martes, julio 19, 2005

"La Leona Furiosa: El comienzo", capítulo 1

Bien, ahí vamos con la historia en sí... No os preocupéis si algo os suena extraño, no dudéis en preguntarme para resolver vuestras dudas. ;)


Capítulo 1: El nacimiento

El joven científico se acercó a la máquina de café mientras trataba de ordenarse un poco su descuidado pelo rubio. Mientras esperaba a que el café se preparara, pensó en lo que había estado haciendo durante estos tres últimos días. Todo había sido trabajo y más trabajo, sin una sola noche de sueño, sólo comiendo ramen y bebiendo agua y café. Estaba ya cansado de estar trabajando día y noche sin parar. Si seguía así, su cuerpo ya no podría resistirlo más. Sin embargo, tenía una reputación que mantener y debía seguir con el trabajo duro.
En cuanto el café estaba listo, cogió el vaso, dio un pequeño sorbo y fue de vuelta al laboratorio para continuar con el proyecto.


La puerta del laboratorio se abrió y el joven científico entró, dejando que la puerta se cerrara tras él. Se lo conocía palmo a palmo. Aquel laboratorio había estado antes al cargo de su padre, pero ahora era él su encargado, el jefe de aquellos científicos que estaban trabajando duramente en este proyecto. Miró a su alrededor, sin perder ni un solo detalle. Todos los ordenadores y sistemas electrónicos parecían funcionar a la perfección. Eso era gracias a los compañeros de trabajo que estaban bajo sus órdenes en ese instante.
Todos sus compañeros eran Reploids, o mejor dicho, "Reploids puros". Ése era el calificativo que se daba a todos aquellos Reploids libres de cualquier sospecha de rebelión. Miró su café unos segundos pensando en aquello. Llevaba días pensando en ello, antes incluso de ponerse con estre proyecto.
Mientras los científicos Reploids seguían comprobando los sistemas antes de continuar con su trabajo, el joven se acercó a la silla que estaba situada casi en medio del laboratorio, frente a una consola conectada a múltiples terminales y con varias pantallas. Todas estaban encendidas y mostraban mensajes de "listo" en letras verdes. Se reclinó sobre la silla, viendo lo que había justo delante de aquella consola y los terminales. Allí se encontraba el fruto de tres días de duro trabajo sin un solo momento de descanso...

Sergeus respiró profundamente cuando observó la cápsula. Dentro de ella, sumergida en un extraño fluido verde, se encontraba una mujer de extraña belleza, una belleza antinatural. Parecía dormida en aquella cápsula y sólo estaba vestida con un traje ajustado de color marrón claro. Su larga cabellera castaña se mecía suavemente dentro del líquido. El único rasgo más significativo de esta bella durmiente eran las marcas atigradas en su cara, dos en cada mejilla.
Los distintos cables que se conectaban a la cápsula tenían un único destino: aquella mujer. Sergeus dio un sorbo más a su café, pensando en la información que había ido pasando a través de aquellos cables, haciendo que poco a poco aquel proyecto que parecía escapárseles de las manos fuese cada vez más real.

El joven tecleó la contraseña en su consola. Los monitores sobre ésta se encendieron simultáneamente. El monitor central mostró lo siguiente:

NOMBRE: Unidad SEK-000
ALIAS: Sekhmet, la Leona Furiosa
PROGRESO: 79 %

Dejando el café sobre un posavasos de la consola, Sergeus se levantó y miró a todos los presentes que, casi a la vez, habían terminado las últimas comprobaciones y lo observaban expectantes.
- Bien, chicos... ¡hemos de trabajar duro! - dijo finalmente el joven científico -. Ahora viene lo más complicado, así que quiero que todos deis lo mejor de vosotros mismos, ¿entendido?
Muchos asintieron, otros simplemente decían "Entendido, Dr Grant", pero todos se pusieron de inmediato manos a la obra.
Sergeus Grant, jefe del Proyecto S, estaba también listo. Se sentó en la silla en la que, años atrás, se había sentado su padre, ahora retirado, y comenzó a comprobar todo el progreso que se había realizado en las últimas veinticuatro horas.
Mientras seguía con la comprobación, las puertas del laboratorio volvieron a abrirse
. Unos Reploids entraron y dejaron cerca del doctor Grant un extraño cofre. Sergeus se giró un poco sobre su silla para observarlo con más detalle, si bien el cofre era totalmente liso, negro azabache y parecía que no tenía apertura alguna. Pero sí que había forma de abrir ese cofre y Sergeus ya sabía lo que contenía.

"No sé por qué quieren hacer algo así", pensaba mientras acariciaba el cofre, para luego retirar bruscamente la mano."Se suponía que vivíamos en una época de paz. Y esto sólo hará que las cosas empeoren con todo el tema de estas persecuciones. ¿Por qué querrían...?"


Pero sus pensamientos fueron interrumpidos ante la llegada de una nueva persona. Tan pronto como aquellos Reploids de reparto se fueron, una mujer entró en el laboratorio, acercándose a donde estaba Sergeus.
La mujer iba vestida con un traje de batalla Reploid azul y blanco, ajustado a su cuerpo. En conjunto con ello tenía un casco de las mismas tonalidades, con dos largas colas metálicas saliendo por la parte de atrás y cayendo como su fueran dos coletas sobre su espalda.
Sus movimientos eran gráciles, y sus ojos, azules y profundos como las aguas del mar, recorrían todo el laboratorio, prestando atención a cualquier detalle.

La mujer observó la cápsula antes de colocarse justo al lado de Sergeus. Él, lentamente, se fue levantando, y miró a la mujer. Inclinó un poco la cabeza, tanto en muestra de respeto como para poder mirar a los ojos a la recién llegada, pues era bastante más baja que él.
- ¿Cómo va el proyecto, Dr Grant? - preguntó la mujer con una voz suave.
- Estamos haciendo progresos, mi señora - contestó Sergeus -. Hay que tener en cuenta que ésta no es una Reploid corriente, así que sabrá que necesitaremos más tiempo.
- Debe terminarlo lo antes posible. El Maestro X quiere resultados, y lo sabe muy bien. Si dejamos que el tiempo pase, la Resistencia se podría convertir en un serio problema y hay que demostrarle al mundo que Neo Arcadia no teme a un puñado de Irregulares -, y mostró una sonrisa muy confiada a Sergeus.
- Sí... mi señora.
- Ahora prosiga con su trabajo... Volveré en seis horas junto a los demás. Seis horas es más de lo que se merece. Le estoy dando tiempo suficiente para que muestre algo interesante - se volvió hacia la puerta y miró con desprecio a la cápsula -. No sólo... eso..
- Sí... mi señora.

La mujer se fue sin decir nada más. La puerta se cerraron tras ella y Sergeus suspiró, aliviado. Uno de los científicos Reploids se acercó a él y miró durante varios segundos la puerta.

- Es hermosa, ¿verdad? - preguntó el Reploid
- Sí, pero muy impaciente, igual que los demás Shitennou... Hace cuatro horas, ella y Harpuia vinieron para ver cómo iba todo... ¡Y por eso quiero terminar ya! Tantas visitas indeseadas, tanto trabajo... necesito un descanso de verdad, nada de cinco minutos para el café. ¡Necesito dormir!
- Tiene razón, Dr Grant... Creo que podríamos terminarlo en cuatro horas. Y así podrá dormir todo lo que quiera. A veces olvidamos que es usted un humano...
- No te preocupes. Y... ¿has dicho cuatro horas?
- Sí, Dr Grant.
- Hmm... No es tan fácil, amigo mío - el doctor Grant miró de nuevo a la consola, se sentó y continuó tecleando -. Incluso seis horas no son suficientes, pero... - se detuvo y miró a la pantalla, señalando una serie de cifras y letras -. Bien, las rutinas de combate son la parte más sencilla, pero tendremos problemas con el traje y con las sinapsis neuro-virtuales. Esto último, lo de las sinapsis, es lo más importante.
- ¿Cómo de importante?
- Es la base de todo. Si no nos sale bien, en el mejor de los casos tendríamos simplemente una ciudadana Repliroid de segunda - luego miró a su compañero -. No podemos fallar... No querrás que la señorita Leviathan se enfade, ¿verdad?

El Reploid miró al cofre cerca de Sergeus y luego al líder del grupo. Entendiendo las palabras de Sergeus, asintió, miró a su reloj y luego a la cápsula conteniendo a aquella extraña mujer.

- Er... sí... mejor será que vuelva a mi asiento, Dr Grant. Tenemos mucho que hacer.

---

Seis horas más tarde

- Aún no puedo creer que ese científico humano sea el máximo responsable del Proyecto S... - comentaba el Reploid de apariencia joven, vestido con armadura color verde esmeralda con un casco con unos destacables alerones a cada lado, a su compañera, la mujer que había ido a ver al Dr Grant horas antes -. ¿Sabes lo que quiero decir, Leviathan?
- Los mejores científicos Reploids están ocupados con sus propios proyectos, Harpuia - respondió Leviatahan tras oír a su compañero -. Y este hombre es tal vez el mejor científico humano de Neo Arcadia. Hemos de confiar en él.
- Lo sé perfectamente, pero también sé que los humanos necesitan descansar. A este ritmo, ese hombre se va a morir del cansancio. Claro que... lo hace por el Maestro X, así que...
- Sabía que lo entenderías, guapo. Bien, esperemos entonces a Phantom y al bestia.
- ¿El bestia? - se preguntó Harpuia, pero tan pronto como se formuló la pregunta ya se imaginaba a qué se refería Leviathan -. Ah, bueno... esperamos a Phantom y Fefnir pues.

Unos minutos más tarde, a ellos dos se unieron Phantom y Fefnir.
Phantom, un Reploid delgado y de estatura media, iba vestido de azul oscuro, casi negro, y blanco, pero los colores oscuros predominaban en su indumentaria. Una larga tela rojiza estaba atada alrededor de su cuello y se movía lentamente cuando Phantom caminaba. Su rostro estaba oculto bajo su casco y el antifaz de éste, sólo dejando sus oscuros ojos y su boca visibles. Una kodachi se encontraba a su espalda y Phantom a veces la acariciaba mientras andaba.
Fefnir, por su parte, era mucho más alto y corpulento que Phantom. Vestido con una armadura magenta, en esta ocasión no llevaba su gran pistolón, generalmente acoplado a su brazo derecho. No le hacía falta en ese momento, pues sabía que no iba a haber acción, como el querría. De todas formas, su fuerza física era, de por sí, sorprendente y suficiente para lo que hiciera falta.

Phantom se detuvo cerca de Harpuia y miró a Fefnir. Luego se fijó en Leviathan.

- Así que... ¿cómo va el proyecto? - preguntó Phantom, con una voz que no expresaba sentimiento alguno -. ¿Hay progresos?
- El Dr Grant está haciendo un gran trabajo, pero dudo que termine a tiempo - fue la respuesta de Leviathan.
- X-sama no se alegrará entonces... - Phantom miró con detenimiento a los demás -. Creo que no tenemos más que hablar, así que...
- ¡Eh, eh, espera! - interrumpió Fefnir -. Hay algo que no entiendo... A ver, ¿por qué el Maestro X querría un estúpido proyecto como éste? Quiero decir... nosotros cuatro, los Shitennou, somos más que suficientes para machacar a esas ratas rebeldes, ¿no? ¡No necesitamos ayuda de ningún proyecto!
- ¿Es que tienes miedo del nuevo proyecto, musculitos? - preguntó Leviathan a Fefnir con sorna.
- ¡Leviathan, calladita! ¿Es que quieres que te dé una buena patada en el culo, imbécil?
- ¿Insultando y tratando de dañar a una dama? - Leviathan rió y miró de nuevo a Fefnir -. Hay que ver lo divertido que eres... musculitos.
- ¡Te la has ganado...!
- ¡Vosotros dos, parad ya! - les ordenó Harpuia, acercándose a ambos -. Bien, creo que hemos de mirar ese Proyecto S, esté o no terminado.
Fefnir frunció el entrecejo, pero no tuvo más remedio que aceptar.
- Vaaaleee... Está bien, iremos a ver la S-cosa esa
.

Los Shitennou, los Devas... ellos eran los cuatro Guardianes de X, generales de los ejércitos de Neo Arcadia.
Aunque en el pasado sólo tuvieron como función purificar la Tierra, víctima de grandes desastres que la hacían casi inhabitable, su función actual era simplemente dedicarse a todo lo relacionado con detener los avances de la Resistencia.
Harpuia era el general de las Fuerzas Aéreas, Fefnir el de las Fuerzas de Tierra, Leviathan de las Fuerzas Marítimas y, finalmente, Phantom era el líder de la división de ninjas conocida como Unidad Zan'Ei o Shinobi, heredera directa de la Unidad Cero de los Maverick Hunters. Eran respetados y temidos por cualquiera que les conociera, incluidos los rebeldes. Pues si había algo que temieran, más que las marabuntas de androides Pantheon, eran los Devas.

Mientras caminaban hacia el laboratorio, los humanos y Reploids que los observaban mostraban esa mezcla de respeto y miedo hacia ellos. Los cuatro entraron en el laboratorio, con Harpuia al frente de todos. Miraron a su alrededor, con todos los científicos de pie, mostrando sus respetos hacia los Guardianes. Sólo había una persona que no se había levantado aún.
Harpuia se acercó a Sergeus Grant. El humano tecleó las últimas palabras y se alejó un poco de la consola. Se levantó y
miró a Harpuia con sus ojos, cansados de tanto trabajo.
- Señor... el Proyecto S... ¡está listo!
Se hizo a un lado, para dejar que los Shitennou miraran la cápsula, ahora vacía. La mujer que estaba contenida en ella se encontraba ahora fuera, silenciosa y con sus ojos, uno de ellos oculto bajo su pelo, mirándoles, sin moverse, carentes de vida alguna. Lentamente, aquella mujer se colocó una enorme garra oscura sobre el brazo derecho. Todo en silencio, y sin saludar siquiera.

Tan pronto como estaba lista, se acercó con paso ligero a Sergeus y a los Guardianes. Con la mano izquierda, hizo un saludo militar a los Shitennou.

- Ésta es Sekhmet - dijo Sergeus con una gran sonrisa.
Sekhmet simplemente asintió. Parecía casi una marioneta, silenciosa y carente de personalidad o de algo que pudiera llamarse alma. Harpuia la observó antes de mirar al Dr Grant. Con una sonrisa, miró a los demás Shitennou, que se acercaron a la nueva Reploid
.
- ¡¿Y ésta es el "gran" Proyecto S?! - Fefnir se rió delante de Sekhmet -. Pero si no tiene nada de grande. Un par de Pantheons le darían una buena paliza.
- Eso sólo demuestra que no sabes nada del proyecto - contestó tajante Phantom. El Reploid ninja miró a Sergeus -. Espero ver su potencial en breve. Y como acordamos, Dr Grant, me encargaré de su entrenamiento.
El Dr Grant asintió. El Reploid ninja miró a Sekhmet.
- ¿Estás lista?
Todavía sin pronunciar palabra, Sekhmet levantó su brazo derecho, cubierto por la enorme garra, como señal de que estaba preparada.
Alejándose con Sekhmet, los Shitennou abandonaron el laboratorio y, poco a poco, igualmente hicieron los científicos Reploids. Sólo Sergeus se quedó solo. Se sentó de nuevo y sacó su ordenador portátil. Estuvo trabajando con él durante unos momentos, luego apagó el ordenador y se fue del laboratorio.

"Ella no merece ser una soldado, no es una máquina sin corazón. Aún le queda mucho por aprender, pero espero que, a medida que madure, pueda elegir su propio camino en la vida y ser feliz. Nadie necesita violencia para sobrevivir en este mundo."

4 comentarios:

Hîthwen Fëadür dijo...

Wooo, a ver que pasa después con Sekhmet y el doctor, me pica la curiosidad :p

Mirian_Deed dijo...

ya sabía yo que saldría Leviathan tarde o temprano XDDDD

Ozanu dijo...

Hum, apunta alto...
Ya veo que los Megaman tienen su propia mitología.
Lo que me recuerda que yo tengo mi propio fic de Silent Hill recién empezado XD.

Fëadraug dijo...

Sólo puedo agradeceros mucho que, al menos, parezca que la cosa va a estar bien... aunque sea sólo en apariencia. ^^U

Bien, como estaré de viaje hasta el sábado, ya está puesto el segundo capítulo. Para el domingo o el lunes, el tercero. :P