jueves, septiembre 22, 2005

"La Leona Furiosa: El comienzo", capítulo 5

Bien... capítulo largo y con mucha tontería de por medio... Las pedradas, después de leerlo. xD



Capítulo 5: Lady Leviathan

- ¡Vale, eso es todo por hoy!

Con estas palabras se terminó la batalla bajo el agua. Ambas mujeres nadaron hasta la superficie y luego hasta la orilla más próxima del lago artificial. La primera en llegar fue la mujer de azul y blanco, de movimientos gráciles, casco con dos largas colas en la parte de atrás y piel pálida. Tras ella llegó la otra mujer, más alta, vestida de marrón y con una desproporcionada garra metálica cubriendo su brazo derecho.
Sekhmet se quitó la garra nada más pisar tierra firme. Se quedó mirando a la otra Reploid durante unos segundos. Mientras, Leviathan caminaba hacia la puerta de metal que tenían cerca. La puerta se abrió en cuanto Leviathan pulsó un botón en la pared. Leviathan entró en el ascensor y Sekhmet simplemente la siguió.
- Hoy no ha sido un mal día, ¿verdad? – preguntó Leviathan cuando Sekhmet entró en el ascensor -. Aunque nunca llegarás a mi nivel, tus habilidades bajo el agua han mejorado muchísimo. Pero… ¿serás igual de buena hackeando?
- ¿Hackeando? Quiere decir… ¿hackeando ordenadores?
- Así es… Al menos no eres una ignorante. No, no quiero ofenderte ni nada de eso, lo digo porque estuviste entrenando con ese idiota de Fefnir hace unos días.
- Entiendo, Lady Leviathan.
Leviathan sonrió con descaro cuando Sekhmet se le dirigió con tanto respeto.
- Phantom te ha enseñado a respetar a tus superiores. No lo olvides y así evitarás problemas innecesarios.
Sekhmet asintió. Las dos se quedaron calladas mientras el ascensor seguía subiendo.

Finalmente, el ascensor se detuvo y la puerta del mismo se abrió. Ambas Reploid salieron y, tras pasar un pequeño pasillo, llegaron a una gran sala vacía. El azul de las paredes representaba el tranquilo y gran océano. Sekhmet vio los peces que flotaban alrededor, pero ya estaba acostumbrada a ello: toda la sala era un enorme proyector de hologramas. Daba la sensación, pues, de estar realmente bajo el mar con aquellos hologramas de peces y con el azul de las paredes.
Aparte de la puerta del ascensor, que ya quedaba bastante atrás, la habitación poseía otras dos puertas de color azul oscuro, pero se integraban a la perfección con la habitación.
Sekhmet se dirigió a la que estaba más a la izquierda. Ésa era la puerta que conducía a las habitaciones de los soldados de las Fuerzas Marítimas, donde ella estaría residiendo todo el mes que pasaría entrenando con Leviathan. Siempre que terminaba su sesión de entrenamiento, Sekhmet volvía a su habitación a descansar... Eso era en los días normales, pero cuando oyó la voz de Leviathan supo que éste no sería un día normal…
- ¿Qué haces? Oye, ven conmigo, Sekhmet. Quiero hablar contigo.
Sekhmet se dio la vuelta tras oír a Leviathan, quien la esperaba cruzada de brazos. La Reploid vestida de marrón estaba algo confusa, más que nada porque no sabía exactamente el motivo por el que Leviathan la hubiera llamado. Pero decidió no pensar en ello y simplemente dirigirse a la Guardiana y mostrar sus respetos.
- Hey, por esta vez olvidemos las formalidades, ¿vale? – pidió Leviathan -. Quiero que por unos momentos seamos sólo compañeras.
Ahora Sekhmet sí que estaba confusa de verdad. La imagen que había dado siempre Leviathan era la de una mujer egocéntrica. Lo único que parecía salir de los labios de Leviathan eran alabanzas a sí misma, fardando de sus magníficas habilidades y de su increíble belleza. También había demostrado ser una mujer dura: Sekhmet había visto la rudeza de Leviathan ante los soldados de sus tropas y ante otros cadetes. Sekhmet consideraba que nadie merecía semejante trato, ni aunque se tratara de una panda de idiotas.
“En esos momento, se parece a Fefnir”, pensaba Sekhmet a menudo.
Pero esta vez, lo que le extrañaba a Sekhmet era que Leviathan no sonara tan desagradable. Más bien era el tono de alguien que necesitaba realmente hablar con otra persona, como si ésta fuese su compañera, o tal vez… ¿su amiga? Sekhmet no entendía por qué ella tenía que ser esa persona.
En esto que vino a la mente de Sekhmet que Leviathan era la única mujer de entre los Guardianes de X y casi se podría decir que, hasta la creación de la propia Sekhmet, Leviathan era la única guerrera de Neo Arcadia, totalmente rodeada de luchadores masculinos. Leviathan era una guerrera fuerte, pero su condición de mujer hacía que muchos hombres la subestimaran. Eso le molestaba también a Sekhmet, y es que ella había experimentado también lo mismo, que hubiera hombres que creyeran que las mujeres no tenían madera para ser grandes luchadores. Hombres como Fefnir, fanfarrones ellos. Pero había sutiles diferencias entre Sekhmet y Leviathan: la primera sabía que no todos los hombres eran así; Leviathan, en cambio, era de mente cerrada… demasiado cerrada. Y también era cierto que a Leviathan, al menos, le tenían que mostrar cierto respeto: después de todo, pertenecía a los Shitennou. Sekhmet no tenía esa ventaja, obviamente…

“Tal vez, entonces, lo que ella necesite es hablar con una compañera… Ella, Leviathan de los Devas, necesita una compañera luchadora con la que compartir impresiones… Seguro que es eso por lo que quiere hablar conmigo.”

- Bien, ven conmigo – dijo Leviathan mientras abría la puerta de la derecha.
Tras la puerta recién abierta se encontraban unas escaleras, con un característico patrón azulado acorde con la sala que estaban dejando las dos Reploids. Ambas subieron las escaleras hasta llegar a una puerta al final de éstas. Leviathan la abrió y las dos entraron en un recibidor.
La habitación era más pequeña que la anterior, pero a Sekhmet le parecía bastante grande, al menos comparando este recibidor con el que había en la parte de las habitaciones de los soldados. Al igual que el salón principal que habían dejado atrás, las paredes de la habitación también tenían ese color azul que les daba la apariencia del océano en calma, pero aquí no había ningún holograma de un pez flotando alrededor de ellas. Había, sin embargo, muchas puertas de color azul oscuro. Las dos Reploids entraron por la que estaba justo enfrente de ellas.
Otra habitación se presentaba ante ellas. Sekhmet se preguntaba cuántas puertas más cruzarían en lo que quedaba de día, pero viendo la gran cama que tenían enfrente ya dio con la respuesta. Habían llegado a la habitación de Leviathan, todo un lujo a los ojos de Sekhmet. La habitación estaba adornada con motivos que recordaban a las antiguas playas y a los grandes acantilados, a las profundidades del océano y a la tranquilidad de la superficie del mar. Pero lo que más llamaba la atención era el gran dibujo que había sobre la cama. Era el dibujo de un gran dragón de largo cuerpo, como el de una serpiente, y de mirada furiosa. No fue difícil saber que este dibujo representaba al mítico monstruo conocido como Leviatán, si bien otras descripciones decían que el Leviatán era más parecido a una ballena gigante. Pero daba igual qué forma tuviera: la verdad era que ese fiero aspecto era un contraste con la aparente fragilidad de la Reploid de azul y blanco que estaba al lado de Sekhmet.
- ¿Qué, impresionada? – preguntó Leviathan mirando a Sekhmet, que estaba aún contemplando el dibujo del Leviatán -. Los hombres sólo ven a una hermosa divinidad marina, pero cuando descubren que en realidad es la terrible bestia de los océanos… ya es demasiado tarde.
Ahora Leviathan sí sonaba, en aquella descripción de sí misma, demasiado confiada. Se quitó el casco, dejando que su pelo azul oscuro, casi negro, cayera sobre sus hombros y llegara hasta la mitad de su espalda. Leviathan dejó el casco sobre la cama, teniendo cuidado con las largas colas de éste.
- Tal vez estés cansada de llevar eso – dijo Leviathan, señalando la garra que Sekhmet aún estaba cargando -. ¿Por qué no la dejas aquí, en la cama? Hay espacio suficiente.

Sekhmet hizo lo que le dijo Leviathan y dejó con cuidado la garra cerca del casco de Leviathan. La Reploid de azul y blanco se fijó en el dibujo de la garra. Hasta entonces no se había percatado de su presencia, aunque ahora que lo miraba, tampoco parecía gran cosa, sólo un simple dibujo muy al estilo del Egipto antiguo de una mujer-leona. Sekhmet había visto cómo Leviathan miraba el dibujo y eso le ponía algo nerviosa; sabiéndolo, la Guardiana dejó de mirar el dibujo y sonrió.
- Bueno, ¿tienes algo que contarme o prefieres que empiece yo? – preguntó Leviathan. Sekhmet estaba callada -. Hmm… Como siempre, tan callada. Bien, si no quieres…
- ¿Por qué estás tan preocupada por los hombres? – había interrumpido Sekhmet, finalmente decidida a hablar de lo que había pensado todo este tiempo. Sekhmet no se fijó que, de pronto, estaba tuteando a Leviathan -. Puede que algunos nos vean como seres inferiores, pero sabemos que somos iguales que ellos, ¿no crees? No entiendo, entonces, por qué te preocupas.
- ¿Y por qué crees que los hombres me preocupan? Son ellos los que deberían estar preocupados por algo: preocupados por saber que una sola mujer pueda ser tan bella y tan letal al mismo tiempo.
Leviathan se sentó en la cama, cerca de su casco, y suspiró. Sekhmet seguía de pie, cerca de Leviathan.

Recordó las palabras que hacía poco más de un minuto Leviathan había pronunciado: “Los hombres sólo ven a una hermosa divinidad marina, pero cuando descubren que en realidad es la terrible bestia de los océanos… ya es demasiado tarde” y entendió por qué había dicho aquello de que los hombres sí tenían algo que temer… o mejor dicho, alguien a quien temer. Y ese alguien era la propia Leviathan.
Sekhmet había visto muchas veces cómo los reclutas masculinos se quedaban mirando fijamente a Leviathan, como si su cuerpo tuviera algún efecto hipnótico sobre los hombres. Y esa distracción que provocaba la fría belleza de Leviathan les costaba cara y no había sesión de entrenamiento en la que no acabaran hechos polvo… a veces, literalmente.
Precisamente, el hecho de que aquellas miradas lascivas siguieran a Leviathan le parecía algo molesto a Sekhmet… Pero era peor cuando esos ojos se centraban también en ella misma. Entonces sí que se sentía incómoda. Eso hacía que se hartara de entrenar con aquellos pervertidos y parecía que Leviathan la había entendido con aquella sesión de entrenamiento donde estaban ellas dos solas. Pero las diferencias entre ellas seguían estando ahí: Sekhmet jamás sentiría ese desprecio hacia los hombres que caracterizaba a Leviathan ni usaría aquellas “armas de mujer”, como algunas veces llamaba la Guardiana a aprovecharse de su belleza para derrotar a sus oponentes masculinos.

- Los que merecen mi respeto, los que admito que queden por encima de mí, son Phantom, Harpuia y el Maestro X. Ellos son la excepción. Todos los demás son unos inútiles.
- ¿Y no crees que te estás pasando? – preguntó Sekhmet -. Te estás comportando como aquellos hombres que te creen inferior por ser mujer.
- ¡Ah!, ahí te equivocas, querida – quería rectificar Leviathan en un tono falsamente amigable -. Si yo soy superior, ¿qué tiene de malo admitirlo? Una cosa es creerse una Diosa... y otra es serla.

Sekhmet sabía que Leviathan no perdía la oportunidad de echarse flores a sí misma, pero que se quisiera poner al nivel de una Diosa, era algo que realmente no tenía explicación, al menos no una que fuese lógica. Sekhmet esperaba que Leviathan mostrase un rostro más amable, que aquella Guardiana fuese distinta a la imagen dura que siempre mostraba en los entrenamientos. Por desgracia, ahí estaba la Leviathan arrogante de siempre… o podía ser algo peor.
Estaba profundamente decepcionada. ¿Acaso era por haber sacado aquel tema por lo que Leviathan había olvidado el tratar a Sekhmet como una compañera, no como una recluta? ¿O es que éste era el auténtico rostro de la dama de pálida piel?

No podía callárselo… aquello iba más allá del desprecio a los varones… Aquello era…
- Un problema de autoestima – dijo Sekhmet de pronto.
Leviathan se quedó con los ojos abiertos al oír a Sekhmet.
- Parece que tienes un serio problema de autoestima. Mira, una cosa es tratar de mostrar que hombres y mujeres están al mismo nivel… y otra es creerte una especie de Diosa, cuando eres una Reploid, como cualquier otra. Serás más poderosa, serás más bella… pero eres una Reploid.
Aquellas palabras hicieron que Leviathan se levantara de repente, con los puños cerrados, desafiando con la mirada a Sekhmet.
- ¿Problema de autoestima? – Leviathan trataba de contenerse mientras hablaba -. ¿Eso es lo que piensas? Te recuerdo quién está por encima de ti…
- Y tú dijiste que querías hablar conmigo como su fuese tu compañera… Y a veces, los compañeros discuten. Es lo normal, ¿por qué no eres capaz de aceptarlo?
Leviathan seguía mirando a Sekhmet, sin poder responder. La Reploid de marrón cogió la garra que estaba en la cama y siguió hablando:
- Pensaba que hoy encontraría a la auténtica Leviathan, a la que se oculta tras una máscara de arrogancia. Y no me di cuenta de que la auténtica Leviathan siempre ha estado delante de mis narices… - se detuvo y suspiró -. O tal vez no… tal vez sí me hayas mostrado algo diferente a lo que muestras frente a tus seguidores… Me has demostrado lo infantil que eres – se volvió y miró a los ojos a Leviathan -. Eres una mujer adulta, no una cría de instituto.

Sekhmet sabía perfectamente lo que estaba diciendo. No comprendía cómo podía haberle soltado ese sermón a Leviathan, cuando siempre había sido más reservada. Tal vez fuese lo que los humanos llaman madurar lo que hacía que Sekhmet entendiera mejor la realidad... y también debía tener empatía, era capaz de ponerse en el lugar de otros y ver la situación a través de sus ojos. Una situación nada agradable si tenía enfrente a Leviathan...

La osadía de Sekhmet estaba enfureciendo más y más a Leviathan. La Guardiana se sentía con la necesidad de lanzarse contra Sekhmet y darle una lección, pero algo le decía que eso sería un suicidio. Tal vez la mirada de Sekhmet era lo que le hacía replantearse el darle un buen puñetazo en plena cara.

Sekhmet se dio la vuelta y caminó hacia la puerta. La abrió y estaba a punto de salir cuando miró de nuevo a Leviathan.
- Un día encontrarás a un hombre que no caerá en tus “armas de mujer”. Recuerda lo que te digo – suspiró y salió de la habitación -. Hasta luego, “Lady” Leviathan.
La forma en que Sekhmet había dicho “Lady” hizo que finalmente Leviathan se lanzara contra ella. Pero era tarde y sólo pudo darle un puñetazo a la puerta que se acababa de cerrar.

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Horas más tarde...

Tumbada en su cama, Leviathan trataba de relajarse. La conversación con Sekhmet había tomado un rumbo que ella tampoco se esperaba. Pretendía tener una charla amigable con la Leona Furiosa y acabó finalmente alabándose a sí misma y haciendo que Sekhmet se le dirigiera en un tono que jamás habría imaginado oír.
No podía admitir que alguien como Sekhmet le dijera que no se creyera un ser superior y se atrevía a compararla con todos aquellos soldados y ciudadanos de Neo Arcadia. ¿Cómo podía hacer aquello, osando dudar de su superioridad? A Leviathan le parecía una soberana estupidez, jamás podría compararse con un “ser inferior” una integrante de los Shitennou, una de las luchadoras más poderosas del mundo entero.

“Tal vez sólo sean celos”, pensaba Leviathan. Pero no podía engañarse a sí misma…

Leviathan se levantó y dejó su habitación. No esperaba encontrarse a la figura oscura justo en la puerta. El particular diseño del casco y la larga tela roja al cuello le daban un aspecto interesante al hombre que estaba frente a ella. Leviathan se quedó mirando curiosa a Phantom.
- ¿No has tenido un buen día, Levi-chan? – preguntó Phantom, quien no esperó respuesta -. ¿Cuándo aprenderás a comportarte como una adulta? ¿O es que la verdad duele?
Leviathan no quería decir nada. Sabía, por esas palabras, que Phantom había estado espiándolas durante la acalorada conversación. Le molestaba muchísimo que el Reploid ninja hiciera esas cosas.
- Vale, puede que haya sido demasiado dura con ella. Y lo siento.
- Eso es algo que deberías decirle a Sekhmet, no a mí. Puedes ser una buena persona, yo lo he visto. Pero hoy no lo has hecho… y no la trataste al final como una compañera, como le prometiste.
- ¡La culpa es suya! ¡Yo no tengo problemas de autoestima! ¿Acaso los compañeros, los amigos, dicen cosas así?
Phantom sólo se limitó a darle un disco a Leviathan. No quería seguir hablando con Leviathan, era demasiado cabezota como para admitir que las palabas de Sekhmet eran ciertas. Además, era otro asunto el que, en realidad, le había llevado hasta la habitación de Leviathan.
- ¿Y esto, Phantom? – preguntó Leviathan mirando el disco y el texto sobre éste -. ¿Mitología de la Antigüedad?
- Tal vez pueda interesarte. El secreto del Proyecto S se encuentra, en parte, en ese disco. Échale un vistazo a la mitología egipcia.
- ¿Qué tratas de decirme con eso, Phantom?
- Sólo una cosa: Sekhmet es más que una simple Reploid. No la subestimes.
Leviathan no entendió el significado real de aquellas palabras, en ese momento se sintió fatal al oír a Phantom decir que Sekhmet era más que una Reploid. Iba a responderle a Phantom, pero para entonces la habitación se cubrió de tinieblas. Cuando la luz volvió, Phantom ya no estaba.

Ella siempre había confiado en Phantom, ya que para ella era como su hermano mayor. Sin embargo, en esa situación no entendía nada de lo que le había dicho y se sentía aún molesta por las palabras que le había dirigido el Reploid oscuro. Ella miró de nuevo el disco, todavía sin entender qué era lo que quería decirle Phantom. Se fue a una de las puertas del recibidor y la abrió.
La habitación a la que fue estaba llena de ordenadores y de Reploids de servicio, todos trabajando duramente. Muchos mapas y códigos binaries podían verse en las pantallas de los ordenadores. Un pequeño Reploid corrió hacia Leviathan.
- ¡Saludos, Lady Leviathan! Estamos haciendo lo que podemos para introducirnos en el nuevo servidor de la Resistencia. Esta vez parecen haber reforzado la seguridad con un nuevo código más difícil de localizar… y los cortafuegos no ayudan en absoluto.
- Bien… seguid intentándolo – había dicho Leviathan sin interesarse por lo duro que estaban trabajando los Reploids de servicio.
Se acercó de los ordenadores e insertó el disco. La pantalla mostró lo que debía ser la ventana de inicio del programa. Se podía leer “Guía de las Mitologías de la Antigüedad” en la pantalla, junto a un menú. Leviathan comparó el aspecto del menú con el de un programa educativo, más bien orientado a las escuelas. Aún seguía preguntándose qué quería Phantom que viera.
Hacía casi un mes, Phantom parecía preocupado por algo. Y si antes había hecho mención a Sekhmet, es que ella podría ser la causa de tal preocupación. Por fin parecía que Leviathan había captado el auténtico significado a las palabras “Sekhmet es más que una simple Reploid”.
Tal y como le había dicho Phantom, se puso a mirar la parte de mitología egipcia. Tras pasar el vídeo de intruducción con imágenes de pirámides y jeroglíficos, llegó al menú de mitología egipcia. Tenía cinco opciones: “Mitos”, “Deidades”, “Objetos sagrados”, “El Libro de los Muertos y las momias” y “Dinastías”. Leviathan eligió mirar primero en la sección “Deidades”. Sentía que tal vez allí encontrara lo que Phantom quisiera que viera.

“Espero que se ponga interesante, porque me estoy aburriendo…”

Apareció la lista de Dioses y Diosas egipcios en orden alfabético. Ahí podía ver un nombre familiar, Anubis… ¿pero quién no conocía a la deidad con cabeza de chacal? Pero eso no era lo que busca. Mirando la lista, encontró otro nombre que sí que le interesaba: Sekhmet.
Pulsó sobre el nombre y se abrió un fichero que mostraba un texto y una imagen. El dibujo que aparecía era idéntico al que vio en la garra de Sekhmet. Leviathan comenzó a leer el texto, una amplia descripción sobre la Diosa Sekhmet.
Había terminado de leer el texto cuando por fin entendió qué era lo que preocupaba a Phantom…

Y ese descubrimiento también le preocupaba a ella.

6 comentarios:

Ozanu dijo...

Pues acción, acción, no hay tanta. XD Pero está bien, la tensión de este capítulo contrasta bien con la afabilidad del capítulo anterior. Además, usas un tema muy visto y logras que interese.
Eso sí, debo admitir que leer el blog de Jotace pasa factura, no eh podido tener "pensamientos limpios" cuando se acercaban a la cama. XD
Por otro lado, creo haber visto una falta, "a" por "ha", pero le he perdido la vista. Y cuando escribes: "A esto que le vino a la mente a Sekhmet que Leviathan...", lo veo mejor como: "En esto vino a la mente de Sekhmet que Levithan...". Al menos, no hay dos complementos indirectos como antes, "a Sekhmet" y "a la mente".
De todos modos, está bien hecho.

Fëadraug dijo...

Gracias por el comentario. Ahora busco esa "a" que se ha colado... Gracias por la sugerencia de la frase, la verdad es que a veces cuesta traducir por eso de tratar de adaptarlo de un idioma a otro. xD

Y ten pensamientos limpios, chaval. xDDDDDDDDDD

Hîthwen Fëadür dijo...

Mas erratas:p
pisar tierra firma
mirando al otra Reploid

Bueno, bueno, será q hoy estoy poco inspirada porque no se me ocurren faltas que sacarle a la narración :p, te lo curras el modo de pensar tanto de sek como de leviathan resultan realistas y dan credibilidad a los personajes, a la vez q nos los acercan, y el modo de plantearlo lo hace interesante ^^

a ver si leviathan madura, pq si no me va a caer mal...porque se arrepiente un poquito se va a salvar :p

¿hay pelea en la prox?? ^^

Mirian_Deed dijo...

pues a mi este es uno de los capítulos que más me han gustado. No hay mucha acción, pero esta muy bien redactado ^_^

Fëadraug dijo...

Muchas gracias a las dos (Hîth, ¿cuánto hay que pagarte? xD). Sobre las faltas... Lo dicho en otras ocasiones: voy rápido, traduzco a la vez que escribo... y pasa lo que pasa. Menos mal que estáis por aquí. ;)

Me alegra ver que haya gustado cómo se ha visto esta relación.
La personalidad de Leviathan la he tomado, en parte, del juego (donde se le ve muy presumida) y por otra parte, de fuentes de fans de la saga Zero, que hacen ver que tiene cierto grado de inmadurez... aunque nunca llegará al grado de Fefnir. xD
Y si Levi llega a redimirse, aunque sea un poquillo, será porque esté Phantom o Harpuia por ahí... y no lo admitirá delante de nadie más. xDDDD Orgullosa es un rato, los juegos me lo dejaron claro. Aun así, es un personaje que me encanta... no sé por qué... :P

Ah, Hîth: al próximo hay pelea (y terminará el entrenamiento de cuatro meses de Sekhmet).

¡Muchas gracias por los comentarios! ^_^

Hîthwen Fëadür dijo...

Pues como sueldo te pediria q te vinieras a barna, pero va a ser q eso va a ser q lo deciden por ti ^^U

Pelea, pelea!!