martes, julio 26, 2005

"La Leona Furiosa: El comienzo", capítulo 2

Capítulo 2: Maestro Phantom

Aquel paisaje era una copia exacta de las altas montañas de la Antigua China, un lugar lleno de calma, idóneo para relajarse tras el duro trabajo.

Así parecía pensar Sekhmet. La Reploid había dejado el bosque de bambú cercano a una pequeña cascada. Se acercó a esta, depositando la gran garra metálica a un lado mientras se arrodillaba con cuidado. Una vez de rodillas, puso las manos sobre sus muslos y cerró los ojos. Y, aunque los Reploids no necesitaban de aire como los humanos, comenzó a respirar profundamente, como si ello le ayudara en su relajación.
Aunque más que eso, lo que de verdad le ayudaría sería el sonido de la cascada que tenía en frente y el piar de los pájaros que volaban sobre ella. Todo era adecuado, especialmente después de la última sesión de entrenamiento con Phantom. Necesitaba calma… algo que también se le exigía en su preparación.

A varios metros de ella, una pequeña figura se fue acercando lentamente, hasta quedarse a bastantes metros de ella. El Reploid con apariencia de mono blanco observaba la escena y sentía la misma paz que Sekhmet. Esa paz que no le permitió saber que había alguien detrás de él hasta el momento en que le dieron un golpe en la cabeza.
El Reploid mono se dio la vuelta para ver quién le había golpeado. Al saber quién había sido, se inclinó ante él y volvió a mirar a Sekhmet, que no parecía haberse percatado de nada.
- La distracción es una peligrosa debilidad – comentaba Phantom mientras se ponía al lado del otro Reploid -. Y se supone que eres uno de mis mejores guerreros, Hanumachine.
- Lo… lo siento, Phantom-sama - Hanumachine miró a su maestro y volvió a inclinarse -. Pero no podía evitar mirarla. Ha estado aquí durante un mes… ¿Por qué una simple soldado tiene que ser instruida por uno de los grandes Devas?
- Sekhmet no es una simple soldado. ¿O es que no recuerdas su combate con Phoenix Magnion?
- ¿Uke? Magnion es débil, Phantom-sama, no creo que…

Phantom no dejó que Hanumachine terminara su frase. Comenzó a andar hacia Sekhmet, de forma tan silenciosa que nadie pudiese oír dar sus pasos. Incluso Hanumachine simplemente le veía andar, pero no escuchaba ni uno de sus pasos. Casi parecía que se hubiese creado una burbuja de silencio alrededor de Phantom.
El Reploid ninja se iba acercando lentamente a la pequeña cascada, con su mano derecha sobre la empuñadura de su fiel kodachi. Hanumachine, sorprendido ante lo que hacía su maestro, se limitó a observar la escena, para ver qué pasaría a continuación. Tenía sus sentidos alerta, antes cualquier cosa que pudiera ocurrir, pero su atención se centraba en aquellos dos Reploids…

Al poner el pie sobre la roca más cercana a la cascada, Phantom comenzó a acercarse lentamente hacia donde estaba Sekhmet. Se podía sentir lo relajada que aquella Reploid se encontraba. Cualquiera podría decir que su relajación le impedía notar la presencia de Phantom a pocos metros de ella. Ni tan siquiera abrió los ojos cuando Phantom se puso delante de ella, aún sujetando con la mano la empuñadura de la kodachi.
Phantom miró de nuevo a Sekhmet, que seguía sin inmutarse. Bajó un poco la cabeza y cerró los ojos y sentía cómo el agua de la cascada caía sobre él, empapándolo. Notaba como parte de aquella agua caía sobre sus hombros y cómo trataba de escurrirse por dentro de su casco.
Volvió a abrir los ojos, para mirar a Sekhmet una vez más antes de que su kodachi saliera de su funda. La espada se estaba dirigiendo rápidamente hacia Sekhmet en un arco letal en apariencia imparable.
Pero casi antes de que Phantom hubiese sacado su espada, Sekhmet ya estaba lista. Cogió la garra que tenía cerca de ella y la empleó para bloquear la kodachi de Phantom. El sonido del choque entre metales rompió con la tranquilidad y el silencio que momentos antes había visto Hanumachine en aquella escena. Toda relajación había terminado. Ahora, Sekhmet y Phantom se miraban a los ojos mientras empujaban sus armas el uno contra la otra.

Hanumachine no tenía la certeza de qué pasaría a continuación, pero pensaba que aquella muchacha que Phantom había estado entrenando durante cerca de un mes no podría derrotar a su maestro tan fácilmente. El Reploid mono se acercó a la pequeña cascada y subió por las rocas, para así tener una mejor vista del forcejeo. Siguió subiendo hasta llegar a unas rocas por encima de Sekhmet y Phantom.

Sekhmet se incorporó, aún empujando su garra contra Phantom y su kodachi. Su intención era hacer que Phantom cayese a la cascada y, con ello, declararse vencedora de aquel pequeño forcejeo entre ambos.
Phantom, por supuesto, no estaba dispuesto a dejarse vencer. Seguía empujando su, aparentemente, frágil espada contra el duro metal de la garra que ahora Sekhmet sujetaba con ambas manos.
Algo extraño notó Phantom en la mirada de Sekhmet. Aquellos ojos rojos habían adquirido un nuevo brillo. Era algo que Phantom no había visto antes. Ese brillo era casi el de la sangre fresca, algo que le hizo preguntarse que pasaba con Sekhmet. Pero recordó sus propias palabras: “la distracción es una peligrosa debilidad”. No iba a dejar que aquel extraño fenómeno le hiciera ceder.
La presión hacía que Phantom se echara un poco hacia atrás. Tenía intención de engañar a Sekhmet, de forma que se confiara y siguiera empujando; así, él se apartaría y Sekhmet caería en la cascada. Pero ella había averiguado sus intenciones. Dio un paso hacia delante, pero la presión no aumentó, de forma que la estrategia de Phantom quedó anulada. La garra aún seguía venciendo al kodachi… Y parecía que Phantom estaba satisfecho de ello.

Por encima de ellos, Hanumachine los observaba. Estaba muy nervioso, viendo cómo su maestro parecía ceder ante una novata. Había incluso pensado en saltar sobre Sekhmet para ayudar a su maestro, pero sabía que Phantom se habría enfadado y la tomaría con el Reploid mono por su intromisión. Hanumachine sabía lo importante que era para Phantom un duelo mano a mano… eso no quitaba, sin embargo, que le preocupara que su maestro pudiese ser derrotado por una principiante.

- Muy bien… hemos acabado. Deja de empujar…
Pero Sekhmet ignoraba las palabras de Phantom y seguía empujando. Al igual que el truco que la habría podido llevar a la cascada de cabeza, Sekhmet también conocía este otro. Se lo había hecho Phantom días antes: obedeció a Phantom y dejó de empujar, momento que aprovechó el Reploid ninja para darle una patada en toda la cara. Era una lección que había aprendido y no pensaba olvidarla.
Phantom volvió a repetir la orden, pero seguía sin hacer caso. No iba a dejar que Phantom le engañara otra vez. Tras la tercera vez, Phantom vio que realmente había aprendido el secreto del truco.
El Reploid ninja sonrió y asintió. Lentamente, ambos dejaron de empujar sus respectivas armas.
- Lo has hecho bien – dijo Phantom, mientras guardaba la kodachi -. Recuerda que incluso entre los mejores guerreros de Neo Arcadia hay traidores – Phantom iba explicando esto mientras veía, con disimulado asombro, cómo los ojos de Sekhmet volvían a su rojo natural -. Has de confiar en todos y en nadie… No te preocupes si suena contradictorio, algún día entenderás su significado.
- Lo haré, maestro Phantom – contestó Sekhmet.
- Has aprendido mucho, Sekhmet – proseguía el ninja -. Aun habiendo pasado sólo un mes desde que empezaste a entrenar conmigo, tus habilidades y sentidos se han desarrollado a un nivel que muchos otros que he entrenado han tardado incluso años en alcanzar. Me enorgullezco de ti.
- Gracias, maestro Phantom.
- Mañana empezarás tu entrenamiento con Fefnir. Él piensa que eres una guerrera insignificante. Debes demostrarle que eres digna de defender Neo Arcadia… incluso con tu vida.
- Sí, maestro Phantom.

Sekhmet se inclinó hacia Phantom en señal de respeto y se fue con su garra de nuevo al bosque de bambú. Hanumachine saltó y se colocó cerca de Phantom, haciendo que el agua de la cascada salpicara en todas direcciones. Sin importarle el agua que le cubría, Phantom miraba el bosque de bambú frente a ellos.
- He de admitir que estaba preocupado, Phantom-sama – trataba de explicarse Hanumachine -. No esperaba algo así. Creí que ella estaba distraída, como me pasó a mí.
- Tú estabas distraído, Hanumachine… Ella, sin embargo, estaba concentrada. Pero… ¿qué era ese brillo en sus ojos?
- ¿Ukeke? ¿Hay algo que le preocupa, Phantom-sama? ¿Algo de ella?
- No, nada importante… Creo que quien se va a preocupar de ello es Fefnir.
- ¿Preocuparse de ‘ello’? ¿De qué habla, Phantom-sama?
- Es algo que tú no tienes que saber, Hanumachine – fue la tajante respuesta de Phantom -. Ahora ve con los nuevos reclutas de la Unidad Zan'Ei. Estaré con ellos más tarde.
- Oh… ¡sí, Phantom-sama!
Hanumachine dejó a su maestro solo. Phantom se cruzó de brazos, aún absorto en sus pensamientos y mirando fijamente el bosque de bambú.
“Ese brillo… esa fuerza… toda esa ira… No lo había mostrado cuando luchó contra Phoenix Magnion… Pero ¿qué era eso en verdad?

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Minutos más tarde, en el laboratorio de Sergeus Grant…

- Así que… Fefnir va a entrenarla ahora… - murmuraba Sergeus.
Phantom asintió.
- Fefnir puede ser un idiota, pero es un gran luchador – comentaba Phantom sin apenas variar su apática expresión -. Le enseñará a Sekhmet cómo emplear su fuerza correctamente. Le he enseñado a ser más rápida, más hábil... Yo le he enseñado que debe lealtad al Maestro X y a la sociedad de Neo Arcadia. Ahora tendrá que aprender el arte de la guerra. Después será entrenada por Leviathan y Harpuia. Cuatro meses de entrenamiento en total… con los Shitennou.
- Pero general Phantom… ¿por qué tiene que ser una guerrera? ¿Por qué no…?
- Dr Grant… cuando esta guerra termine y no haya Mavericks sobre la faz de la Tierra, ella tendrá su vida como cualquier otro ciudadano. Hasta entonces, la necesitamos… X-sama la necesita.
- Entiendo… general Phantom – contestó Grant, notándosele cierta molestia ante lo dicho por Phantom -. Tendrá que servir a Neo Arcadia hasta que haya paz.
Phantom miró a Sergeus y luego al laboratorio. Ambos estaban solos y éste había sido el momento propicio para mantener aquella conversación. También era el momento de que Phantom hiciera la pregunta que le daba vueltas a su cabeza.
- ¿Qué oculta Sekhmet?
Sergeus alzó la mirada a Phantom pero no respondió. Simplemente suspiró y se dirigió hacia su ordenador. Phantom entendió que el científico no se encontraba en su mejor momento. No estaba dispuesto a complicarle más las cosas, así que decidió reservarse la pregunta para más tarde. Phantom caminó lentamente hacia la puerta. Cuando salió, Sergeus dejó el ordenador y volvió a suspirar.

“Los Mavericks desaparecieron hace décadas” pensaba Sergeus. “Y mi querida Sekhmet no merece matar a otros Reploids. Debería tener la vida de cualquier persona normal y corriente. Y nadie debe saber el secreto que esconde Sekhmet. ¡Ni tan siquiera X debe saberlo! Y si lo descubren… sería terrible.

El Dr Grant se fue a la máquina de café, asegurándose de que Phantom se había ido. Recordó que, aunque el Proyecto S estaba listo, aún tenía más cosas que hacer. El café le mantendría despierto el suficiente tiempo como para avanzar en sus trabajos. El café le ayudaría a no dormirse… pero no a librarse de sus dudas y preocupaciones.

martes, julio 19, 2005

"La Leona Furiosa: El comienzo", capítulo 1

Bien, ahí vamos con la historia en sí... No os preocupéis si algo os suena extraño, no dudéis en preguntarme para resolver vuestras dudas. ;)


Capítulo 1: El nacimiento

El joven científico se acercó a la máquina de café mientras trataba de ordenarse un poco su descuidado pelo rubio. Mientras esperaba a que el café se preparara, pensó en lo que había estado haciendo durante estos tres últimos días. Todo había sido trabajo y más trabajo, sin una sola noche de sueño, sólo comiendo ramen y bebiendo agua y café. Estaba ya cansado de estar trabajando día y noche sin parar. Si seguía así, su cuerpo ya no podría resistirlo más. Sin embargo, tenía una reputación que mantener y debía seguir con el trabajo duro.
En cuanto el café estaba listo, cogió el vaso, dio un pequeño sorbo y fue de vuelta al laboratorio para continuar con el proyecto.


La puerta del laboratorio se abrió y el joven científico entró, dejando que la puerta se cerrara tras él. Se lo conocía palmo a palmo. Aquel laboratorio había estado antes al cargo de su padre, pero ahora era él su encargado, el jefe de aquellos científicos que estaban trabajando duramente en este proyecto. Miró a su alrededor, sin perder ni un solo detalle. Todos los ordenadores y sistemas electrónicos parecían funcionar a la perfección. Eso era gracias a los compañeros de trabajo que estaban bajo sus órdenes en ese instante.
Todos sus compañeros eran Reploids, o mejor dicho, "Reploids puros". Ése era el calificativo que se daba a todos aquellos Reploids libres de cualquier sospecha de rebelión. Miró su café unos segundos pensando en aquello. Llevaba días pensando en ello, antes incluso de ponerse con estre proyecto.
Mientras los científicos Reploids seguían comprobando los sistemas antes de continuar con su trabajo, el joven se acercó a la silla que estaba situada casi en medio del laboratorio, frente a una consola conectada a múltiples terminales y con varias pantallas. Todas estaban encendidas y mostraban mensajes de "listo" en letras verdes. Se reclinó sobre la silla, viendo lo que había justo delante de aquella consola y los terminales. Allí se encontraba el fruto de tres días de duro trabajo sin un solo momento de descanso...

Sergeus respiró profundamente cuando observó la cápsula. Dentro de ella, sumergida en un extraño fluido verde, se encontraba una mujer de extraña belleza, una belleza antinatural. Parecía dormida en aquella cápsula y sólo estaba vestida con un traje ajustado de color marrón claro. Su larga cabellera castaña se mecía suavemente dentro del líquido. El único rasgo más significativo de esta bella durmiente eran las marcas atigradas en su cara, dos en cada mejilla.
Los distintos cables que se conectaban a la cápsula tenían un único destino: aquella mujer. Sergeus dio un sorbo más a su café, pensando en la información que había ido pasando a través de aquellos cables, haciendo que poco a poco aquel proyecto que parecía escapárseles de las manos fuese cada vez más real.

El joven tecleó la contraseña en su consola. Los monitores sobre ésta se encendieron simultáneamente. El monitor central mostró lo siguiente:

NOMBRE: Unidad SEK-000
ALIAS: Sekhmet, la Leona Furiosa
PROGRESO: 79 %

Dejando el café sobre un posavasos de la consola, Sergeus se levantó y miró a todos los presentes que, casi a la vez, habían terminado las últimas comprobaciones y lo observaban expectantes.
- Bien, chicos... ¡hemos de trabajar duro! - dijo finalmente el joven científico -. Ahora viene lo más complicado, así que quiero que todos deis lo mejor de vosotros mismos, ¿entendido?
Muchos asintieron, otros simplemente decían "Entendido, Dr Grant", pero todos se pusieron de inmediato manos a la obra.
Sergeus Grant, jefe del Proyecto S, estaba también listo. Se sentó en la silla en la que, años atrás, se había sentado su padre, ahora retirado, y comenzó a comprobar todo el progreso que se había realizado en las últimas veinticuatro horas.
Mientras seguía con la comprobación, las puertas del laboratorio volvieron a abrirse
. Unos Reploids entraron y dejaron cerca del doctor Grant un extraño cofre. Sergeus se giró un poco sobre su silla para observarlo con más detalle, si bien el cofre era totalmente liso, negro azabache y parecía que no tenía apertura alguna. Pero sí que había forma de abrir ese cofre y Sergeus ya sabía lo que contenía.

"No sé por qué quieren hacer algo así", pensaba mientras acariciaba el cofre, para luego retirar bruscamente la mano."Se suponía que vivíamos en una época de paz. Y esto sólo hará que las cosas empeoren con todo el tema de estas persecuciones. ¿Por qué querrían...?"


Pero sus pensamientos fueron interrumpidos ante la llegada de una nueva persona. Tan pronto como aquellos Reploids de reparto se fueron, una mujer entró en el laboratorio, acercándose a donde estaba Sergeus.
La mujer iba vestida con un traje de batalla Reploid azul y blanco, ajustado a su cuerpo. En conjunto con ello tenía un casco de las mismas tonalidades, con dos largas colas metálicas saliendo por la parte de atrás y cayendo como su fueran dos coletas sobre su espalda.
Sus movimientos eran gráciles, y sus ojos, azules y profundos como las aguas del mar, recorrían todo el laboratorio, prestando atención a cualquier detalle.

La mujer observó la cápsula antes de colocarse justo al lado de Sergeus. Él, lentamente, se fue levantando, y miró a la mujer. Inclinó un poco la cabeza, tanto en muestra de respeto como para poder mirar a los ojos a la recién llegada, pues era bastante más baja que él.
- ¿Cómo va el proyecto, Dr Grant? - preguntó la mujer con una voz suave.
- Estamos haciendo progresos, mi señora - contestó Sergeus -. Hay que tener en cuenta que ésta no es una Reploid corriente, así que sabrá que necesitaremos más tiempo.
- Debe terminarlo lo antes posible. El Maestro X quiere resultados, y lo sabe muy bien. Si dejamos que el tiempo pase, la Resistencia se podría convertir en un serio problema y hay que demostrarle al mundo que Neo Arcadia no teme a un puñado de Irregulares -, y mostró una sonrisa muy confiada a Sergeus.
- Sí... mi señora.
- Ahora prosiga con su trabajo... Volveré en seis horas junto a los demás. Seis horas es más de lo que se merece. Le estoy dando tiempo suficiente para que muestre algo interesante - se volvió hacia la puerta y miró con desprecio a la cápsula -. No sólo... eso..
- Sí... mi señora.

La mujer se fue sin decir nada más. La puerta se cerraron tras ella y Sergeus suspiró, aliviado. Uno de los científicos Reploids se acercó a él y miró durante varios segundos la puerta.

- Es hermosa, ¿verdad? - preguntó el Reploid
- Sí, pero muy impaciente, igual que los demás Shitennou... Hace cuatro horas, ella y Harpuia vinieron para ver cómo iba todo... ¡Y por eso quiero terminar ya! Tantas visitas indeseadas, tanto trabajo... necesito un descanso de verdad, nada de cinco minutos para el café. ¡Necesito dormir!
- Tiene razón, Dr Grant... Creo que podríamos terminarlo en cuatro horas. Y así podrá dormir todo lo que quiera. A veces olvidamos que es usted un humano...
- No te preocupes. Y... ¿has dicho cuatro horas?
- Sí, Dr Grant.
- Hmm... No es tan fácil, amigo mío - el doctor Grant miró de nuevo a la consola, se sentó y continuó tecleando -. Incluso seis horas no son suficientes, pero... - se detuvo y miró a la pantalla, señalando una serie de cifras y letras -. Bien, las rutinas de combate son la parte más sencilla, pero tendremos problemas con el traje y con las sinapsis neuro-virtuales. Esto último, lo de las sinapsis, es lo más importante.
- ¿Cómo de importante?
- Es la base de todo. Si no nos sale bien, en el mejor de los casos tendríamos simplemente una ciudadana Repliroid de segunda - luego miró a su compañero -. No podemos fallar... No querrás que la señorita Leviathan se enfade, ¿verdad?

El Reploid miró al cofre cerca de Sergeus y luego al líder del grupo. Entendiendo las palabras de Sergeus, asintió, miró a su reloj y luego a la cápsula conteniendo a aquella extraña mujer.

- Er... sí... mejor será que vuelva a mi asiento, Dr Grant. Tenemos mucho que hacer.

---

Seis horas más tarde

- Aún no puedo creer que ese científico humano sea el máximo responsable del Proyecto S... - comentaba el Reploid de apariencia joven, vestido con armadura color verde esmeralda con un casco con unos destacables alerones a cada lado, a su compañera, la mujer que había ido a ver al Dr Grant horas antes -. ¿Sabes lo que quiero decir, Leviathan?
- Los mejores científicos Reploids están ocupados con sus propios proyectos, Harpuia - respondió Leviatahan tras oír a su compañero -. Y este hombre es tal vez el mejor científico humano de Neo Arcadia. Hemos de confiar en él.
- Lo sé perfectamente, pero también sé que los humanos necesitan descansar. A este ritmo, ese hombre se va a morir del cansancio. Claro que... lo hace por el Maestro X, así que...
- Sabía que lo entenderías, guapo. Bien, esperemos entonces a Phantom y al bestia.
- ¿El bestia? - se preguntó Harpuia, pero tan pronto como se formuló la pregunta ya se imaginaba a qué se refería Leviathan -. Ah, bueno... esperamos a Phantom y Fefnir pues.

Unos minutos más tarde, a ellos dos se unieron Phantom y Fefnir.
Phantom, un Reploid delgado y de estatura media, iba vestido de azul oscuro, casi negro, y blanco, pero los colores oscuros predominaban en su indumentaria. Una larga tela rojiza estaba atada alrededor de su cuello y se movía lentamente cuando Phantom caminaba. Su rostro estaba oculto bajo su casco y el antifaz de éste, sólo dejando sus oscuros ojos y su boca visibles. Una kodachi se encontraba a su espalda y Phantom a veces la acariciaba mientras andaba.
Fefnir, por su parte, era mucho más alto y corpulento que Phantom. Vestido con una armadura magenta, en esta ocasión no llevaba su gran pistolón, generalmente acoplado a su brazo derecho. No le hacía falta en ese momento, pues sabía que no iba a haber acción, como el querría. De todas formas, su fuerza física era, de por sí, sorprendente y suficiente para lo que hiciera falta.

Phantom se detuvo cerca de Harpuia y miró a Fefnir. Luego se fijó en Leviathan.

- Así que... ¿cómo va el proyecto? - preguntó Phantom, con una voz que no expresaba sentimiento alguno -. ¿Hay progresos?
- El Dr Grant está haciendo un gran trabajo, pero dudo que termine a tiempo - fue la respuesta de Leviathan.
- X-sama no se alegrará entonces... - Phantom miró con detenimiento a los demás -. Creo que no tenemos más que hablar, así que...
- ¡Eh, eh, espera! - interrumpió Fefnir -. Hay algo que no entiendo... A ver, ¿por qué el Maestro X querría un estúpido proyecto como éste? Quiero decir... nosotros cuatro, los Shitennou, somos más que suficientes para machacar a esas ratas rebeldes, ¿no? ¡No necesitamos ayuda de ningún proyecto!
- ¿Es que tienes miedo del nuevo proyecto, musculitos? - preguntó Leviathan a Fefnir con sorna.
- ¡Leviathan, calladita! ¿Es que quieres que te dé una buena patada en el culo, imbécil?
- ¿Insultando y tratando de dañar a una dama? - Leviathan rió y miró de nuevo a Fefnir -. Hay que ver lo divertido que eres... musculitos.
- ¡Te la has ganado...!
- ¡Vosotros dos, parad ya! - les ordenó Harpuia, acercándose a ambos -. Bien, creo que hemos de mirar ese Proyecto S, esté o no terminado.
Fefnir frunció el entrecejo, pero no tuvo más remedio que aceptar.
- Vaaaleee... Está bien, iremos a ver la S-cosa esa
.

Los Shitennou, los Devas... ellos eran los cuatro Guardianes de X, generales de los ejércitos de Neo Arcadia.
Aunque en el pasado sólo tuvieron como función purificar la Tierra, víctima de grandes desastres que la hacían casi inhabitable, su función actual era simplemente dedicarse a todo lo relacionado con detener los avances de la Resistencia.
Harpuia era el general de las Fuerzas Aéreas, Fefnir el de las Fuerzas de Tierra, Leviathan de las Fuerzas Marítimas y, finalmente, Phantom era el líder de la división de ninjas conocida como Unidad Zan'Ei o Shinobi, heredera directa de la Unidad Cero de los Maverick Hunters. Eran respetados y temidos por cualquiera que les conociera, incluidos los rebeldes. Pues si había algo que temieran, más que las marabuntas de androides Pantheon, eran los Devas.

Mientras caminaban hacia el laboratorio, los humanos y Reploids que los observaban mostraban esa mezcla de respeto y miedo hacia ellos. Los cuatro entraron en el laboratorio, con Harpuia al frente de todos. Miraron a su alrededor, con todos los científicos de pie, mostrando sus respetos hacia los Guardianes. Sólo había una persona que no se había levantado aún.
Harpuia se acercó a Sergeus Grant. El humano tecleó las últimas palabras y se alejó un poco de la consola. Se levantó y
miró a Harpuia con sus ojos, cansados de tanto trabajo.
- Señor... el Proyecto S... ¡está listo!
Se hizo a un lado, para dejar que los Shitennou miraran la cápsula, ahora vacía. La mujer que estaba contenida en ella se encontraba ahora fuera, silenciosa y con sus ojos, uno de ellos oculto bajo su pelo, mirándoles, sin moverse, carentes de vida alguna. Lentamente, aquella mujer se colocó una enorme garra oscura sobre el brazo derecho. Todo en silencio, y sin saludar siquiera.

Tan pronto como estaba lista, se acercó con paso ligero a Sergeus y a los Guardianes. Con la mano izquierda, hizo un saludo militar a los Shitennou.

- Ésta es Sekhmet - dijo Sergeus con una gran sonrisa.
Sekhmet simplemente asintió. Parecía casi una marioneta, silenciosa y carente de personalidad o de algo que pudiera llamarse alma. Harpuia la observó antes de mirar al Dr Grant. Con una sonrisa, miró a los demás Shitennou, que se acercaron a la nueva Reploid
.
- ¡¿Y ésta es el "gran" Proyecto S?! - Fefnir se rió delante de Sekhmet -. Pero si no tiene nada de grande. Un par de Pantheons le darían una buena paliza.
- Eso sólo demuestra que no sabes nada del proyecto - contestó tajante Phantom. El Reploid ninja miró a Sergeus -. Espero ver su potencial en breve. Y como acordamos, Dr Grant, me encargaré de su entrenamiento.
El Dr Grant asintió. El Reploid ninja miró a Sekhmet.
- ¿Estás lista?
Todavía sin pronunciar palabra, Sekhmet levantó su brazo derecho, cubierto por la enorme garra, como señal de que estaba preparada.
Alejándose con Sekhmet, los Shitennou abandonaron el laboratorio y, poco a poco, igualmente hicieron los científicos Reploids. Sólo Sergeus se quedó solo. Se sentó de nuevo y sacó su ordenador portátil. Estuvo trabajando con él durante unos momentos, luego apagó el ordenador y se fue del laboratorio.

"Ella no merece ser una soldado, no es una máquina sin corazón. Aún le queda mucho por aprender, pero espero que, a medida que madure, pueda elegir su propio camino en la vida y ser feliz. Nadie necesita violencia para sobrevivir en este mundo."

miércoles, julio 13, 2005

"La Leona Furiosa: El comienzo", prólogo

Nota: Ésta es una historia de ficción no oficial y creada por un fan. Los personajes originales de Rockman/Megaman Zero son © Capcom. Sólo los fancharacters son míos.

Prólogo: ¿Paz?

Tras el fin de las Guerras Maverick, todos pensaron que la paz era algo real, la gente creía que humanos y Reploids no tendrían que preocuparse nunca más de ningún peligro ni de ningún Maverick. Pero qué equivocados estaban y están...
Los ciudadanos humanos de Neo Arcadia no lo ven, al igual que yo en mi tiempo tampoco me di cuenta de ello, pero muchos Reploids inocentes son "retirados" por alguna extraña razón. La gente sólo sabe que esos Reploids cautivos son considerados Mavericks, pero ¿hay pruebas de ello? ¿Qué pasaría si no hubiese pruebas y todos esos Reploids no fuesen Irregulares, que no eran culpables de los delitos que se les imputaban?

Tengo mis dudas; he oído que la auténtica razón de esta nueva "guerra" es el control de las fuentes de energía, escasas en los tiempos que vivimos, como también indican esos rumores. Y si de verdad es ésa la razón... esta lucha nunca acabará, a menos que, tal vez, alguien consiga crear una energía alternativa. Tal vez, entonces, toda esta violencia sin sentido termine.

De todos modos, estuve pensando en que tal vez la pacífica sociedad neoarcadiana no sea más que una quimera, un sueño... un sueño del que no se puede despertar.

Tal vez esté empezando a ver cómo es el mundo real... Tal vez me esté convirtiendo como esa joven muchacha, Ciel, que pasó a convertirse en una rebelde. Suena extraño... una humana que defiende a unos supuestos Mavericks... Nadie lo habría imaginado, seguramente, aunque sigo sin creer que sean realmente Mavericks.
Sé que estos pensamientos míos no les agradarían a mis superiores, pero ¿qué pasaría si ser un rebelde es mejor que vivir en la falsa realidad que ofrecía Neo Arcadia? Si yo pudiera elegir mi destino en la vida... Pero no puedo. Los ciudadanos de Neo Arcadia no pueden elegir cómo llevar sus vidas. Están tan acostumbrados a las comodidades de esta utopía que no se preocupan por el mundo que les rodea.

Y ahora tengo un nuevo proyecto. El Maestro X está interesado en crear una nueva arma. ¿Por qué? La paz no se puede defender usando la violencia. Pero no puedo decir nada, sólo pretender que lo que hago es por el bien del mundo, aunque sea una gran mentira.
No puedo hacer nada. Debo permanecer callado mientras más y más Reploids tratan de huir de su fatal destino. ¿Cuánto ha de durar esta pesadilla para los Reploids? ¿Por qué no pueden llevar una vida normal, como nosotros los humanos? ¿Por qué han de sufrir?

Espero que algún día, la paz verdadera llegue. Aunque yo no vea nunca ese momento, creo... que la paz es posible.

Del diario del Dr Sergeus Grant

La Leona Furiosa: "Introducción histórica"

Bueno, finalmente me pondré con la versión en español de "La Leona Furiosa". Y sabiendo que muchos de por aquí no saben la historia de las sagas de Megaman (más que nada, porque no son muchos los que se fijan en las historias de estos videojuegos), aquí va un resumen, bastante extenso, que narra los hechos hasta un poco antes de lo que sería el comienzo de la saga Zero.

Ahí vamos...

Saga clásica

Año 20XX. El doctor Thomas Xavier Light, experto en robótica, crea varios robots para ayudar a la humanidad y también crea dos robots asistentes con forma humana, Rock y Roll. Un antiguo compañero y ayudante de Light, el científico loco Albert W. Wily, roba seis robots creados por Light y los reprograma para utilizarlos en sus planes de conquista mundial.
Uno de los asistentes de Light, Rock, decide ponerse en marcha para detener los planes de Wily. Ligh accede a convertirlo en un robot luchador, y Rock se convierte así en Rockman / Megaman.

Durante varios años, Megaman detuvo los planes del Dr Wily, también en parte ayudado por lo que sería su "hermano mayor", Blues / Protoman, creado por Light bastante antes que Rock. En las luchas también tuvo que enfrentarse a los robots creados por el Dr Cossack, un científico ruso que estaba siendo utilizado por Wily mientras mantenía como rehén a su hija Kalinka.

Cuando parecía que el Dr Wily pasaría el resto de sus días en la cárcel, fue liberado por varios de sus robots y mandó a Forte / Bass, su última creación, para engañar a Megaman y después tratar de eliminarlo. Pero Wily volvió a fracasar y él y Bass debieron huir por el momento.
Más tarde, Megaman se encontró con Duo, un robot del espacio exterior que buscaba una energía oscura para eliminarla. Wily resultaba tener esa energía, pero de nuevo fue derrotado y Duo pudo cumplir su misión gracias a Megaman.

Durante tantas batallas, Light construiría un nuevo tipo de robot, capaz de tener su propia personalidad sin que ésta estuviese programada de antemano. Había nacido así Megaman X, pero quedó confinado en una cápsula para hacerle pruebas antes de que estuviese listo. Pero Wily, entre derrota y derrota, tenía un as bajo la manga también...

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Saga X

Año 21XX. Sin saberse que ocurrió en los años finales del siglo XXI, parece que todo rastro de Megaman y compañía ha desaparecido. En unas excavaciones en las ruinas del laboratorio de Light, el Dr Cain encuentra la cápsula con X en su interior. Tras estudiar los planos de Light en las ruinas, consigue la información necesaria para comenzar la creación de un nuevo tipo de robot, basándose en X, que pudiera convivir con los humanos. Con ello, Cain había creado a los Repliroids o Reploids.
La convivencia con los humanos era satisfactoria, pero algunos Reploids se rebelaron contra la sociedad humana. Estos Reploids se pasaron a llamar Irregulares o Mavericks y eran combatidos por un cuerpo especial llamado Maverick Hunters. X pertenecía a este grupo, aunque él no se consideraba a sí mismo un luchador (la verdad es que X es más de mentalidad pacifista).

Ayudado por el misterioso espadachín Zero, hizo frente por primera vez a Sigma, líder de los Mavericks, si bien Zero cayó en combate. Más tarde, X tendría que luchar contra los X Hunters, un grupo de robots creados para luchar contra él, y recuperar el cuerpo de Zero para poder revivirlo.
Con Zero de nuevo a su lado y Sigma otra vez creando problemas, ambos Hunters lucharon contra el Dr Doppler, que se había aliado con Sigma, si bien en el último momento trató de redimirse, sacrificándose para destruir a Sigma. Aunque no sirvió de nada...

Sabiendo que las relaciones del Gobierno humano con la Repliforce, un grupo de Reploids que colaboraba con los Maverick Hunters, no eran en absoluto buenas, Sigma trató de convencer al General de Repliforce para rebelarse contra los humanos, pero este plan falló. Eso no le detuvo y consiguió llevarse al bando Maverick al Hunter Magmar Dragoon. Sigma le prometió a Dragoon la pelea de su vida contra X (para Dragoon, luchar contra X era su razón de ser). También utilizó a Double, un Reploid de combate camuflado como un rechoncho asistente de mando, para destruir a los Maverick Hunters desde dentro.
Nadie sospechó de la conversión de Dragoon y éste aprovechó la confusión creada en primer lugar por Sigma para secuestrar a Iris, la hermana del Coronel de Repliforce y también novia de Zero, y llevársela a la ciudad de Sky Lagoon. X, Zero y Coronel llegaron y Iris fue salvada, pero Sky Lagoon quedó destruida.

Se culpó a Repliforce de ello y se les tachó de Mavericks. Ante tal ofensa, la Repliforce decidió abandonar a la humanidad, no luchar contra ella, y tratar de comenzar su propia conquista espacial.
Las cosas iban muy bien para Sigma: tras haber eliminado a varios oficiales de Repliforce, Zero mató a Coronel, lo que hizo que Iris se volviera loca. Ahí fue cuando Iris tuvo que luchar contra Zero, pero el Reploid rojo no tuvo más remedio que acabar con ella (lo cual lo traumatizó y le hizo replantearse su modo de vida y su lucha donde ningún muerto merecía su atención).

Al mismo tiempo, X fue a detener al grueso Repliforce, una vez consiguió eliminar a los infiltrados de Sigma, Dragoon y Double. X llegó a una estación de combate, lugar al que había decidido ir la Repliforce para surcar el espacio y crear su civilización en algún otro planeta. X tuvo que luchar contra General y derrotarle, para luego vérselas, una vez más, con Sigma. Final obvio: la estación de combate fue destruida, Repliforce desapareció y Sigma juraba venganza una vez más.

Pero no sólo hubo una terrible batalla contra Repliforce. Zero también experimentó su propia batalla interna, donde se reveló, que Zero había sido la última creación del Dr Wily antes de su muerte y que él mismo era el origen de los Mavericks debido a un virus que había estado en su cuerpo, el virus Zero, y que una vez pasó a Sigma mutó en el virus Sigma.

Tiempo después, varias colonias orbitales empezaron a crearse alrededor de la Tierra y una de ellas, Eurasia, era la más grande de todas. Pero esta relativa paz se vio afectada por un inesperado ataque a Eurasia.
En la Tierra, durante las investigaciones que arrojaran luz sobre este grave asunto, X y Zero se enfrentaron a Sigma, quien era el responsable de dirigir el ataque. Pero la explosión del líder de los Maverick hizo que su temido virus Sigma se esparciera por todo el mundo.
Pero por si eso fuera poco, Eurasia comenzaba a caer sobre la Tierra, amenazando con destruirla. Se decidió emplear el rayo Enigma para destruir Eurasia antes de la catástrofe. X y Zero necesitaron buscar las piezas para que el rayo funcionase en menos de 16 horas. Consiguieron las piezas, pero el rayo Enigma no detuvo a Eurasia.
Quedaba una solución: mandar una lanzadera suicida para destruir la estación. Zero sería el encargado de pilotar la lanzadera... pero aquello tampoco sirvió.

Zero había desaparecido, Eurasia colisionó con la Tierra y, si bien no la destruyó, la contaminación obligó a los supervivientes humanos a exiliarse a varias bases subterráneas.
X tuvo que enfrentarse a Sigma mientras trataba no sólo de evitar la infección por el virus Sigma, sino también por su origen: el virus Zero.
Aunque X derrotase a Sigma, gracias en parte a una aparición en el último momento de Zero, el líder Maverick dejó heridos de muerte a X y Zero...

Pasó el tiempo y X fue reparado. Sin saber qué pasó con Zero, pronto se enteró de la aparición de unos extraños parásitos conocidos como Pesadillas. Algunos incluso dijeron que Zero les estaba ayudando.
X descubrió que todo era un nuevo plan de Sigma, aunque esta vez el cerebro tras estas operaciones era Gate, un científico que se había pasado al bando Maverick y que era el responsable de la vuelta de Sigma. X y Zero, que de nuevo volvía con los Hunters, lucharon, una vez más, contra Sigma y los suyos.

Las batallas continuaron, y esta vez X y Zero contaron con la ayuda de Axl, un Reploid capaz de convertirse en otros utilizando sus códigos de programación, similares al ADN humano (de hecho, para los Reploids también se le llama ADN). La colaboración de Axl es bastante agradecida, sobre todo en la lucha contra Lumine, un Reploid de última generación que defendía la evolución de los Reploids casi como un paso más cercano hacia Sigma.

En la última Guerra Maverick, se crearon los llamados Ciber-elfos, unos programas con forma de hadas que consiguieron purgar al mundo de los virus Sigma y Zero (o eso se dice), sobre todo gracias a la llamada Elfa Madre.
Pero el Dr Weil robó la Elfa Madre y la convirtió en la Elfa Oscura. Utilizando a ésta y a su creación, el Reploid Omega, trató de apoderarse de la mente de todos los Reploids. Pero los Hunters volvieron a oponérsele y fue X, tras la inesperada retirada de Zero, quien consiguió derrotarles.
Weil fue exiliado y Omega fue encerrado en una cápsula y enviado al espacio.

Se creó la ciudad-estado de Neo Arcadia en la zona de Tokyo (es de suponer que existen muchas más ciudades-estado en el mundo), se prosiguió con la limpieza de la Tierra gracias a la colaboración de los Shitennou, Reploids basados en el ADN de X, y finalmente, tras décadas tratando de detener a la Elfa Oscura, X consiguió contener su poder.

Pero la desaparición de X no podía ser notada por los humanos y Reploids que vivían en paz en Neo Arcadia. Una joven muchacha llamada Ciel creó una copia de X, pero ésta salió defectuosa y comenzó a dirigir Neo Arcadia con mano dura. Extrañamente, muchos Reploids comenzaron a ser perseguidos, considerados Mavericks... Y nadie sabía que aquel X que les dirigía era una copia.

La Resistencia Reploid, dirigida por Ciel (que, curiosamente, es humana), trataba de buscar la forma de detener esta locura y traer de vuelta la paz...

Y es en este marco donde comienzan la saga Zero y "La Leona Furiosa".