sábado, octubre 22, 2005

"La Leona Furiosa: El comienzo", capítulo 6

Nuevo capítulo (¡por fin!). Aunque iba a hacerlo con bastante acción, al final decidí dejarlo un poco resumido en ese apartado para centrar la situación en cómo Sekhmet siente su ira y en Harpuia (que, para ser más concretos, es de los Shitennou el que más protagonismo ha tenido en la saga de Megaman Zero, con lo que su personalidad está mucho más definida que la de sus "hermanos"). Claro que de la intención a que haya salido como esperaba hay un trecho bastante largo... xD

¡Vamos allá!



Capítulo 6: Lord Harpuia


“Su último día…La prueba de hoy será el final de su entrenamiento.”

Harpuia miró el monitor antes de volverse a los operadores que estaban preparándolo todo para el visionado de la prueba. Debía estar todo a punto: las cámaras y algunos sensores recogerían todos y cada uno de los movimientos mientras que otros de aquellos sensores medirían la velocidad y potencia de los contendientes. Los ordenadores ya estaban encendidos y las últimas pruebas de que todo funcionaba finalizaron con éxito.
- Todo funciona a la perfección, Lord Harpuia – dijo uno de los operadores cuando comenzó a teclear -. La zona de batalla está lista.
Harpuia pulsó un botón que había sobre la consola que tenía delante.
- Kuwagust, Herculious – comenzó a decir Harpuia, sabiendo que el canal de voz estaba abierto -. Os está esperando. ¿Estáis preparados?
- ¡Sí, maestro Harpuia! – sonaron a la vez las voces de los gemelos Anchus.
La gran pantalla que se encontraba al final de la sala de ordenadores mostraba la zona de batalla. Ésta había sido creada especialmente para entrenar a los nuevos reclutas en el combate aéreo y en maniobras contra ese tipo de combate.
Pero había sido modificado especialmente para la nueva luchadora. Esto había hecho que pareciera un campo de batalla normal, más para luchas en el suelo que en el aire. A la nueva guerrera no le gustaba volar con propulsores y prefería que sus pies tocaran el suelo.
Durante todo aquel mes había aprendido muchas técnicas de combate anti-aéreo y también de combate en tierra. Y Harpuia esperaba ver los resultados de todo ese mes de entrenamiento…

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La zona de combate estaba tranquila. Sekhmet miraba a su alrededor, esperando a sus oponentes. Comprobó una vez más la garra y de nuevo se quedó mirando el dibujo impreso en la hombrera durante unos segundos.
Otra vez miró en busca de sus contrincantes. Ya había entrenado antes con los hermanos Anchus, y con Harpuia incluso. Sekhmet había aprendido muchas técnicas que serían muy útiles contra el combate aéreo tras su negativa a usar trajes de vuelo y propulsores. La tierra era su elemento y si tenía que aprender algo sobre combate aéreo, que fuese el saber cómo contraatacarlo.

Todo el mes había sido casi un juego para ella. Todo ese entrenamiento anti-aéreo podría haber resultado difícil, pero tras haber estado tratando de esquivar las bolas de fuego lanzadas por un bruto descerebrado o haber entrenado bajo las órdenes de una arrogante “diosa”, eso no era nada.
O tal vez la cosa era que esta vez había alguien sensato a cargo del entrenamiento. Podía ser que Harpuia no fuese muy duro con ella o simplemente dejaba lo mejor del entrenamiento para el final. Debía ser lo segundo…

Harpuia... Algo que le gustaba a Sekhmet del Guardián verde esmeralda era que, junto a Phantom, era el más maduro y serio de los Shitennou, lo que hacía que no tuviese que aguantar ninguna niñería de quien debía estar por encima de ella. Esa apariencia de hombre joven, casi de muchacho, ocultaba una gran sabiduría. Era agradable estar con Harpuia, y no era raro que despertara tanto respeto entre los Reploids de los ejércitos de Neo Arcadia. Y Sekhmet lo veía más interesante que cualquier otro Reploid neoarcadiano… bueno, tal vez lo hacía tan interesante como Phantom y, tal vez también, como el Maestro X, aunque Sekhmet nunca había visto al líder de Neo Arcadia en persona.

Las puertas de enfrente se abrieron, dejando que los hermanos Anchus entraran en la zona de batalla. Sekhmet nunca entendió por qué los llamaban “los gemelos Anchus” cuando sus aspectos eran tan diferentes, aunque ambos fuesen Reploids de tipo escarabajo.
La primera diferencia saltaba a la vista. Los esquemas de colores de los hermanos no tenían nada que ver entre ellos: mientras Kuwagust era azul, su hermano mayor era de un color rojo oscuro.
Ambos poseían dos pares de brazos, pero las manos de Herculious eran pinzas y las de Kuwagust, picas.
Y aun siendo el hermano menor, el aspecto de Kuwagust era mucho más amenazador que el de Herculious. Tal vez era por las grandes pinzas de su cabeza, capaces de atrapar a sus víctimas y partirlas en dos con la presión de las mismas, por lo que impresionaba más. Claro que las antenas electrificadas de Herculious no tenían nada que envidiar.
A pesar de que pudieran parecer amenazadores, Sekhmet estaba tan acostumbrada a su extraña presencia que no se inmutó cuando entraron.
- ¿Qué? ¿Tu última sesión de entrenamiento? – preguntó Kuwagust, a lo que Sekhmet respondió asintiendo.
- Hmm… Pues tendrás que mostrarnos todo lo que sabes – continuó Herculious -. Los Reploids inútiles van al centro de retiro, ¿entiendes? Esta batalla va en serio, ¡¡así que adelante, ven a por nosotros!!
Sekhmet siguió en silencio, miró a ambos Reploids y se puso en posición de combate.
- Venid los dos… os aplastaré como los insectos que sois.
La Reploid sabía perfectamente que los hermanos Anchus eran fáciles de provocar y solía decir estas frases, aunque no fuesen para nada con la personalidad de la propia Sekhmet, explotando así el punto débil de ambos Reploids.

Y ambos reaccionaron como ella esperaba: los dos se habían lanzado contra Sekhmet.

Ella se apartó, esquivándoles. Herculious se apoyó en el suelo y saltó, para irse elevando y volar hasta colocarse en posición para descender y cargar contra Sekhmet. Mientras, Kuwagust atacaba en tierra con las pinzas de su cabeza.
Aun sabiendo que Herculious se lanzaría sobre ella en cualquier momento, prefirió centrarse primero en Kuwagust. Debía tener cuidado con aquellas pinzas. Aún recordaba cómo varios reclutas acabaron partidos por la mitad tras acercarse demasiado a Kuwagust… no era plan de seguir su mismo camino.
Pero Kuwagust sólo parecía atacar de frente con las pinzas. Así que, simplemente, tenía que hacerse a un lado y atacarle desde el costado. Claro que Kuwagust no era tonto y ya recordaba esa estrategia de anteriores batallas. Y Sekhmet lo sabía, así que debía improvisar.

Herculious lanzó dos esferas cargadas de energía desde sus antenas. Sekhmet estaba tan ocupada con Kuwagust que no pudo hacer nada para evitar aquellas esferas. La descarga eléctrica recorrió su cuerpo y la hizo tambalearse, pero consiguió mantenerse firme y seguir encarando a Kuwagust. El menor de los hermanos Anchus extendió sus cuatro brazos y disparó de cada uno rayos púrpuras.
Sekhmet esquivó los rayos y se lanzó contra Kuwagust; éste abrió sus pinzas y también corrió hacia su objetivo. Herculious descendió con gran rapidez para apoyar a su hermano. Las antenas del mayor de los Anchus estaban empezando a cargarse de electricidad.
“¡Perfecto!”, pensó Sekhmet.
Justo cuando solo estaba a un par de metros de Kuwagust, Sekhmet se echó hacia su derecha, esquivando al Reploid azul, que no podía detenerse. Al mismo tiempo, Herculious había lanzado su ataque, pero no había previsto el movimiento de Sekhmet y alcanzó a su hermano por error en todo el pecho.
Tras recuperarse de la descarga, Kuwagust comenzó a gritarle a Herculious. El hermano mayor descendió para defenderse de las acusaciones de Kuwagust, no tolerándole que se dirigiera a él con semejante tono. Esto sólo sirvió para empeorar la situación.

Sekhmet estaba un poco alejada de ellos, pero oía perfectamente sus gritos. Pensó que era una buena ocasión para seguir metiendo cizaña... Los hermanos Anchus nunca dejaban de picar el anzuelo…
- Vaya… Los hermanos discutiendo… - murmuraba Sekhmet, preparándose de nuevo para la lucha -. ¡No nos retrasemos más! Hay que terminar con este entrenamiento. Quiero empezar a defender la paz lo más pronto posible.
Los dos hermanos se detuvieron de pronto y miraron asombrados a Sekhmet. Algo de lo que ella había dicho les dejaba casi sin palabras.
- Espera, espera… ¿has dicho… defender la paz? – preguntó Kuwagust. Y los dos hermanos se rieron de Sekhmet.
- ¡Menuda estupidez, chiquilla! – exclamó Herculious -. La gente no lucha por la paz, sólo por sobrevivir. Ésa es la verdad… Y para la supervivencia de los humanos, hay que acabar con los Irregulares. Por eso has estado siendo entrenada, niña, para acabar con los Mavericks que amenazan a la sociedad humana… ¡aquí no estás por esos estúpidos sueños de hippie!
- Estúpidos o no… Son mis sueños… Y un par de bichos molestos no determinarán cuáles serán esos sueños…
- No hay más remedio, entonces… El Maestro Harpuia nos dijo que éste no sería un combate a muerte. Pero una idiota como tú, con esa clase de tonterías en la cabeza, no puede estar a las órdenes del Maestro X…
- ¡Eh, espera, hermano! – interrumpió Kuwagust -. No te me pongas valiente tratando de desobedecer al Maestro Harpuia. Recuerda que está observando esta batalla. Pero… arrancarle los brazos a esta ilusa no la matará, ¿verdad, hermano mayor?
- Sí, tienes razón. Jeje… Suena divertido…

Sekhmet se esperaba lo peor viniendo de ambos hermanos, y más cuando los dos volaron directamente hacia ella. Había sido tan de repente que Sekhmet no consiguió esquivar las pinzas de Kuwagust. Por fortuna, solo le habían golpeado, Kuwagust no había tenido la suerte de atraparla entre sus pinzas. Debía considerarse muy afortunada…
Los hermanos Anchus se elevaron para después descender y disponerse a continuar con sus ataques. Sekhmet les contraatacaba a medida que ellos se acercaban y la golpeaban, mientras ella les respondía con su garra. Elevándose en el aire y descendiendo a gran velocidad, los hermanos Anchus trataban de pillar desprevenida a Sekhmet. Pero el entrenamiento a la que había sido sometida durante todo aquel mes daba sus frutos. Sekhmet era capaz de rechazar las embestidas aéreas de los Anchus, consiguiendo ganar tiempo para recuperarse un poco.

Los dos hermanos se posaron en el suelo. Harculious lanzó tres bolas eléctricas a la vez que la cabeza de Kuwagust, con sus pinzas extendidas, comenzó a girar a gran velocidad, creando un remolino que se dirigía hacia donde estaba Sekhmet.
El remolino trataba de acercar a Sekhmet a los hermanos. Mientras trataba de caminar hacia atrás, ya que el remolino la conducía directamente hacia las pinzas de Kuwagust, tuvo que dejar que las descargas eléctricas recorrieran su cuerpo una vez más. Aguantándolo estoicamente, Sekhmet seguía andando hacia atrás.
Las descargas y el golpe de las pinzas de Kuwagust ya habían sido suficiente daño para Sekhmet. Debía ser cautelosa y estar segura de sus acciones, sobre todo ahora que parecía que los hermanos Anchus estaban demostrando su auténtico potencial.

Por un momento, así de pronto, Sekhmet notó que todo el daño recibido le estaba quemando el cuerpo. No sabía si los Reploids se mareaban, pero ella sentía algo parecido al vértigo. Se llevó la mano izquierda a la cabeza, dejando de caminar hacia atrás. La cabeza de Kuwagust comenzaba a girar aún a mayor velocidad.
Dándose cuenta de ello, Sekhmet se retiraba, pero Kuwagust aumentaba la potencia. El dolor y la persistencia de Kuwagust estaban irritándole. Herculious parecía estar dándole ánimos a su hermano menor, y parecía dar resultado. Sekhmet continuaba luchando contra aquel remolino…

… Pero sentía el ardor que procedía del interior de su cuerpo… Pero no era por el dolor… Era algo muy distinto… Y que, por desgracia, ya había experimentado antes…

… Y todo se volvió borroso y rojizo para Sekhmet…

No sabía cómo, pero Herculious vio que Sekhmet había dejado de resistirse. El remolino la atrajo hacia Kuwagust, pero algo raro había en la Reploid que no le gustaba a Herculious… Fue demasiado tarde para darse cuenta del brillo verdoso que había adquirido la garra de Sekhmet y que, para cuando estaba a escasos centímetros de Kuwagust, se había vuelto amarillo, más bien dorado.
La garra de Sekhmet, cargada de energía, destrozó las pinzas de Kuwagust y dejó unas grandes marcas en la cabeza y el pecho del Reploid escarabajo. Kuwagust trataba de mantenerse en pie, pero sus piernas o, más bien, su cuerpo en general le fallaba. Antes de caer inconsciente, vio los dos grandes ojos del color de la sangre que le observaban…

Herculious no había podido hacer nada para evitarlo. Todo había ido demasiado deprisa… Demasiado… Sintiéndose impotente al ver a su hermano menor inconsciente, probablemente al borde de la muerte, los cuatros ojos de Herculious se volvieron hacia Sekhmet, que estaba mirando lo que acababa de hacer.
Había notado algo en la expresión de Sekhmet que no había visto antes…o, al menos, no se había dado cuenta de aquel detalle. Cuando Sekhmet había atacado a Kuwagust, Herculious pudo jurar haber visto un brillo rojizo escalofriante en los ojos de la Reploid… y una expresión que la acercaba más a una bestia salvaje… No sabía qué era aquello…
Se alejó de Sekhmet y comenzó a volar bastante alto. De las antenas de Herculious saltaban chispas que, gradualmente, iban siendo mayores y se concentraban en un orbe entre las antenas. La esfera crecía hasta llegar a un tamaño considerable. Fue entonces cuando Herculious miró hacia abajo, hacia su objetivo.
- ¡¡¡MUEREEEEEEE…!!!

El grito de furia de Herculious hizo que Sekhmet de pronto se diera cuenta de lo que pasaba… Y vio a Kuwagust en el suelo, destrozado por sus garras.
¿Cómo lo había hecho? ¿Por qué había cometido semejante barbaridad?
Pero no tenía tiempo para preguntas. Sekhmet miró de reojo la enorme bola cargada de electricidad que estaba cayendo sobre ella. Sin pensárselo, cogió a Kuwagust y se alejó rápidamente de la trayectoria. Una vez llegó al suelo, aquel orbe estalló en una especie de tormenta eléctrica que provocó un ligero terremoto y marcó la arena de combate con una gran zona chamuscada.

Sekhmet dejó a Kuwagust en el suelo. Había visto la rabia de Herculious abalanzarse sobre ella. Confusa, recordando lo que ella misma había hecho a Kuwagust, Sekhmet suspiró, sin saber qué decir.
Herculious descendió para quedarse mirando a Sekhmet. Ella le miró a los ojos y entonces fue cuando tuvo valor de hablarle:
- Has intentado matarme… pero no te diste cuenta de que también podrías haber matado a tu propio hermano. Los guerreros furiosos son poderosos, pero también descuidados. Y no sólo harán daños a sus enemigos, sino también a sus amigos y a sí mismos… El daño puede ser físico… o emocional.
- Sabias palabras, Sekhmet – dijo una voz masculina.
“Aunque yo no soy el mejor ejemplo”, se lamentaba para sus adentros la Reploid.

Sekhmet y Herculious miraron a una de las puertas del campo de batalla. La estilizada figura de Lord Harpuia se acercó a ellos dos. Sekhmet y Herculious inclinaron la cabeza mientras Harpuia pasaba a su lado. El General esmeralda se inclinó para observar el estado en que se encontraba Kuwagust.
- Sobrevivirá… Pero sus reparaciones llevarán para largo – Harpuia se levantó y miró a Herculious -. ¿A qué esperas? ¡Tienen que atender a tu hermano! ¡No podemos perder a ninguno de nuestros guerreros!
- Uh… ¡Sí, Maestro!
El nervioso Herculious cogió a su hermano y corrió junto a él hasta la puerta por donde había salido Harpuia. Antes de marcharse definitivamente, Herculious miró a Sekhmet por encima del hombro. Ella sabía lo que significaba aquella mirada: Herculious no le perdonaría por lo que había hecho y pagaría cara su afrenta. Pero Sekhmet estaría lista para ese momento…
- Creo que te has pasado con Kuwagust – suspiró Harpuia -. Creo que deberías predicar con el ejemplo acorde con lo que le has dicho a Herculious.
- Lo siento mucho, Lord Harpuia.
- De todas formas, ésas palabras siguen siendo ciertas. Hercuilous debería controlarse más y debería así evitar estas tonterías… que pueden costarle caras.
- Lord Harpuia, yo…
- No te preocupes: todos tenemos esos pequeños arranques. Sólo espero que tanto tú como Herculious los controléis… De todos modos, he de decir que has conseguido pasar esta prueba. Has vencido, aunque te ha costado. Desde mañana, ya podrás servir a Neo Arcadia como soldado… bueno, no… en realidad no eres soldado, Sekhmet. Digamos que tu propósito real es más el de una agente especial.
- ¿A qué se refiere, Lord Harpuia?
- Eres más que una guerrera, Sekhmet… En tu entrenamiento, has aprendido más cosas aparte de diversas técnicas de combate. Ese conocimiento te permitirá realizar misiones donde tu fuerza y tu garra no serán útiles, sino tu destreza e inteligencia. Digamos que, aunque pueda parecer que todo se centraba en la batalla, hay otras áreas que has cubierto durante tu entrenamiento. Tu propósito siempre ha ido más allá de la lucha.
- Mi propósito… ¿Quiere decir? Bueno, sí… He aprendido más cosas aparte de luchar. Pero… ¿Cómo de útiles serán esas nuevas habilidades que he aprendido, Lord Harpuia? ¿Cómo las pondré al servicio de Neo Arcadia?
- Ya lo sabrás por tu cuenta… Lo mejor ahora es que te ayuden un poco con las reparaciones. Tienes que estar lista para mañana. Tienes suerte de no haber acabado peor. Has aguantado muy bien los ataques de los hermanos. Además, necesitas descansar.
- Así haré, Lord Harpuia.
Sekhmet se inclinó y abandonó el lugar. Harpuia se había quedado solo, mirando a la Reploid marcharse.

“Quiere defender la paz. Ése es su sueño. Todos queremos paz, no importa que haya gente como los hermanos Anchus que piense que hay que luchar sólo por sobrevivir...” pensaba Harpuia, aún de pie en el centro del campo de batalla. “Toda esta lucha contra la Resistencia… Los ciudadanos de Neo Arcadia creen que luchamos contra esos típicos Irregulares de las viejas Guerras Maverick. Y muchos de nuestros soldados también lo creen así. Pero no saben lo que ocurre realmente… Y nosotros hemos de seguir los designios de X, hemos de hacer lo mejor para la Humanidad.”

Harpuia se marchó finalmente. Paseando por los pasillos de las instalaciones, finalmente llegó a la puerta de su habitación… Sólo para encontrar a alguien que le esperaba.
El Reploid pantera tenía sus brazos, rematados en grandes garras, cruzados sobre su pecho. Tenía la espalda apoyada contra el marco de la puerta, pero en cuanto Harpuia llegó, se puso erguido.
- Saludos, Maestro Harpuia – el Reploid felino se inclinó como muestra de respeto hacia su superior -. Tengo un mensaje de los demás Generales.

3 comentarios:

Ozanu dijo...

Acabo de pasar por el blog de relatos de Xian y he decidido hacer lo siguiente: Apuntar faltas conforme leo:
Primera línea: "ultimo"
Error de traducción: Y no sólo harán daños a sus enemigos, pero también a sus amigos y así mismos… "Sino" en lugar de "pero", lógico porque en el original inglés es seguramente "but".
Aparte, creo que la frase: Pero con una idiota como tú, con esa clase de tonterías en la cabeza, no puede estar a las órdenes del Maestro X... queda mejor sin el primer "con".
De todos modos, me ha encantado el capítulo, aunque tú digas que no, tiene bastantes dosis de combate. Me ha recordado una pelea de Gunnm, con sus reflexiones filosóficas.

Fëadraug dijo...

Al Word le ha dado ahora por no corregir ni siquiera el "ultimo" ese. xDDDD Nah, no pasa nada, ya se va corrigiendo y todo. Es lo malo de escribir rápido: que se cuelan faltas y luego, aunque repases, siempre habrá alguna que se cuele... como ese "pero" que debía ser "sino". =_=

Se agradece mucho. Y no creo que esté al nivel de una batalla de Gunnm, simplemente está girando todo alrededor del mismo tema, es decir, de la ira, el control sobre las acciones de uno mismo y todo eso. :P

Hîthwen Fëadür dijo...

Ufff, al fin consegui un poco de tiempo para pasarme por aquí, estoy con ozanu, sí que tiene bastante acción, aunque no deja de ser un episodio tranquilo, tranquilo en la linea argumental. Aqui se cierra una etapa por lo que parece. Supongo que ahora es cuando sek empieza de verdad su caminar :p