarán de inmediato. Hemos de dejar boquiabiertos a Harpuia y su estúpido ejército. Y por supuesto, hay que enseñarle a Leviathan quién manda.
- Me temo que sería muy prejudicial que esto se convirtiera en un asunto personal, mi general.
- Anubis… ¿Cuándo aprenderás que esos tipos de las Fuerzas Aéreas y Marítimas deben saber quiénes son los que mandan? Y si te preguntas por la Unidad Zan’Ei, son una panda de perdedores. Por cierto… ¿y nuestra cachorrilla?
- ¿Se refiere a Sekhmet? Pues hace poco que salió en una misión para Phantom.
- Phantom, ¿eh? Ese idiota… - murmuró Fefnir -. Por cierto, miré los datos de combate de Sekhmet en su primera misión. Interesante, aunque podría mejorar. Sekhmet sobrevivió a cerca de cien disparos, algo imposible para otros Reploids… Y parece ser que su ira aumentaba a medida que recibía más impactos… Hmm… Una auténtica guerrera berserker.

Fefnir se quedó mirando la cápsula y luego las pantallas. No creía que el Reploid licántropo estuviera tan dañado como los datos de las pantallas confirmaban. Aunque no le importaba la gravedad de los daños ni el tiempo que tardarían en repararlos siempre y cuando el Reploid estuviera totalmente arreglado.
- Y casi lo olvido, señor – dijo de pronto Anubis -. He estado buscando información sobre la nueva recluta, Xenirr. Parece que trabaja para la Unidad Shinobi.
- ¡¿De qué hablas?! ¿Me estás diciendo que Phantom ha enviado a su peculiar niñera para cuidar de Sekhmet? ¿Para observar sus progresos? ¡¿Y que se ha colado en nuestro ejército?!
- Phantom también está interesado en el potencial de Sekhmet, es lógico que enviara a una de sus agentes a la Escuadra Alfa. Es una infiltrada de la Unidad Zan’Ei y no nos dimos cuenta. Sé que es una vergüenza, pero en aquel momento no pudimos hacer nada. Y no creo que ahora tampoco podamos…
- ¡Es culpa tuya, Anubis! ¡Eras el responsable de esa misión! Phantom pagará por esto… Y tú, Anubis, ¡más cuidado la próxima vez! Te salvé la vida en el pasado, y tú lo compensaste jurándome lealtad. Pero no perdono a los idiotas por sus errores…

---

- ¿Cuánto te llevará, sargento? – preguntó Xenirr mientras Sekhmet aún seguía observando la pantalla.
- ¿Cuántas veces te he dicho que no me llames “sargento”? – dijo Sekhmet en voz baja, aunque ésta reflejaba su molestia sin problemas -. Sólo llámame Sekhmet, por favor. Eres de la Unidad Zan’Ei, yo soy sargento en las Fuerzas de Tierra, aunque pueda trabajar para cualquier otra sección. Y además, dudo que merezca ese rango.
- Como quie…
Pero justo cuando Xenirr estaba hablando, Sekhmet había alzado su mano derecha, con intención de interrumpirla. Ahora Sekhmet se encontraba concentrada en la pantalla, observando los números a la izquierda. Era un porcentaje que iba incrementándose lentamente. Esta lentitud hacía que Sekhmet mirara hacia arriba y hacia abajo con bastante nerviosismo. Xenirr podía sentir la impaciencia de Sekhmet. Sólo podía ir a la puerta cerrada que habían dejado atrás y coger su pistola buster.
- Bueno, esos tipos todavía no nos han descubierto – murmuró Xenirr -. Deben ser sordos o ciegos… o estúpidos…

85... 86...

- Venga, vamos… vamos… - decía Sekhmet en voz baja.

87... 88...

Xenirr comenzó a oír entonces varios pasos que procedían de detrás de la puerta. Miró su pistola y luego a Sekhmet. Se echó hacia atrás, acercándose a su compañera de mission, sin quitar ojo a la puerta.
- Me temo que pronto tendremos… compañía. Necesitas tiempo, ¿no, Sekhmet? Pues yo te daré un par de minutos…
Sekhmet no respondió. Seguía mirando con detenimiento la pantalla, centrándose sobre todo en el porcentaje. Sólo apartó un momento la vista para mirar la consola que había bajo la pantalla y luego vio que el número 90 se encontraba en la pantalla.
Alguien trataba de abrir la puerta. Xenirr se colocó justo delante de ésta, con lo que Sekhmet quedaba justo detrás de ella. Apuntó con la pistola buster a la puerta y comenzó a oír voces del exterior. Al mismo tiempo, el número mostrado en la pantalla era el 92.
La puerta se abrió y un soldado de la Resistencia entró en la habitación. Lo primero y ultimo que vio nada más entrar fue a Xenirr disparando a matar. El cuerpo sin vida del Reploid cayó al suelo, pero eso no impidió que una decena de Reploids de la Resistencia entraran en la habitación. Muchos para Xenirr, pero ella no iba a dejarse intimidar mientras se intercambiaban disparos.
Sekhmet estaba concentrada aún, pero sabía que ya no quedaba tiempo. Varios disparos habían impactado cerca de los monitores y ella pronto podría recibir uno de esos disparos. El porcentaje por fin parecía aumentar con mayor velocidad.

98... 99... 100% COMPLETO

La unidad de disco de la consola se abrió. Sekhmet cogió rápidamente el disco, lo guardó en uno de los bolsillos del traje y se volvió, lista para huir.
Xenirr estaba tirada en el suelo, herida por los impactos de bala. Aunque ‘sangraba’, Xenirr aún seguía teniendo fuerzas para mantenerse en pie y disparar a los soldados. Pero Xenirr se quedó de rodillas finalmente… momento que aprovechó Sekhmet para saltar sobre ella y hacia los soldados.
Los Reploids de la Resistencia cambiaron rápidamente de objetivo. Sekhmet cruzó los brazos delante de su cara, como si con eso pudiera protegerse de los disparos, y dio una patada a uno de los soldados. Efectivamente, sus brazos, aun sintiendo el impacto de las balas, habían resistido y el Reploid de la Resistencia había visto cómo su torso era atravesado por el pie de Sekhmet.
Sekhmet cogió la pistola del soldado y disparó al resto de los Reploids. Horrorizados ante aquella mujer de larga cabellera castaña que había resistido las balas y que había derribado a uno de los suyos de una simple patada, trataron de huir, pero Sekhmet demostró que no sólo era buena con las armas de cuerpo a cuerpo. Sus tiros fueron certeros y uno a uno los soldados caían inertes.
Se llevó la mano al bolsillo donde había guardado el disco. Temía que se hubiera estropeado o, peor aún, roto durante la pequeña batalla. Pudo comprobar que estaba en perfectas condiciones. Suspiró aliviada, pero el alivio desapareció cuando se fijó en los rostros de algunos de los caídos. Horror. Un único sentimiento expresado casi con unanimidad por aquellos cadáveres. Viendo aquellos rostros, Sekhmet se podía hacer a la idea de la cara que tenía ella cuando comenzó a enfrentarse a los soldados… y hasta ella misma sintió el miedo de aquella visión.

Pero ahora no podía preocuparse de ello. Su compañera, Xenirr, estaba en el suelo, moribunda, mientras aquel líquido parecido a la sangre humana seguía escapándose de su cuerpo. Sekhmet se apresuró a ayudar a Xenirr a levantarse.
- Debemos darnos prisa… ¡Aguanta, Xenirr! Ahora no estás en condiciones de luchar y hemos de salir de aquí lo más rápido posible. Pronto vendrán más soldados.
- No… No te preocupes, Sekhmet – respondió Xenirr, escupiendo un poco de ‘sangre’ -. No te preocupes por mí… Si muero… quiero que sepas… que fue un honor luchar a tu lado y ayudarte a que esta misión…
- ¿De qué hablas? ¡No vas a morir! Es cierto que hemos de servir a Neo Arcadia incluso sacrificando nuestras vidas, pero…
Sekhmet no pudo terminar la frase. Había oído algo fuera de la habitación. Aún ayudando a Xenirr a mantenerse en pie, las dos Reploids salieron al pasillo. No había nadie, pero el sonido de las alarmas resonaba por todo el complejo. Ya no tenían tiempo: debían abandonar el lugar inmediatamente.
Fue entonces cuando cayó una pequeña bola desde el techo. Sekhmet miró hacia arriba y descubrió la figura humanoide y oscura. Aunque sujeto al techo, se dejó caer de pie justo entre las mujeres y la esfera. Las dos reconocieron la figura al instante, especialmente por la peculiar máscara que cubría su rostro. Ambas pudieron observar el destello rojizo de sus ojos cuando las miró.
- Phantom-sama... – había pronunciado Xenirr con una voz casi imperceptible.
La pequeña bola estalló, dejando escapar una grande y espesa humareda que ocultó a los tres Reploids. Cuando los soldados de la Resistencia llegaron, se encontraron con el humo. Y cuando éste se dispersó, las intrusas y su salvador habían desaparecido.

---

Sekhmet entregó el disco de datos a Phantom. El Reploid ninja lo observó sin mucho interés y lo dejó en una mesa cercana. Hanumachine se encontraba cerca de su maestro. El Reploid mono se acercó a la mesa y cogió con cuidado el disco.
- ¡Uke! ¡Aquí está toda la información de las bases de la Resistencia! – exclamó Hanumachine -. Parece que realmente has hecho un buen trabajo, Sekhmet.
- Gracias, Hanumachine – la Reploid se inclinó, recalcando su agradecimiento -. Pero Xenirr también me ayudó… y lamento no haberla ayudado yo antes…
- ¡Eh! Al menos sigue viva. Vale, sí, necesita unas pocas reparaciones, pero no deberías preocuparte por ella – Hanumachine se acercó a Sekhmet mientras jugueteaba con el disco -. Los miembros de la Unidad Zan’Ei son duros, y…
- Os dije que no debíais dejar que os descubrieran – Phantom interrumpió a Hanumachine -. Teníais los datos, pero si no llega a ser por mí, las dos habríais muerto.
- Lo… Lo siento, Maestro Phantom. Y sé que Xenirr se sentirá igual que yo – Sekhmet volvió a inclinarse -. Los sistemas de seguridad de la Resistencia eran más complicados de evadir y sabotear de lo previsto. Hicimos lo que pudimos.

Phantom miró a Hanumachine. El Reploid mono dejó de juguetear con el disco, volviéndolo a coger con delicadeza, y se marchó de la habitación. Phantom y Sekhmet se habían quedado solos. Y Phantom se mostraba bastante decepcionado con la actitud de Sekhmet.
¿Qué era lo que pasaba realmente? Los dos se miraban fijamente, sin que ninguno dijera nada. Sekhmet se sentía incómoda ante los ojos de Phantom, unos ojos que concentraban la rabia y la decepción del shinobi.
- ¿Esperaba más de mí, verdad, Maestro Phantom? – finalmente Sekhmet había roto el silencio. Phantom sólo asintió -. Y ahora Xenirr…
- Sobrevivirá… Pero no debes preocuparte por ella, sino por ti – Phantom se cruzó de brazos mientras seguía hablando -: Cuando Xenirr me enseñó el informe de tu primera misión, pensé que lo estabas haciendo bien, que al igual que dirigiendo tropas y luchando contra el enemigo habías demostrado tu valía, también podrías demostrarla con la infiltración y el espionaje. Pero estaba equivocado…
- Los sistemas de seguridad de la Resistencia…
- Tal vez fuese una mala idea entrenarte con cada sección de las fuerzas de Neo Arcadia. Necesitas una mayor especialización en según qué áreas… Dominas el combate y el liderazgo sin problemas, así que debes mejorar la infiltración. A partir de mañana entrenarás como parte de la Unidad Zan’Ei.
- ¡¿Qué?! Pero… no puede hacer eso.
- Lo sé… Sirves a todos y a nadie. Pero has de mejorar en algunos aspectos. Volveré a entrenarte, así también tendrás tiempo para practicar tus habilidades de combate. Y me mostrarás resultados satisfactorios en cuanto finalicemos este nuevo entrenamiento. Esta vez… No quiero que falles.
- Sí, Maestro Phantom… Esta vez… No fallaré.

---

Una semana después…

Tras terminar otra sesión de entrenamiento, Sekhmet se dirigió a su aerodeslizador para volver a casa. Antes de que pudiera subirse, vio a una Reploid acercarse a ella. Sekhmet se quedó extrañada ante la Reploid, cuya forma recordaba a la de un lince con brillantes ojos dorados, y pequeñas y afiladas garras. La Reploid lince llevaba un traje ajustado negro y una chaqueta azul. Sekhmet se quedó mirándola con curiosidad mientras la Reploid lince seguía caminando hacia ella con total tranquilidad.

- ¡Eh, Sekhmet! ¿Te gusta mi nuevo aspecto?
Sekhmet abrió mucho los ojos en cuanto reconoció la voz de la Reploid. La verdad es que su cuerpo podría tener otra forma, pero era ella, sin lugar a dudas. Esa voz no era difícil de olvidar…
- ¿Xenirr? ¿Pero cómo…?
- Una historia bastante larga, en serio. Como sabes, mi cuerpo quedó muy dañado. Podría sobrevivir, sí, pero ahí terminaría mi carrera. Y yo no quería eso: si iba a seguir viviendo, sería sirviendo a Neo Arcadia, no postrada en una silla o a saber dónde. Soy miembro de la Unidad Zan’Ei.
Sekhmet escuchaba atentamente a Xenirr. La Reploid lince se apoyó en el aerodeslizador, teniendo cuidado con las pequeñas garras, mientras seguía hablando:
- Tomé la decisión de que, si mi viejo cuerpo no iba a servir al propósito que yo perseguía, necesitaba otro nuevo. Transferir los pensamientos, el alma por así decirlo, de un Reploid de un cuerpo a otro es un proceso complicado que puede suponer incluso la muerte para el paciente. Pero fue mi decisión, no me iba a echar atrás: si no podía ser, si no podía tener en nuevo cuerpo, prefería morir honorablemente a vivir sin poder seguir con el grupo que me ha visto nacer y crecer – se incorporó de nuevo y giró sobre si misma -. Y fíjate: ahora estoy vivita y coleando.
- Ya lo veo, pero…
- ¿Te preocupa todo lo que he tenido que pasar? Este nuevo cuerpo es mejor que el antiguo, aunque lo echo de menos, en serio. ¡Vale, antes era más guapa, pero lo importante es que estoy de vuelta a la acción!
Lo único que pudo hacer Sekhmet fue sonreír tímidamente y bajar un poco la cabeza. Xenirr se acercó a ella, visiblemente preocupada.
- Oye… Hanumachine me contó lo que pasó con Phantom-sama. Siento mucho todo lo que estás teniendo que pasar ahora, Sekhmet.
- No debes disculparte – la sonrisa de Sekhmet era un poco más amplia y sincera -. No ha sido tu culpa. Phantom tiene razón, debería especializarme no sólo en combate y liderzgo… También debo hacerlo en infiltración... Infiltración… Infiltración… No debo fallar a Phantom...
- Mira, piensas en positivo… ¡eso es bueno!
- Lo es. Pero, a pesar de que haya cosas en las que mejore… hay otras… otras que no entiendo… Algo que no puedo controlar…
- ¿Es que hay algo más que me quieras contar? – había preguntado Xenirr, pero Sekhmet no dijo nada. Xenirr miró el reloj que llevaba en su muñeca -.¡Argh, vaya! Será mejor que me largue. Se suponía que debería estar en una misión ahora mismo. ¡Ya nos veremos y podremos seguir charlando otro día!
- Sí... Ya nos vemos, Xenirr.
Xenir se fue por la puerta que Sekhmet había dejado atrás hacía varios minutos. Sekhmet se volvió hacia el aerodeslizador, subió y lo puso en marcha.

“Puedo mejorar mis habilidades… Puedo sobrevivir lo que para otros Reploids significaría la muerte… Pero hay algo que no puedo hacer… No puedo detener mi ira. Y tengo miedo de ello.”

Sekhmet detuvo el aerodeslizador y miró hacia arriba.

“Mientras hablaba con Xenirr, no pude evitar recordar nuestra misión… ni tampoco olvidé las imágenes de esos soldados… sus rostros, llenos de terror… vinieron a mi mente. Esas imágenes de rebeldes huyendo, aterrados ante mi presencia, siguen en mi mente… No sé hasta qué punto podré soportarlo. ¿Cómo puedo ser tan cruel? Puede que sean Irregulares… Y que mi misión sea detener a los Irregulares… Pero… ¿es éste el camino?”

Aún preocupada, volvió a poner en marcha el aerodeslizador, dirigiéndose a la zona residencial.

“Ahora sí que estoy confusa…”

1 comentario:

-Girouette- dijo...

Hola... soy nueva ... me encanta tus histrioas .. Estan Geniales... es mas casi estoy terminando de leerlas ..pero me falta leeer el Demonio Escarlata ... pero cada ves que entro al link... me dice que no se encuentra la entrada T_T